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DON DE GENTES

Agradecida y emocionada

LE DIJE A MI SANTO que me trajera algo de París. Y me contestó: "Oír es obedecer", que es una frase de Sinuhé el Egipcio que le gusta decirme en público para hacerme quedar como una dominanta. A mí la frasecita, como lo siento lo digo, me saca. Ya sé que los regalos no se deben pedir, que una debe esperar a que se los hagan. ¡Esperar, esperar! No quiero pasarme la vida esperando. Le dije: "Tráeme algo de París", y me suelta: "¿Algo de qué?, porque no me voy a poner a buscar así en abstracto". Como dice Calleja: "Y luego quieren que no bebamos". Pero, hijo mío de mi alma, anda que no hay cosas bonitas en París. Sácate el dinero del bolsillo, que se te va a pudrir, y gástalo sin miedo, que el mundo se acaba.

En total, que le digo que me traiga algo y me trae una bacteria, el tío. Un pedazo de bacteria francesa, oyes, que me ha tenido postrada en el sofá durante días. También me trajo unos pendientes, pero, vamos, el regalo gordo gordo era la bacteria. Y me he hecho un trinimaratón televisivo que sólo se interrumpía para visitar el cuarto de baño. Porque la bacteria trataba de eso. Y no voy a entrar más en este espinoso asunto. Sólo diré que se me ha quedado cinturilla de torera. Con lo cual le he dicho a mi santo que de cara al verano, allá por mayo, podría volver a París y traerme otra bacteria.

Lo único que he hecho estos días ha sido ver la tele y hablar por teléfono. Me llamó Bicoca, para decirme que me compró por mi cumpleaños un chaquetón de Prada modelo Chapapote, pero que me lo mandaba por mensajero porque a ella no le hacen falta las bacterias. Bicoca es del tipo pija fibrosa que se come un cochinillo y debe tener el sistema ese de trituración de las anacondas, porque nada la engorda. Luego me llamó Ángeles González Sinde para decirme que están haciendo un casting para estrenar en Madrid el espectáculo neoyorquino de las Marionetas del Pene, ese que consiste en que dos tíos se retuercen el miembro y hacen figurillas con él (una hamburguesa, un velero bergantín, un hombre llorando...): ¡maravillas del escroto! Y las dos estuvimos de acuerdo en que nos gustaría asistir, en calidad de aficionadas, a dicho casting. Luego me llamó Miguel Albaladejo y me dijo que, si por él fuera, vendría a verme, pero que se ha cambiado de piso y está concentrado leyéndose las instrucciones de los electrodomésticos. Y yo pensé: "Si fuera Lolita la que tuviera la bacteria, bien que estaría ahí en el Lerele hirviéndole el agua para la manzanilla y sacándole brillo al goya".

Por cierto, que como tengo las defensas bajas, me zampé la ceremonia de los Goya y me tocó la fibra. Sobre todo los agradecimientos. Hubo momentos, como cuando salieron cinco tíos para recibir el Goya al mejor corto de animación, que se me llenaron los ojos de lágrimas. Eso de que se acordaran uno por uno de sus padres fallecidos, de los hijos que quisieron tener y no pudieron, de los que sí tuvieron, de esa mujer que pacientemente les espera en casa con una tortilla de patata y les aguanta su bordería, de toda la gente que confió en ellos, de sus compañeros de clase de la guardería... Me acuerdo y se me eriza el vello. Y eso que me perdí parte de los agradecimientos porque tuve que salir por patillas al WC. Menos mal que cuando volví seguían. Ése es el tipo de cosas que me hace creer en el ser humano. Yo quisiera este domingo expresar mi agradecimiento a esa gente que hace posible esta extraordinaria columna:

A mi santo, por escribirme el artículo un día que tenía hora en la depilación; a mi hijo, que no me hace ni puto caso, el otro día le dije que si íbamos juntos a la manifestación del día 15 contra la guerra, y me dijo: "No es la cabalgata de Reyes, mami, yo ya voy con mi panda de malotes"; al director de este diario, por peloteo; a Polanco, por más peloteo; a Ángeles González Sinde, que me llamó para decirme que el año que viene podían presentar los Goya los actores del pene y escribir nosotras el guión, y le dije que guay; a Javier Cámara, las dos pensamos así a bote pronto en él para que sea uno de dichos actores, y le llamé y él me dijo: "Gracias, bonita, como propuesta interpretativa me parece interesante, pero búscate a otro idiota"; a Chiquitín, mi yorkie, que duerme conmigo cuando mi santo no está y me ronca como un hombre y luego quiere morderle a mi santo los tobillos porque no lleva bien que me acueste con otro, qué divino; a mi padre, que dice que sus colegas del bar moratalaceño Azul y Oro (¡ese templo de la cultura!) opinan que entro en los temas pero que no me mojo, que no he escrito ningún artículo denuncia sobre el chapapote y que si es que le estoy haciendo el juego al PP; a mi portero, que me arregló un radiador que perdía agua; a los que me leen; a los que no me leen, a aquel crítico capullo que me puso a caldo, a aquel crítico inteligente que me puso bien; a Isabel Coixet, que ha dirigido una película preciosa y emocionante, Mi vida sin mí, que se estrena el 7 de marzo, y que tienen ustedes que ir a verla, y no porque sea española, qué caramba, sino porque es muy buena; a mi familia de aquí (señalando a la tierra) y a los que están allá (señalando al cielo), como diría Lolita.

Y no puedo seguir con los agradecimientos porque tengo una urgencia. De carácter físico.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de febrero de 2003

Más información

  • Cuando el santo de la autora regresó de su escapada a París le trajo de regalito unos pendientes y de regalo gordo una bacteria, que le ha dejado cinturilla de torera.