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Crítica:CRÍTICA | CLÁSICA

Noche y Día

El recital de Felicity Lott se configuró bajo el epígrafe de Noche y Día. Se añadía luego: "Canciones de amor mientras corre el reloj". Por lo tanto, las obras escogidas iban a reflejar las distintas luces que pueden envolver al amor desde el alba hasta la noche. La soprano inglesa puso veinticuatro autores sobre el tapete, bebió en fuentes muy diversas (desde el Lied hasta la opereta), cantó en tres idiomas diferentes y se movió en un ámbito cronológico que va desde mediados del XIX hasta el primer tercio del XX. La selección final resultó coherente, a pesar de todas esas disparidades. Con ello se apuntaba ya un primer tanto a su favor.

El segundo -y el más importante- le vino dado por el "saber hacer". Lott no sólo canta bien, sino que "dice" bien, lo cual, en el fondo, es casi lo mismo. Tiene cuidado con las palabras, tanto en lo que se refiere al significado como a la dicción, y eso sucede en todos los idiomas que maneja. Cuida también la atmósfera específica de cada obra, vertiéndolas todas con una delicadeza que cautiva al oyente. Es cierto, sin embargo, que sus maneras y su aspecto -quizás excesivamente británicos- pueden dificultarle el contacto con nuestro público. En cuanto al repertorio, resulta evidente que se mueve con comodidad -estilísticamente hablando- en el ámbito escogido para el recital, aunque le falte un punto de picardía a la hora de abordar los pentagramas más ligeros.

Ciclo de Lied

Felicity Lott, soprano. Malcolm Martineau, piano. Obras de Peel, Ravel, Mahler, Bizet, Nick, Berlioz, Debussy, Vaughan Williams, Strauss y otros. Palau de la Música. Valencia, 5 de marzo de 2003.

La valoración de su instrumento, sobre todo en la etapa actual, sería ya más discutible. El agudo de esta soprano siempre ha carecido del esmalte que posee en la zona central, pero el tiempo ha agudizado sobremanera este problema. Hoy nos encontramos con una franja superior muy destimbrada, frágil y -algunas veces- prácticamente estrangulada. La técnica y el gusto no consiguen paliar esos problemas objetivos. Sólo cuando, con la voz ya caliente, aborda obras sin muchos requerimientos en el agudo (Silent Noon, de Vaughan Williams, Warum soll eine Frau kein Verhältnis haben?, de Oscar Straus y, sobre todo, Je chaint la nuit, de Maurice Yvain) nos encontramos, de nuevo, con la gran cantante que ha sido.

Inteligencia

La última obra programada fue Night and Day, de Cole Porter, en una versión planteada, con mucha inteligencia, desde su propio terreno: para nada quiso entrar en el ámbito jazzístico donde ha sido tan brillantemente explotado. Los bises se iniciaron con una canción de la opereta El Mikado (de Gilbert y Sullivan), pasaron por la Serenata de Gounod y concluyeron con Beim Schlafengehen, de los cuatro últimos Lieder de Strauss. Aquí se volvió a plasmar el viejo dicho de "quien tuvo, retuvo". Porque, a pesar de los problemas, a pesar de un declive excesivamente prematuro de la voz, a pesar de las desigualdades de registro y a pesar de todos los pesares, la inglesa provocó en el público una sacudida tal que quedaron olvidados, casi por decreto, los cuestiones de vibrato, de fracturas... y de cualquier otra minucia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 8 de marzo de 2003