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Crítica:

Sueños de artista

El uso de los colores estridentes y la reflexión sobre el proceso de creación son temas que siguen caracterizando la obra de Menchu Lamas. Pero sus nuevos trabajos se han vuelto más complejos y han reforzado su simbólico cromático. Estos cuadros, más serenos y de apariencia inocua, se exponen en Santiago de Compostela.

Las últimas creaciones de la pintora gallega Menchu Lamas (1954) -una de las fundadoras del movimiento Atlántica en los años ochenta- descubren la evolución lógica de una artista que en su momento rompió con lo establecido y contribuyó a la renovación de las formas y los contenidos de la anquilosada pintura gallega de aquellos tiempos. Con el tiempo, Lamas ha alcanzado una madurez serena que le permite adentrarse en los caminos por los que ya se interesaba al principio de su carrera.

Si se comparan los cuadros que ahora se exhiben en la galería SCQ de Santiago con los que todavía pueden verse en la exposición colectiva Atlántica en el Museo de Arte Contemporáneo de Vigo (Marco), apenas se reconoce a la joven que causó sensación en el panorama artístico gallego con enormes cuadros poblados por seres inverosímiles, en los que utilizaba colores muy fuertes recogidos del fauvismo.

MENCHU LAMAS

Galería SCQ General Pardiñas, 10-12 Santiago de Compostela Hasta el 10 de enero de 2003

Hay elementos comunes en ambas etapas como los grandes formatos o las composiciones realizadas a propósito de manera elemental, pero la temática se ha vuelto mucho más compleja. En muchas de sus últimas obras incorpora la presencia de sombras y contornos de siluetas que sugieren la presencia del creador-soñador junto a la obra que pinta o imagina. La reflexión sobre el proceso de creación artística es un tema recurrente en Lamas y aquí aparece más evidente que nunca. Los laberintos en los que se adentra el subconsciente durante el sueño son similares a los que debe enfrentarse el artista durante el acto creativo.

El uso de colores estridentes sigue presente en sus cuadros, pero cada vez los emplea con mayor sutileza. Frente a la frescura e ingenuidad de sus primeras obras, caracterizadas por una auténtica explosión de colores, Lamas ha reforzado el carácter simbólico de este elemento y explora las posibilidades de combinaciones de las distintas gamas. El resultado final son cuadros dotados de una rara serenidad y de apariencia inocua pero que esconden una fuerte carga simbólica que amenaza con manifestarse en cualquier momento.

Poco a poco, los gatos, los peces y las sirenas han ido dejando paso en su obra a los laberintos, los muros y las retículas espesas. Sin embargo, hoy como ayer, Lamas sigue manteniendo su indudable modernidad aunque sea desde una perspectiva mucho más madura.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 28 de diciembre de 2002