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El gibraltareño Trino Cruz reúne dos décadas de su mejor poesía

El poeta Trino Cruz nació en Gibraltar en 1960. Estudió en Liverpool y Londres antes de regresar a su ciudad de nacimiento. Hasta ese instante, su formación era evidentemente anglosajona. Pero en aquel año de 1983, el de su regreso a casa, le esperaba un nuevo horizonte. "La frontera estaba abierta, y entré en contacto con escritores de la zona, como Juan José Téllez. Fui invitado al homenaje a Alberti y vi publicados mis primeros poemas. Hasta ese momento yo escribía en inglés, pero ya no he vuelto a hacerlo, no podría ahora", recuerda Cruz.

Esa fecha marca el principio de Rihla (Poemas, 1983-2002), una antología de su mejor poesía -en cuya bibliografía cabe destacar Lecturas del espacio profanado, premio Antología, y Como la mirada que ha de pervertir este espejo- que acaba de editar en San Roque la colección Abalorios de la Fundación Ortega Brú. "Ha sido un proceso bastante sencillo de selección, sólo he tenido que reunir textos que presentaban una unidad para mi. He querido plasmar una muestra breve pero intensa de estos años de lecturas y vivencias", comenta.

Prologado por el poeta y novelista José Manuel Caballero Bonald, el título Rihla alude "al viaje, pero, al mismo tiempo, quiere ser un homenaje a la cultura árabe; al privilegio que he tenido de acceder al espacio marroquí y especialmente el tangerino", asegura el poeta.

Panarabismo

Desde hace ya varios años Trino Cruz viene divulgando la poesía magrebí a través de continuos viajes a uno y otro lado del Estrecho, y traducciones de autores como Adonis o el iraquí Saadi Yousef. "Hay un panarabismo muy claro en Marruecos, los escritores están en contacto con otros en su misma lengua que viven en Siria, o en París. Mi inclinación hacia esta lengua no ha sido premeditada, para mí es un alimento casi cotidiano, un compromiso personal".

Cruz no descarta dar un tercer salto en su lenguaje poético algún día: "Sería un sueño poder llegar a dominar ese bellísimo lenguaje, pero se me escapa. De momento, disfruto de él como un complemento de las culturas anglosajona, francesa e hispana que yo tenía", apostilla el escritor.

Trino Cruz agradece todas estas influencias benéficas al espacio en el que vive, una encrucijada de tradiciones y lenguas: "Gibraltar es para mí ante todo una experiencia individual que me permite tener una pasión sin fondo y albergar muchas esperanzas. Frecuento a gente ansiosa por mover ideas y llevar a cabo proyectos fascinantes".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 9 de abril de 2003