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Crónica:FÚTBOL | Final de la Liga de Campeones

El Milan reconquista la Copa

El equipo de Ancelotti, más entonado que el Juventus, gana en los panaltis su sexto título tras un espeso partido

Como no podía ser de otra manera, la primera cita entre dos equipos italianos en un duelo de relumbrón concluyó con las redes intactas. Por tercera vez en las 49 finales disputadas, la Copa de Europa se tuvo resolver en los penaltis. La única forma de inclinar un duelo empachoso, de pierna fuerte y mucho músculo. Con el Juventus limitado a poner las correas a su rival, el Milan, más apuesto, se sintió estrangulado. De nada le sirvió su mayor sutileza, su mejor gusto durante algunos tramos del partido. Finalmente acabó sometido, enredado en la misma telaraña que su enemigo que le tiró ortigas por todo Old Trafford, le arrastró a la prórroga y luego se encomendó a Bufón, que este curso había detenido cuatro penaltis en la liga italiana. Esta vez, a la "Juve" le salió el tiro por la culata. Tanto apostar por una sola carta, le saló rana. Se dio de bruces con uno de esos misterios del fútbol: Dida, un portero tan discutido entres sus feligreses, tanto escaso de condiciones, tuvo su noche de gloria. Hizo de Buffon y descuartizó el sueño juventino. De alguna forma, el emergente Dida hizo justicia a una final tan pastosa, en la que el Milan fue el menos italiano desde el comienzo.

JUVENTUS 0 - MILAN 0

Juventus: Buffon; Thuram, Ferrara, Tudor Birindelli, m. 40), Montero; Zambrotta, Tachinardi, Davids (Zalayeta, m. 65); Camoranesi (Conte, m. 46); Trezeguet y Del Piero.

Milan: Dida; Costacurta (Roque Junior, m. 65), Nesta Maldini, Kaladze; Gattuso, Pirlo (Serginho, m. 70), Seedorf; Rui Costa (Ambrosini, m. 89); Shevchenko e Inzaghi.

Árbitro: Markus Merk (Alemania). Amonestó a Tacchinardi, Costacurta y Del Piero.

Lleno en Old Trafford, el campo del Manchester United, 68.000 espectadores. En los penaltis, Dida paró a Trezeguet, Serginho marcó, Birindelli también, Buffon paró a Seedorf, Dida paró a Zalayeta, Buffon paró a Kaladze, Dida paró a Montero, Nesta marcó, Del Piero también y Shevchenko, que igualmente transformó, dio el sexto título al Milan, 3-2.

El frenesí inicial del Milan se vio sesgado de cuajo por el árbitro y Buffon. El primero dio la razón a uno de sus asistentes y anuló un gol de Shevchenko que los juventinos no habían protestado. Luego, el portero de la "Juve" arañó con su mano izquierda un buen cabezazo de Inzaghi. Ahí se frenó el Milan, que había mostrado hasta entonces mayor apetito que su vecino y mejor orden táctico. El equipo de Lippi tardó lo suyo en descorchar el duelo. Al igual que su colega milanista, el técnico del Juventus tejió un equipo con cuatro centrales en línea, un remiendo muy italiano, país donde los defensas siempre tienen acomodo y muy pocos terminan en el paro. Pero al contrario que el Milan, la ausencia de Nedved hizo muy previsible al conjunto turinés, que nunca tuvo un jugador que flotara entre las líneas enemigas. El grupo de Ancelotti, sí. Rui Costa y Seedorf tenían como punto de partida las orillas, pero su destino siempre era el balcón del área, donde Inzaghi y Shevchenko hacían muchas veces de simples señuelos. A cada diagonal que tiraban los dos centrocampistas del Milan, a su enemigo se le abría un boquete considerable. Desaparecido Camoranesi y con Del Piero y Trezeguet a la intemperie, la escuadra de Lippi se vio agrietada también para dar carrete a su ataque. Algo que nunca ha preocupado en exceso a equipos como el Juventus, satisfechos siempre que su portería no haya sido agujereada.

El único punto de desahogo que encontraron los juventinos fue el costado izquierdo, por donde Zambrotta hizo más de un nudo a Costacurta. Poco a poco el partido se despeñó como quería el Juventus. Para fortuna de la muchachada de Lippi, llegaron los momentos álgidos de Gattuso, que, sin riendas y a lo loco, restó protagonismo a Pirlo y Rui Costa. Trezeguet, por fin pudo rematar una vez, Davids se descolgó de la zona industrial y Del Piero dio señales de vida. Con la batalla igualada, el técnico del Juventus cambió el traje a su equipo. Rectificó. Primero al dar vida a un lateral puro, Birindelli; luego, al retirar al invisible Camoranesi a favor del veterano Conte y aparcar a Davids en la vía izquierda. Recién aparecido, Conte dejó una señal: irrumpió por sorpresa en las cercanías de Dida y le dejó la escuadra tiritando tras un poderoso remate de cabeza. Pero el prometedor trastoque de Lippi sólo fue un espejismo. El paso del reloj fue italianizando el partido, que se trabó de mala manera. En ello tuvo mucho que ver el Juventus, con un perfil más eléctrico, poco contemplativo con la pelota. Además, la baja de Nedved le hizo supeditar su destino a la capacidad de aguante en la trinchera, una guarida en la que Ferrara, Montero y Thuram son generales.

Fue a partir del balón como el Milan abrochó algo mejor el partido, recuperó un poco de chispa y de nuevo se puso otra vez, como al principio, un peldaño por encima. En búsqueda de un nuevo remedio, Lippi retrasó a Del Piero. La "Juve" precisaba con urgencia un golpe de imaginación, alguien que encendiera la mecha. En definitiva, un jugador que hiciera de Nedved. Pero el Juventus no anda sobrado de talento, al revés que el Milan, que tiene la nómina repleta, aunque no siempre Ancelotti elija esa vía. Como ya hiciera al principio de curso, anoche decidió jugársela con algo de púrpura, con los más aventajados sobre el campo, a excepción de Rivaldo, que apenas se entrenó de víspera y ni siquiera calentó antes del choque. A la vista de la resistencia juventina, capaz de indigestar a cualquera, finalmente el Milan entregó los galones a Gattuso y Ambrosini, con lo que el encuentro derivó a la noria de la prórroga, para gozo juventino, un equipo al que no le inquieta un rábano verse a rebufo; más bien disfruta con la angustia, a la espera de rematar la faena con algún cabo suelto del rival. Le falló la apuesta y fue el Milan quien levantó la décima Copa italiana, tantas como adornan al fútbol español. Eso sí, con otro método.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 29 de mayo de 2003