Crítica:ÉTNICA
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

Entoldado africano

A ambos lados de la orquesta senegalesa con nombre de árbol centenario se sitúan los dos instrumentistas de mayor solera: Barthélémy Attiso, que se ha desentendido de su despacho de abogado, y cuya guitarra con alma de blues oscila entre punteos electrizantes, arpegios más melódicos y algún apunte atmosférico, e Issa Cissokho, con su melancólico saxo tenor. Ellos son el eje de la Baobab, junto a los melifluos cantantes.

A partir de los años cuarenta, los ritmos cubanos desembarcaron en las costas occidentales de África y se propagaron hacia las ciudades del interior del continente. Sones, rumbas, mambos y chachachás sonaban, hasta bien entrados los setenta, en clubes como el Miami o el Don Camilo. La Baobab es un valioso vestigio de aquellos tiempos coloniales y de balbuceantes independencias, en los que muchos africanos/as bailaban con los discos de la Aragón de Cienfuegos o la Broadway de Nueva York, y hasta chapurreaban algo de español intentando cantar los números de Pancho el Bravo.

Orquesta Baobab

Barthélémy Attisso (guitarra solista), Mouhamed Ben Geloune (guitarra rítmica), Charles Ndiaye (bajo), Moussa Sidibe (congas), Issa Cissokho y Seydou Koite (saxo), Mamadou Koite (batería), Assane Mboup, Ndiouga Dieng y Rodolphe Gomis (cantantes). Sala Caracol. Madrid, 12 de marzo.

Nadie pensaba volver a verles sobre un escenario cuando en 1987 los músicos de la Baobab cerraron el negocio en Dakar. Y parece mentira que hayan pasado tres lustros en el dique seco, porque tocan y cantan con la facilidad juguetona de entonces: la antológica Utru horas -una de las baladas africanas más escalofriantes que se hayan grabado-, la pegadiza On verra ça o ese lamento que es Dée moo wóor, en el que Ndiouga Dieng recuerda la muerte de su padre. Con la rumba siempre en el aire. La orquesta panafricana continúa cultivando ese delicado híbrido afrolatino, deliciosamente kitsch, mezcla de soukous congoleño, high life nigeriano, rhythm and blues, reggae y estilos de la región de Casamance, que transmite el ingenuo optimismo de otra época.

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