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El público salvó la cabeza de Luis Fernández en el PSG

El brasileño Ronaldinho dejará el club francés si el técnico sigue en diciembre

A Luis Fernández, entrenador del París Saint Germain (PSG), y ex técnico del Athletic, le gusta Star Academy, la versión francesa de Operación Triunfo. La sigue al dedillo y le vale para psicoanalizar su difícil situación en el club francés. "Esta noche [por ayer] yo estaba nominado como George-Alain [el cantante que se jugaba su continuidad en el programa de la TF1], pero el público me ha salvado", afirmó después de que el PSG venciera (2-0) al Olympique de Lyon, superando el ultimatum que pesaba sobre su cabeza.

Era la primera respuesta de la conferencia de prensa posterior al partido, cuando los periodistas reclamaron su opinión sobre las aclamaciones del público a su persona, al concluir el encuentro: "Los aficionados han gritado mi nombre durante todo el partido, no sólamente cuando ha terminado. Igual ustedes han llegado al final". Genio figura hasta en la sepultura.

Porque Luis Fernández tiene los días contados en el principal club parisino. Los directivos del PSG habían decidido que una derrota en su campo del Parque de los Principes el miércoles ante el líder, el Lyon, supondría la destitución del técnico y mánager de la entidad parisina. Las razones eran múltiples. En primer lugar los resultados deportivos: un punto conseguido de 15 disputados y dos años sin expectativas de volver a ser quien fue. En segundo lugar, el enfrentamiento con Ronaldinho, la única figura del PSG, que ha anunciado públicamente su decisión de abandonar el equipo en el mercado invernal si Luis Fernández sigue en el banquillo.

El detonante fue el anteúltimo partido ante el Mónaco, cuando Luis Fernández dictaminó la sustitución del astro brasileño y este se negó a enfilar el camino al vestuario. Fernández reculó y cambió el dorsal del cambio: en vez de Ronaldinho, el sustituido fue Cardetti. Fernández ha recriminado al brasileño su presunta vida licenciosa y el futbolista se ha rebelado contra la disposición táctica que le obliga a jugar como segundo delantero, en vez de alinearse por detrás de los atacantes, además de reclamar su derecho a ser feliz.

El problema es que el PSG tiene en Ronaldinho su joya preciada. Adquirido por cuatro millones de euros al Gremio la pasada temporada, espera revenderlo por 40 millones. Pero si el jugador fuerza su salida, su valor económico se devalúa. Por eso el presidente delegado del club, Laurent Perpère, aseguró que si tenía que elegir entre el jugador o el entrenador "sería más rentable lo primero".

La lucha de poder no tiene cuartel. Canal + y su propietaria, el grupo empresarial Vivendi, recelan del poder del técnico, que desprecia a los dueños y se refugia en los aficionados. Los jugadores callan hasta el punto de que en el anterior partido ante el Mónaco, Fernández reconoció que sólo el ghanés Nyarko "respondió a la confianza que había depositado en los futbolistas". La mayoría piensa que Luis Fernández ha perdido la lucidez que le caracterizaba.

Salvada su nominación, por la victoria y el público, al que se encomendó como Bustamante a la telefonía móvil de San Vicente de la Barquera, Luis Fernández sólo ha aplazado su destitución. Ésa es la impresión general en Francia. Al jurado del PSG no le convence su actuación. "Muchos habían anunciado mi salida del chateau de Star Academy, pero aquí sigo". No por mucho tiempo. El argentino Carlos Bianchi es el elegido para reflotar el equipo y para que Ronaldinho se vaya cuando deba, a su precio, y no antes. Luis Fernández sigue nominado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de diciembre de 2002