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Reportaje:UN PAÍS DE CINE / DVD | 'Del rosa... al amarillo'

Summers salta al ruedo

EL PAÍS ofrece en su colección de cine español 'Del rosa... al amarillo'

Del rosa... al amarillo (1963), filme que podrá comprar mañana, domingo, por 1,95 euros quien adquiera EL PAÍS, fue el primer largometraje de Manuel Summers, y en él se encierran las claves de su filmografía más querida: la ternura y el humor. Los dos mediometrajes que conforman la película, y que se corresponden con los colores del título, describen la historia de amor de unos adolescentes de 12 y 13 años y la de dos ancianos en un asilo. El éxito de público y de crítica fue sorprendente. Un año después rodaba su segunda comedia, La niña de luto, donde insistía en su peculiar humor negro, una visión de la que ya había dejado numerosas pruebas en otra de las facetas que no abandonaría a lo largo de su vida: el humor gráfico.

"Viendo un día una corrida de toros me di cuenta de que los espontáneos se tiraban a la plaza para que les viera el señor del puro, pero que sólo tenían la oportunidad de dar dos pases porque enseguida aparecía un subalterno y se los llevaba para la comisaría. Comprendí entonces que lo que yo tenía que hacer era intentar dar sólo dos pases: no podía hacer una película cara". Así explicaba Manuel Summers las aparentes pocas ambiciones de su primera película, Del rosa... al amarillo: "Eran dos historias de amor, una entre niños y otra entre viejos... que rodé por separado por si me quedaba sin dinero". Al principio, el proyecto abarcaba tres historias, pero la segunda se alargó tanto en el guión que le sirvió de base a Summers para su película siguiente, La niña de luto.

"Un verdadero nuevo director de nuestro cine que posee una enorme sensibilidad"

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Estamos en 1963, año en que aparecieron 46 nuevos directores en el cine español (entre ellos, Mario Camus, José Luis Borau, Francisco Regueiro, Antonio Mercero...), animados por la nueva política ministerial de García Escudero, que apoyaba el "nuevo cine español" de los jóvenes diplomados en la Escuela Oficial de Cinematografía. También fue el año en que mostraron su talento grandes veteranos, como Luis García Berlanga (El verdugo), Juan Antonio Bardem (Nunca pasa nada) o Fernando Fernán-Gómez (El mundo sigue), es decir, aquél fue un año de eclosión creativa en el cine español, algo insólito hasta entonces.

Manuel Summers no se sentía partícipe de movimiento colectivo alguno. Desde la independencia de su ya para entonces aplaudido humorismo gráfico, dijo entender el cine como un juego ("a mí me gusta jugar a todo: jugar a hacer cine, jugar a escribir guiones, jugar a dibujar chistes, jugar a tocar la guitarra..."), embarcándose en la aventura de su primer largometraje con la ayuda de amigos para los que también Del rosa... al amarillo supuso su primera experiencia en el cine profesional.

Este supuesto "juego" se convirtió en un gran éxito cuando la película fue presentada en el Festival de San Sebastián ("la primera vez que el cine español estuvo representado dignamente y con originalidad en el festival", según el historiador José Luis Tuduri). Manuel Summers fue saludado allí como "un verdadero nuevo director de nuestro cine, que posee una enorme sensibilidad para captar detalles mínimos y convertirlos en significativos", como escribió Jesús García de Dueñas en la revista Nuestro Cine, entusiasmo compartido por el jurado internacional, que concedió a Summers la Concha de Plata "por la sensibilidad demostrada en la dirección de actores no profesionales", además de la Perla del Cantábrico del concurso hispanoamericano, el Premio Revelación a los intérpretes de los papeles principales (Cristina Galbó, Pedro Díez del Corral y los ancianos Lina Onesti y José Vicente Cerrudo) y también una mención especial de la Federación Nacional de Cine-Clubes...

A juicio de Juan Miguel Lamet, uno de los productores de la película, el triunfo en el Festival de San Sebastián, "más que el premio a un trabajo concreto, más que el éxito colectivo de quienes acabábamos de llegar y besar el santo, fue considerado como el banderín de enganche de todos los jóvenes que amaban platónicamente el cine". Que Del rosa... al amarillo hubiera combinado el éxito popular con la dignidad artística, la convirtió en paradigma.

Al cabo de los años no han desmayado las opiniones positivas. Emilio García Fernández considera que Del rosa... al amarillo "no deja de ser un análisis de la sociedad de la época, una revisión de los valores familiares e institucionales que gravitan en torno a la vida de dos parejas". Además, "la ternura que aflora a lo largo de la película de Summers permite que su crítica sea original: equilibra con gran acierto el humor y la ironía", dando la impresión de "que se trata más de una obra de madurez que de una ópera prima". Por su parte, Ángel Fernández-Santos ha comentado que estos "dos mediometrajes -Summers es un maestro de las formas cortas- son antológicos, están llenos de imágenes inundadas de una ironía y una ternura inolvidables. Son pequeñas joyas del cine de amor que, juntas, hacen una joya mayor del cine español".

Dos historias: la de Guillermo, doce años, "un niño soñador y aprendiz de poeta" enamorado de Margarita, que ya tiene trece... Y la de Valentín, anciano en un asilo, que escribe cartas de amor a Josefa, de su edad: "Josefa de mi vida, mi vida sentimental nace en ti...". "Querido Valentín, no sé qué hacer, porque yo nunca tuve novio...". Juan Miguel Lamet ha contado que, "aunque cada una de las dos historias tiene su peculiar argumento, no son dos sketches, sino una misma parábola imbuida del fatalismo, cien por cien andaluz, del que Summers solía hacer gala en su propia actitud privada hacia el amor. 'Desengáñate', solía decirme, 'los hombres estamos condenados a perder'. Un hilo tan sencillo le bastó a Summers para expresarse como el niño/anciano que fue siempre, tierno, inocente, perspicaz y burlón".

Y en resumen, tal como señaló Emilio García, "Del rosa... al amarillo es una de las películas más interesantes de la época por su abierta sinceridad, pasión y sencillez, documento vivo de un periodo de nuestra historia social al que es bueno acudir siempre con una sonrisa abierta con el fin de comprender mejor el porqué de muchas cosas y situaciones".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 17 de mayo de 2003