Más vale concejalía en mano
Entre lo que no está claro en el manejo de los terrenos de la antigua estación de Castellón y lo que está clarísimo en tanto terreno de Alicante media la clarividencia terrenal de Rita Barberá
Vocación de servicio
Engañar al que no sabe
Bocazas en campaña
Cargada de futuro
El teatro quevos matáis
Cierto que la posición de Espai Moma entre las salas escénicas privadas es de privilegio, pero eso no basta para desdeñar el acierto -y el riesgo- de dedicar su temporada a un hueso tan duro de roer como Harold Pinter, un dramaturgo de la palabra de cuando el teatro iba en serio y todavía no se había convertido en refugio de una pandilla de ingeniosos con su oficio al servicio de la taquilla. Es curioso que la poesía, por definición, desista de una degradación de esa clase, que la pintura todavía preserve alguna dignidad, que el cine ofrezca dos o tres nuevos talentos cada temporada mientras refuerza a los ya existentes, y que incluso el nivel medio de la narrativa se mantenga en un cierto decoro. Es posible que en los últimos diez años el teatro se haya dejado llevar cuesta abajo más que otras manifestaciones estéticas del alma. Por eso conviene saludar con respeto el rescate del enorme Harold Pinter.


























































