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Reportaje:MÚSICA

'El amor brujo' en una esfera

El Festival Eclèctic, que se celebra en la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, se abre el próximo día 10 con El amor brujo, una producción que funde la obra de Falla con las videoproyecciones de Lorenzo Cutùli sobre L'Hemisfèric. La cantaora Carmen Linares pondrá su voz ante la Orquesta Sinfónica de Valencia, dirigida por Joan Cerveró.

El estreno de El amor brujo, el 15 de abril de 1915 en el teatro Lara, de Madrid, fue en gran medida, un fracaso. La obra no le gustó ni al público ni a los intelectuales ni a la crítica, según relata Jaime Pahissa en su célebre biografía de Falla. "Toda la crítica fue mala. Tachaban a la música de no tener carácter español. Aunque eso apenó a Falla, se sentía satisfecho de que los gitanos en escena sentían esa música como cosa propia y la escuchaban embelesados".

La obra surgió de una sugerencia de la bailaora Pastora Imperio, una de las más famosas del momento, que le pidió al dramaturgo Martínez Sierra y éste al maestro Falla que le escribieran una canción y un baile. Ambos se reunieron una tarde con la bailarina y su madre, Rosario La Mejorana, pero fue esta última la que les hizo escuchar soleares, seguiriyas, polos y martinetes, de los cuales Falla captó "la almendrilla", como celebró la propia Mejorana. El compositor se entusiasmó y compuso ese drama de amor, magia y espectros que es El amor brujo, presa de una fiebre creativa que lo poseyó entre noviembre y abril.

"La versión de 1915 se hizo con los mínimos elementos, para un teatro donde solía actuar la Argentinita, el mito erótico de la época", relata Joan Cerveró. "Luego mejoró la obra, la coloreó. Falla no buscaba la modernidad sino la excelencia, la perfección. En cuanto al sonido prefería lo más austero, y no me refiero a la pobreza de medios sino a su interés por ir a lo esencial, el vigor de la sencillez. Un momento para España en que era importante no perder las raíces, después de la pérdida de Filipinas se iba en busca del sentido de lo español. Afortunadamente tuvimos un genio de la talla de Manuel de Falla que fue capaz de encontrarlo", dice el director.

Carmen Linares ha interpretado a lo largo de su carrera El amor brujo, de Manuel de Falla, en muchas ocasiones, varias de ellas con Joan Cerveró en ambas versiones. Para el director trabajar con Carmen Linares es una satisfacción. "He trabajado con varias cantaoras, pero Carmen Linares tiene un don especial, el de la humildad", dice él. "No busca el exhibicionismo ni hace este tipo de colaboraciones para meterse en otros terrenos y destacar profesionalmente. Ella es capaz de entrar sin hacer ruido en el mundo clásico, haciendo lo que sabe". Linares es una cantaora que no pierde su esencia al enclavar su voz y su cante en una orquestación clásica. "No hay que perder espontaneidad, eso siempre", afirma.

"El proyecto nace de la idea de ofrecer una visión de El amor brujo a través de la participación de una cantaora y las imágenes proyectadas", explica Joan Cerveró quien, como compositor, ha escrito música escénica. "La música tiene sus normas y las imágenes también. Mc Luhan decía que la vista es la continuación del oído. Es más rápido el efecto del sonido que el de la mirada".

"El arte de Falla se basa en

una composición exacta y minuciosa que contrasta con el arte primitivo e innato de Carmen Linares. En lo musical partimos de la partitura original junto a la contaminación tecnológica que proporcionan los vídeos de Lorenzo Cutùli". El escenógrafo italiano ha colaborado en montajes dirigidos por Claudio Abbado, Luca Ronconi o Lindsay Kemp.

Manuel de Falla fue un gran admirador del cante jondo y un gran impulsor del flamenco. "Él supo que el flamenco es un arte de grandísima calidad. Aunque no pertenecía a ese mundo, supo captar la esencia y lo llevó a su música", observa Linares. Y Cerveró apunta: "Falla tiene una obra reducida, pero toda ella tiene un grado de depuración y perfeccionismo que imposibilita el que no esté cargada de intenciones". El programa del día 10 incluye la suite número 1 de El sombrero de tres picos y siete canciones populares españolas, además de El amor brujo.

Verdadero eclecticismo

LOS ESPECTÁCULOS de la segunda edición del Eclèctic, entre el 10 de mayo y el 7 de junio, están unidos sólo por el espíritu de la renovación. Cielos del mundo, que se desarrollará en tres fechas, presenta las voces de Myôka, de Japón (15 de mayo); Yang Du Tso, del Tíbet (20 de mayo), y Ludmila Carpio, de Bolivia (28 de mayo). Tres mujeres que elevan las músicas tradicionales de sus países a verdaderos firmamentos espirituales. El vuelo de los ángeles , pese a su nombre, es un espectáculo mucho más terreno aunque lleno de fantasía, a cargo del Circo da Madrugada, de Brasil, y el Théâtre Oère. De una gran estructura metálica en forma de araña descienden una cohorte de ángeles transformados en bailarines de hip-hop, acróbatas, clowns y músicos en un carrusel aéreo (17 de mayo).
La islandesa Björk, uno de los mitos del pop de calidad, inicia su gira europea en este festival el 30 de mayo con un concierto en el que revisará su trayectoria. Cierra el festival un día entero con brujas, adivinas y demonios. Habrá un mercado esotérico, una cantina del fuego eterno y una hoguera para el aquelarre, que se cierra con las actuaciones de Carlos Núñez y Kepa Junquera. Todos los espectáculos son gratuitos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de mayo de 2003

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