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Necrológica:

Moisés García García, catedrático

Si Moisés García hubiera tenido energías estos últimos meses se hubiera exasperado hasta la saciedad ante el espectáculo belicistas que nos embarga y acongoja. Porque ante todo, por encima de su coraje racionalista, de su espíritu científico, como él gustaba de pavonearse jocosamente ante los amigos, era un hombre profundamente moral, ético incluso en sus comportamientos más espontáneos. Y él, como muchos otros economistas, entendía que la guerra, que esta guerra que estamos sufriendo, no podía tener justificación ni económica ni política, porque por encima de todo ello está la moral y, en el decir de Fernando Savater, los objetivos éticos traspolíticos, la dignidad, la autonomía y la inviolabilidad de las personas, que trascienden a cualesquiera otra consideración, cuando de entablar relaciones sociales se trata. Desgraciadamente, el maldito tumor, como él solía llamar a la enfermedad que desde hace año y medio le venía minando sus energías, no nos ha permitido profundizar mucho más en estas sus consideraciones, siempre desde su perspectiva de científico social, que tan a gala tenía de manifestar.

Moisés García llego a la contabilidad por derivada, ya que él, como muchas veces nos comentaba a sus amigos y discípulos, se consideraba economista, en el sentido más humano de la profesión. Por eso, en numerosas ocasiones, expresaba su insatisfacción por el dogmatismo del mercado, de la doctrina mercantil del discurso oficial vigente en el mundo académico y no académico de la economía. Uno de los últimos textos que tuvimos ocasión de comentar, un prólogo de José Luis Sampedro a un libro coordinado por el profesor Diego Guerrero, lo expresa con palabras incluso tiernas, que a Moisés le gustaban en especial. Decía el profesor Sampedro: "La economía oficial vigente es algo absolutamente inaceptable. No quiero decir con esto que todo lo que dice no es verdad: dice muchas cosas que son verdad, pero no son suficiente verdad. Y, además, está teñido por creencias que son totalmente anacrónicas". Y Moisés siempre nos recordaba cómo la doctrina económica neoclásica olvidaba en sus fundamentos que el mercado en última instancia es un pacto, el "pacto de comercio", como él lo denominaba, que requiere de normas e instituciones que hagan creíble lo pactado.

Por eso no concebía la contabilidad como un conjunto de técnicas, sino como una forma de entender el funcionamiento de las relaciones económicas y, a partir de ahí, de medir los flujos de tipo por los que fluye la savia de las relaciones económicas.

Fue el padre del Análisis circulatorio y de la Contabilidad basada en el análisis de la circulación económica, teorías adelantadas más de 20 años a su tiempo y que de no haberse apellidado García, le hubieran supuesto un mayor reconocimiento internacional del que ya tiene. Teorías rigurosas y científicas basadas en un conocimiento profundo de la economía, que ofrecen herramientas útiles en Contabilidad pública, Analítica, Financiera, Nacional, Diseño de sistemas de información... y un largo etcétera que él siempre entendió como un servicio a la sociedad. Su última investigación, en la que trabajaba estos días, es una descripción detallada de las "patologías de los sistemas económicos", analizando en uno de sus magistrales modelos de contabilidad nacional las causas de los graves problemas económicos mundiales.

Esta forma innovadora de entender la economía nos la ha dejado plasmada en su más reciente publicación, Análisis de la circulación económica, donde refleja esta forma de concebir, entender y valorar críticamente la contabilidad.

Y, como no podía ser de otro modo junto a esa mente ordenada bajo los principios más puros del racionalismo que acompaña al pensamiento científico, el profesor García nos deleitaba con una vasta cultura, que él prefería concentrar en una intensa sensibilidad musical. De ello sabe mucho el profesor Peris, maestro de maestros musicales de la Universidad Autónoma de Madrid, con quien compartió no sólo audiciones, sino largas tertulias sobre Mozart o Beethoven.

Hemos perdido a un gran investigador de la economía, a un excelente académico, pero sobre todo a un compañero de viaje, optimista, en el sentido más gramsciano del término, hasta donde se puede ser y, sobre todo, humano. Moisés, seguimos en la dialéctica de la amistad y el debate académico.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 27 de marzo de 2003