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Crítica:LA LIDIA | LEGANÉS

Torería de César Jiménez

El fin de semana asistimos en Leganés a un mano a mano de cartel muy estimulante. Un duelo torero que ganó de manera indiscutible un joven espada que se llama César Jiménez, quien fue en volandas por la puerta grande de La Cubierta, tras cortar cuatro orejas por derecho propio. Una actuación plena de avanzada torería.

La corrida no fue un dechado de casta, pero resultó manejable, dejó desarrollar a cada cual sus fundamentos. Aunque en el sorteo la balanza fuera más desfavorable para José Miguel Arroyo, Joselito.

En su primero, Joselito dio algún lance suelto en el saludo, y después no acertó a resolver las dificultades del torillo rebrincón. Hizo concebir algunas esperanzas cuando recibió a su segundo por verónicas que, una aquí y otra allá, alguna le salió templada. La faena de muleta perdió el rumbo y se acabó demasiado pronto. Lo mejor de cuanto hizo vino en el tanteo muleteril de su último toro, sentado en el estribo, y a continuación, con pases por los dos pitones, sentidos y de suave trazo.

Zalduendo / Joselito y Jiménez

Toros de Zalduendo, terciados, desigualmente presentados, de juego irregular, en general manejables.

Joselito, silencio, silencio y ovación; César Jiménez, oreja, dos orejas y oreja.

Plaza de La Cubiera, 1 de marzo. Tres cuartos de entrada.

César Jiménez, a las puertas de Madrid, llamó con fuerza a golpe de un arte llamado temple y ligazón, ganas de ser y una naturalidad en la concepción del toreo, de eterna pulcritud. Realizó quites variados y brillantes con su capotillo torero, tumbó a sus tres toros de tres casi estupendas estocadas, y pisó el ruedo con donosura y suavidad. La faena más compacta y conseguida fue la de su segundo, con tandas ligadas de verdad, sin enmendar, y una languidez cuando más centrado estaba, sobria, profunda. César Jiménez. Un gran paso adelante.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de marzo de 2003