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Reportaje:

La familia y la muerte

Diálogos brillantes en un escenario fúnebre avalan la nueva serie estadounidense de La 2 'A dos metros bajo tierra'

En televisión, la muerte se contempla habitualmente como un percance al que parecen ser más proclives los personajes incómodos. Los buenos se mueren como culminación de su bonhomía y los malos perecen con cierto carácter justiciero. Six Feet Under, la serie que el próximo martes estrena La 2 (23.30) -en España se titula A dos metros bajo tierra -, salta por encima de la vida para que la muerte sea protagonista. Lo consigue magistralmente a través del relato diario de una familia oscura, peculiar y, por encima de todo, acostumbrada a la muerte. La producción acumula los mejores premios y las mejores críticas de los últimos años.

Six Feet Under es una joya televisiva que existe en parte gracias a la decadencia del cine. Alan Ball, guionista de American Beauty, escogió continuar su carrera en la televisión porque la industria del cine le imponía demasiados preceptos. Hollywood exige unas pautas comerciales que en la televisión de pago de Estados Unidos desaparecen por completo. Por eso algunos de los mejores productos audiovisuales de los últimos años, como Los Soprano o Six Feet Under, nacen en la televisión y proporcionan un nivel consistente de calidad que el cine estadounidense actual sólo ofrece de manera esporádica.

Dirigida por Alan Ball, ha recibido en EE UU las mejores críticas de los últimos años

Ball ha construido un mundo familiar que le permite asentar el concepto de la muerte en un lugar situado entre Urgencias y CSI, que sólo presentan el antes o el después de la muerte saltando por encima de su significado. Ofrece una descripción mortuoria de la vida, pero al mismo tiempo intenta demostrar que la única dignidad de la muerte es la que pueda encontrarse en el tiempo vivido.

Con diálogos brillantes y formato de culebrón familiar, Alan Ball pone en la mesa del comedor de los Fisher conceptos tan embarazosos para discutirlos en la cena como la homosexualidad, el adulterio, la paternidad o los conflictos generacionales.

La serie narra el día a día en el interior de la Fisher & Sons Funeral Home, la empresa funeraria que regenta la familia en las afueras de Los Ángeles. Los hijos han crecido acostumbrados a jugar en el quicio de la puerta del sótano que da paso a una especia de morgue doméstica donde Federico, artista del retoque fúnebre, embalsama los cadáveres. Los Fisher hacen vida en el piso de arriba, porque la planta baja está reservada para los velatorios.

En ese marco fúnebre, el espectador puede pensar que los personajes que contempla son seres acostumbrados a la muerte. Los primeros minutos del primer episodio de la serie demuestra lo contrario: un acontecimiento inesperado y estúpido hace que los Fisher pongan, por fin, un nombre y una cara a la muerte. A partir de ahí, la serie describe cómo cada uno de los protagonistas -y todos lo son- se enfrenta a su propia fecha de caducidad. La madre lo hace con el redescubrimiento de su propia sexualidad; los hijos escogen enfrentarse al resto de sus vidas sin lamentarse del tiempo pasado. Todos muestran un grado mayor o menor de represión; todos proporcionan al espectador una reflexión sobre miedos íntimos y pecados ocultos.

Los Fisher tienen que enfrentarse a sus conflictos más íntimos (su miedo a salir del armario, sus odios familiares, sus enfermedades) mientras consuelan vestidos de negro a las familias de sus clientes. Entre las virtudes de la serie está también la de lograr que algunas escenas sean incómodas de contemplar, no porque tengan elementos mórbidos o explícitos, sino porque plantean debates interiores inéditos en la televisión.

Six Feet Under abre cada episodio con una secuencia inicial que intenta demostrar lo anónima e irrelevante que es la muerte cuando el protagonista no es uno mismo o alguien cercano. En uno de los capítulos de la primera temporada, una mujer que toma el sol junto a su piscina se muere por el impacto en la cabeza de una pelota de golf que vuela desde un campo cercano. Su cadáver pasa a ser un simple cliente en la empresa funeraria, metido en una bolsa de plástico en la mesa del sótano. Aunque el incidente recuerda al espectador algo que ya conoce -que todos vamos a morir-, Six Feet Under acaba convirtiéndolo en una celebración de la vida que existe alrededor de ese cuerpo inerte, todo porque la familia Fisher es tan grotesca como maravillosamente compleja.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de mayo de 2003