El pintor Pedro Garciarias recrea la música del "espíritu" de Olivier Messiaen

El francés Olivier Messiaen (1908-1992) fue uno de los más hondos y atractivos compositores del siglo pasado. La espiritualidad y el cromatismo surgen de su obra basada en elementos tradicionales que se transforman en innovaciones técnicas. El artista cubano residente en Granada Pedro Garciarias ha querido interpretar mediante la pintura una de las obras señeras de Messiaen, las Veinte miradas sobre el niño Jesús, compuesta en 1944 para piano solo. La exposición, inaugurada ayer, permanecerá abierta hasta el 28 de febrero en el auditorio Manuel de Falla de Granada.

Se trata de veinte pinturas en técnica mixta sobre papel realizadas a lo largo del primer semestre del año pasado, aunque el origen del conjunto se remonta a julio de 2001. Durante el tiempo que dista entre los preparativos y el inicio de la obra Garciarias buscó el modelo que le sirviera para representar las facciones del Niño Jesús y lo encontró en una niña, Victoria.

"Aunque no soy retratista", confía el pintor en la presentación de la exposición, "la presencia de los modelos es muy significativa y los rostros, los gestos de la mano, la altura de los esbozos subrayan la importancia que Olivier Messiaen señaló al color". Garciarias ha respetado las indicaciones cromáticas dadas por el propio compositor que van del gris al violeta azulado, de un gris acero a un azul plomizo y de rojos a anaranjados y malvas.

"Los que conocen mi pintura saben que empiezo dibujando y voy velando el trabajo con repetidas capas de acuarela desde los tonos claros a los más saturados. El dibujo que permanece queda como contrapunto de la mancha abstracta en el cual se inscribe", señala el creador.

Garciarias advierte que no es una simple exposición religiosa sino sobre la "majestad de la música" y el "color de la sacralidad de la forma".

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