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Morientes se negó a salir frente al Borussia a falta de cuatro minutos

"Ahora sales tú, hijo de puta", le dijo el delantero a Del Bosque cuando pidió el cambio

Fernando Morientes estaba cansado de calentar en la banda para jugar los minutos de la basura. Le pasó en Barcelona, ante el Espanyol, y le pasó el miércoles en el Bernabéu, contra el Borussia, donde calentó durante veinte minutos bajo la lluvia esperando su turno para salir al campo. Cuando vio que Del Bosque, el técnico, lo llamaba para que jugase los cuatro minutos del final, se revolvió y le dijo "ahora sales tú, hijo de puta", antes de marcharse a la ducha.

El incidente, que revela el malestar de un futbolista que un día fue figura y que cada vez se encuentra más orillado en el Madrid, fue revelado ayer por la noche en la cadena Cope. Por la mañana, en el vestuario de la Ciudad Deportiva, el capitán, Hierro, intercedió para reestablecer la paz entre el jugador y el entrenador. Una armonía rota desde el mismo momento en que el club decidió vender a Morientes en el verano pasado, sin conseguirlo.

Desde entonces, el jugador ha pasado a ser un delantero secundario en la estrategia deportiva del Madrid, suplente de Ronaldo, Raúl, Guti, y hasta Portillo.

Quizá Morientes se sintió discriminado porque el miércoles vio que Ronaldo no estaba bien y pensó que esto le da derecho a tener más minutos. Eso parece al ver al brasileño en el campo. Se deduce de sus partidos recientes, principalmente el de Liga en Pamplona y el de Liga de Campeones ante el Borussia, y así también lo vio su compañero, Michel Salgado.

"Ronaldo no está en su mejor momento", comentó el gallego, ayer en conferencia de prensa; "él está incómodo y lo sabe". El lateral constató un hecho: el brasileño tiene un bache. Se le ve algo ausente, algo pesado. Capaz de marcar, como hizo ante el Borussia, pero sin el punto chispeante que exhibió hace unas semanas.

Cuando mejor se expresa Ronaldo es ante defensas que le dan espacio para encarar la portería con el balón al pie. Eso hicieron Wörns y Metzelder el miércoles, más pendientes de coger a Raúl que de acosar al brasileño, que se alejó del área para recibir y aprovechar su velocidad. Los centrales alemanes, y, en menor medida, su volante defensivo Reuter, le dejaron recibir de espaldas y girarse con tiempo. Luego Ronaldo tuvo problemas para manejarse en una situación en la que, de haber estado en su mejor momento, habría hecho algún espectacular destrozo.

El público le terminó reprochando la actuación con murmuraciones y algún pito, como si hubiera sido Guti en su época de chivo expiatorio. El Bernabéu, para oler debilidades, es implacable. Que Ronaldo marcara el gol del triunfo de poco sirvió para instar a la gente a su apoyo.

Con todos sus vaivenes físicos, en los 17 partidos que lleva disputados en el Madrid en Liga, Ronaldo ha marcado nueve goles, los mismos que Raúl en 18 encuentros. Su grandeza, sin embargo, no impidió que ayer Salgado reivindicase a un tipo de futbolista poco reconocido últimamente en Chamartín: el soldado de infantería frente al atleta galáctico, la clase media frente a la alta aristocracia del fútbol mundial. En este sentido, Salgado se acordó de Raúl, un jugador que sin hacer tanto ruido publicitario se ha convertido en el hombre más apreciado por los propios compañeros. "Lo de Raúl se ha convertido en algo normal", opinó el gallego, sobre el gran gol del delantero al Borussia; "me quedo con el espíritu que le da al equipo, siempre contagia".

Conocedor del clima enrarecido que se vivió ayer, Salgado afirmó que el Madrid se debe a una base previa a la llegada de Figo, Zidane y Ronaldo. Entre este grupo, evidentemente se encuentra Morientes, aunque Salgado no lo nombrase: "Si éste equipo es lo que es en los últimos años, no es sólo por la gente de calidad que ha llegado. Se han ganado muchos títulos sin los que han venido últimamente. Creo que hay una base de jugadores que llevan seis o siete años jugando juntos y son los que hacen que este equipo sea ganador. A partir de ahí el resto ha venido a sumar".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 21 de febrero de 2003