Crónica:Campeonatos del Mundo | TRIATLÓN
Crónica
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Raña ya ha llegado a la cima

El deportista gallego, quinto en los Juegos Olímpicos de Sidney, y ya campeón de Europa este año, logra en Cancún el máximo título

Peter Robertson, el campeón saliente, aceptó su derrota y sencillamente dijo: 'Iván Raña ha hecho una carrera perfecta'. Desde hace años, en los pasillos del triatlón mundial se venía oyendo este aviso: cuidado con Raña, cuidado con Raña, es la juventud que llega a dominarlo todo, cuidado con Raña. Y Raña, de nombre Iván, gallego de Ordes (A Coruña) y residente en Santiago de Compostela, joven de 23 años, no paraba de llegar, no cesaba de acercarse. Cada día un poco. Hasta que ayer, en la cálida y húmeda Cancún, llegó a la cima. Ganó el Mundial. Uno de los grandes triunfos del año del deporte español, en un deporte minoritario en España, pero que, debido a su espectacular crecimiento los últimos años, es olímpico.

Ganó a su estilo, tras remontar en la prueba de ciclismo y decidir en la carrera final a pie
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Ganó Raña, que ya puede creerse que es el mejor del mundo de un deporte hecho para superdeportistas, pero con él ganó todo el triatlón español, todo el grupo que desde antes de los Juegos de Sydney surgió como de la nada, se profesionalizó y se convirtió en una referencia mundial. Los hermanos Llanos, el sevillano Merchán, el técnico No... Y las mujeres. Poco antes del triunfo de Raña, Pilar Hidalgo se había proclamado campeona del mundo sub 23.

Ganó Raña y lo hizo a su estilo, esto es, de una manera espectacular. De la misma manera en que quedó quinto en los Juegos de Sydney, o cómo ganó el Europeo este mismo año. En la última vuelta de la carrera a pie, de los 10.000 metros que cierran la trilogía del dolor y la agonía. Faltaban sólo dos kilómetros para el final. Raña iba tras Robertson, tras el campeón australiano con el que había compartido media competición. Había salido del agua, de los 1.500 metros de natación, cerca de él. Un grupo de seis triatletas marchaban por delante, se subieron a la bicicleta para cubrir los 40 kilómetros del ciclismo con medio minuto de ventaja sobre el grupo grande, en el que estaban Raña y Eneko Llanos. Comenzó entonces el trabajo de equipo. El trabajo de Llanos, que se vació sobre la bici, sirvió para que el grupo de Raña enlazara con los seis fugados, lo que no impidió que a 10 kilómetros de la segunda transición otro grupo de cuatro ciclistas se marchara y terminara la fase ciclista con unos 50 segundos de ventaja sobre el triatleta gallego entrenado por César Varela. Quedaba la carrera a pie. 10 kilómetros. En Cancún el día era de playa. 32 grados. Como para morir corriendo, pero eso es lo que quería Raña. 'Me gustan el calor y la humedad', había dicho antes de partir hacia un Mundial que estaba convencido que lo ganaría. Y con Cancún tenía un pacto secreto desde hace tres años, desde que, estando aún en edad júnior, a los 19 años, quedó segundo en una prueba de Copa del Mundo, rodeado de monstruos por todas partes.

Tras la transición echó a correr en compañía de Robertson. Colaborando entre los dos cazaron a los cuatro que marchaban por delante. Siguieron y se vieron solos. Entre los dos se jugarían el título. Robertson no se aguantó y atacó. Se fue. Abrió hueco. Se escapó. Pero Raña es mucho Raña. En la carrera a pie más que nadie. Más todavía al final. Cuando los demás empiezan a no poder más, el deportista gallego parece flotar sobre el asfalto. Hasta parece sonreír. A falta de 2.000 metros alcanzó a Robertson. Y poco después, aprovechando que en un avituallamiento el australiano redujo la velocidad para coger agua, le atacó y se marchó. Definitivamente solo. Hasta el final.

El gallego imbatible, el hombre que cree en su superioridad, Iván Raña, que cuando júnior ya asombraba al planeta del triatlón, ha ganado las últimas cinco competiciones que ha disputado. Ganó una prueba de Copa del Mundo en Funchal (Madeira), también el Europeo (en Gyor, Hungría), el Campeonato de España (en la Casa de Campo de Madrid) y la prueba de Palermo, en Sicilia.

Es el fruto de la clase y del genio. Y del trabajo. Es un hombre finito, de apenas 60 kilos y tirando a bajo (1,74 metros), pero es de hierro. A los siete años ya destacaba en las pruebas de natación; luego, a los 13, empezó a gustarle la bicicleta. Hacía de todo y todo bien hasta que a los 15 años lo vio César Varela, quien intuyó su tremendo potencial para el triatlón y hasta se lo llevó a vivir a su casa para cuidarlo mejor. Fue el júnior de oro del triatlón español. Llegó a Sydney. 21 años recién cumplidos y terminó quinto. Terminó arrasando en la carrera de a pie. Terminó cansado. Hasta habló de que le gustaría ser sólo ciclista, de emigrar a un equipo portugués de tercera división. Dijo que quería ganar dinero, que lo necesitaba. No le dejaron, con lo que el ciclismo perdió a un corredor del montón y el triatlón ganó a un crack. Le hablaron de Atenas 2004, de que aquellos sí que serían sus Juegos, pero no ha querido esperarse: dos años antes ha rematado a gol en el Mundial, por si acaso.

Iván Raña es un crack con una clase única, y genio y sentido táctico, e inteligencia, y todo lo que sea pero que se trabaja cinco horas diarias su especialidad, allí en Santiago. Hora y media de natación, de corcheras de piscina, largo tras largo, y luego dos horas y media de bicicleta, y para terminar 60 minutos de carrera a pie. Y luego llega, compite y gana. Y dice: 'Ha sido una carrera muy dura. Estoy muy contento. No me lo esperaba'.

Raña, con la medalla de oro en el Campeonato de Europa, el pasado 6 de junio en Hungría.
Raña, con la medalla de oro en el Campeonato de Europa, el pasado 6 de junio en Hungría.EFE

Sobre la firma

Carlos Arribas

Periodista de EL PAÍS desde 1990. Cubre regularmente los Juegos Olímpicos, las principales competiciones de ciclismo y atletismo y las noticias de dopaje.

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