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Reportaje:

Siete pieles para el zapato más grande

El industrial ilicitano Jesús Cánovas logra el récord Guinness con un calzado del número 525 y otro del 8

El zapatero Jesús Cánovas, que entre sus clientes cuenta con el Rey y Julio Iglesias, ha pasado al meritorio club del Guinness con dos premios. Para conseguirlos, este industrial ilicitano dedicó dos meses de verano a construir el zapato a escala más grande del mundo y también el más pequeño. Aunque hubiera alguien que llevara la cruz de tener el pie más grande y el más pequeño del mundo, esta deformidad no sería suficiente para portar este par: ambos zapatos son del pie izquierdo. Los dos ejemplares, realizados como si fueran a ser utilizados, descansan en el Museo Nacional del Calzado en Elda.

Cánovas destacó el "esfuerzo humano de más de 80 personas para la realización del zapato más grande del mundo, que pide 3,61 metros, 1,5 metros de ancho y 1,61 de alto y que bate el récord de los turcos, que construyeron uno de 3,15 metros". Este zapato ha sido confeccionado a escala homologada y supondría un número 525 en el patrón europeo si se comercializara en las

más de moda de París.

La horma, según Cánovas, se tomó de un modelo del número 41 y fueron necesarias más de 250 piezas para su creación.Todo el zapato está hecho a escala real, lo que ha creado algún problema de logística.

El curtidor de las pieles usadas bien sabe de ellos, puesto que por mucho que buscó no hubo en prado alguno vaca de este tamaño. Al final, para la confección del zapato gigante fueron necesarias la piel de siete bovinos. El curtidor tuvo que esmerarse para trabajar las pieles enteras, en las tres piezas que componen la forma del zapato. La piel de cinco de los animales fue utilizada para el corte y otras dos para la creación del piso, la suela. Posteriormente, el "cosido fue invertido, como los zapatos de la mejor calidad, para que no se vieran las puntadas", indica Cánovas.

La suela también está hecha a medida y los cordones de ocho metros fueron elaborados como si se crearan para unos zapatos del número 41 de toda la vida; todo está pensado para que el zapato pueda cumplir con su función, la de permitir caminar. "Lo más difícil fue el montaje, en el que participaron unas ocho personas. Tuvimos que ensamblar el zapato en la suela de una vez, sin que se produjeran bolsas de aire", explicó. Para ello fueron necesarios más de 80 litros de cola y más de 60 días de trabajo, "lo que también supone un nuevo récord, ya que el anterior tardó 13 meses en ser terminado".

El equipo se vio tan sobrado de tiempo que Cánovas decidió ponerse a trabajar a la vez en el zapato más pequeño del mundo. Se trata de un número 8, que mide seis centímetros de largo, 2,5 centímetros de ancho y otros dos de alto. Este mismo zapato está confeccionado igual que su hermano mayor y constituye la pareja desigual del zapato gigante, con la misma piel de las siete vacas. La empresa de Cánovas, que también trabaja para calzar a gente de diferentes alturas, como Fernando Romay o a los miembros de la Casa Real de Mónaco, promete nuevas sorpresas: problemas de financiación no hay.

El valor estimado de este par de zapatos si estuviera en el mercado sería de unos 36.000 euros. "Pero el trabajo que hemos realizado no se puede calcular en dinero, puesto que aquí trabajamos por amor al arte" y en honor a San Guinness Remendón.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de junio de 2003