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LA CRÓNICA
Columna
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Dos en la carretera

Hace tan sólo 150 años África era una desconocida para el resto del mundo. El calor, las lluvias torrenciales, las fiebres, los animales no aconsejaban pasar del Estrecho. Fueron los grandes exploradores ingleses, Burton, Speke, Livingstone, quienes, empeñados en descubrir las míticas fuentes del Nilo, abrieron esa puerta desconocida. En la época victoriana, sus diarios eran leídos en Inglaterra como relatos de aventuras. Y así han quedado hasta nuestros días. Empar Barcons y Xavier Pàmies llevan dentro de sí este antiguo espíritu de los grandes exploradores. Devotos, especialmente de la figura de Richard Burton, conciben el viaje como fuente de conocimiento. Lejos de cualquier ruta turística, el viajero se desplaza siempre por tierra y en cualquier medio de transporte público. Ese viajero observa, escribe, lee y, sobre todo, vive y aprende lo que el nuevo país le ofrece, entre otras cosas su lengua. Así han viajado siempre ellos y así siguieron la ruta de los antiguos exploradores, desde Nairobi hasta Ciudad del Cabo, pasando por las fuentes del Nilo, en Uganda. El viaje duró nueve meses. Cuando llegaron a Barcelona, Empar estaba embarazada. Escribieron un libro: Cap allà on neix el Nil. Seguint les rutes dels exploradors, una edición de 120 ejemplares numerados, de los cuales, hasta ahora, sólo quedan siete vendibles en Altair. El resto han sido regalados por sus autores, algo que forma parte de ese espíritu romántico de los primeros viajeros. Pero para llegar hasta aquí debemos remontarnos a la época en que eran dos estudiantes de Biología con una infinita curiosidad por la vida.

Empar Barcons y Xavier Pàmies llevan dentro de sí este antiguo espíritu de los grandes exploradores

Empar y Xavier decidieron conocer el mundo y empezaron por Suramérica por las facilidades que les ofrecía la lengua. Era en 1986. Habían trabajado tres años, pero no necesitaban mucho para vivir. Pasaron seis meses en Brasil y otros seis más entre Bolivia, Perú, Chile y Argentina. "Los brasileños son una gente muy hospitalaria y enseguida te invitan a tu casa y cuando te vas te dan la dirección de un amigo", comenta Empar. A su regreso, Xavier recomendó a un editor la traducción de ciertos autores aún desconocidos y empezó a traducir del portugués, lo que, con el paso de los años, ya le ha valido algún premio y sobre todo prestigio entre los traductores en lengua catalana. Dos años más tarde emprenderían su primer viaje a África. Llegaron a Orán en barco desde Alicante. En Tamanraset buscaron a alguien dispuesto a cruzar el desierto. No tuvieron mucha suerte: era un conductor alemán medio loco que sólo se guiaba por las roderas en la arena. Se perdieron más de una vez y en una ocasión salvaron a otro coche que llevaba tres días perdido. Así llegaron a Níger y de allí a Madagascar. "Encontramos a gente de ojos rasgados y piel aceitosa y vimos clarísimo que nuestro próximo viaje sería a Asia".

Era 1992. Partieron en barco desde Venecia hasta Esmirna, cruzaron todos los países -excepto Afganistán- hasta llegar a la India, Nepal y China. Por primera vez habían conseguido una ayuda institucional para un estudio de los narradores indios que escribían en inglés. Se instalaron en una pensión en el centro de Delhi. Xavier alquiló una máquina de escribir y pasaba horas leyendo y traduciendo. "Viajamos siempre cargados de libros; cuando ya no los necesitamos los enviamos a casa", comenta Xavier. Estos tres viajes los resumieron en el libro: Tres anys pels països del sur. Sudamérica-Àsia-Àfrica.

No les fue fácil encontrar un editor para Cap allà on neix el Nil. El original estuvo encerrado en algún cajón de Destino hasta que un día, paseando por el mercado de Vic, encontraron a Jesús Aumatell, un editor que vendía sus libros en uno de los tenderetes. La editorial se llama Emboscall y sus libros tienen el sello de las cosas artesanas. El libro sigue muy de cerca la ruta y las vivencias de los viejos exploradores y contrasta las impresiones de ellos con las suyas. Reviven los enfrentamientos tribales de hutus y tutsis y visitan los campos de refugiados en Ngara. En Uganda y Malawi ven con sus propios ojos los estragos del sida e incluso dan lecciones sobre cómo utilizar un preservativo. En Malawi, una especie de brujo, mister Chisube, afirma haber descubierto una infusión -el nchape- que cura el sida. Desde 1993, mister Chisube recibe cada semana a 5.000 visitantes que se toman la infusión con una fe ciega. Empar y Xavier también tienen sus percances: en el Zaire a ella la pican 300 chinches -contadas una a una- y a él le coge una malaria cerebral en plena fiesta de una circuncisión de pigmeos. Se salva de milagro gracias a la quinina. Y, claro está, llegan a las fuentes del Nilo y, allí mismo, se prometen que su próximo viaje será seguir el curso de este río hasta Alejandría. Pero la vida de las personas da vuelcos sorprendentes y un día -aún en pleno viaje- deciden ser padres.

En este momento tienen dos hijos, los dos muy ilusionados en viajar algún día a ese continente tan fantástico y lleno de animales que se llama África. Muchas tardes los niños les reclaman sus dosis de diapositivas y mientras los pequeños sueñan con leones y serpientes sus padres esperan el momento de cargar de nuevo las mochilas, eso sí, con dos cargas más, y lanzarse a la carretera.

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