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Entrevista:Joaquín Sabina | Cantante y compositor

'Busco la magia de la imperfección'

Joaquín Sabina (Úbeda, 1949) viaja estos días por México y Puerto Rico, en la que supone su vuelta al escenario después de año y medio reponiéndose de una isquemia cerebral que le ha obligado a dejar casi todos los vicios. Delgado, pero más relleno, sin ojeras y con una perilla plagada de canas, el cantante reaparece con un libro, Con buena letra (Temas de hoy), en el que se reúne todo su cancionero, y el disco Dímelo en la calle.

Pregunta. Su discográfica no ha facilitado el disco y ha condicionado la realización de esta entrevista a la firma de una carta en la que el periódico se comprometía a no publicarla hasta la salida de su CD al mercado.

Respuesta. Mi trabajo es subirme al escenario y el de ellos organizar estas cosas, y la verdad es que me da tremenda pereza inmiscuirme en temas que no sean escribir canciones y cantarlas. Lo que sucede también es que voy a estar en México cuando salga el disco y ellos creen que la promoción hay que hacerla al mismo tiempo.

P. Pero no es sólo un tema de promoción, se ha llegado a decir que no quieren que el disco 'ande por ahí' para evitar filtraciones.

R. No tengo una opinión suficientemente formada sobre ese asunto, pero no he puesto mi firma, para gran escándalo de mis amigos, en ningún manifiesto antipiratería aunque tampoco esté a favor. Entre otras cosas porque cuando la industria pierde dinero eso no va en contra de los que vendemos discos, sino de los jóvenes que empiezan, y también me parece una dejación por parte de la policía, pero las multinacionales también son piratas de guante blanco.

'Sin Ducados y sin algunas otras cosas más me ha costado mucho grabar este disco'

P. ¿Cómo ha sido la vuelta al estudio?

R. Ha sido muy trabajosa, pero esta vez he dispuesto de más tiempo, ya que tengo un estudio en casa y hemos ido grabando poquito a poquito. Soy muy perfeccionista y obsesivo, en el sentido de buscar la magia de la imperfección, es decir, no dejo una voz porque esté más afinada, sino porque esté más fresca aunque parezca agónica.

P. ¿Qué ha sido lo más difícil a la hora de trabajar sin todos esos ritos a los que estaba acostumbrado: el ducados, el whisky, la raya?

R. De vez en cuando me fumo un ducados, sobre todo para la promoción. He estado ocho meses sin fumar, pero realmente para trabajar es inhumano. Sin ducados y sin algunas otras cosas más me ha costado mucho grabar.

P. ¿Y escribir?

R. Lágrimas de sangre me ha costado. Esa ceremonia del flexo por la noche a las cinco de la mañana, un cigarrito, un whiskito y antes, lo digo con nostalgia, una rayita, me ayudaba mucho.

P. Además de los temas nuevos ha incluido otros ya oídos antes, como Peces de ciudad, que canta Ana Belén, o la de Torrente...

R. Peces de ciudad es nueva en mí porque no la había cantado. La de Torrente estaba al final de las líneas de crédito de la película y creía que merecía estar en un lugar donde se oyera de nuevo, porque ya me han hecho saber algunos que les parece burda y facilona.

P. No les gustará eso de 'salvo mi madre y mi hermana no hay coños que no estén a la venta'.

R. Creo que se puede pasar de Torrente a Quevedo sin que uno pierda por el camino nada y viceversa, y yo tengo un lado Quevedo y otros muchos más que me gustaría sacar sin perder los anillos.

P. Entre las canciones que nos ha permitido escuchar su discográfica hay un bakalao.

R. Un bakalao total, pero para mí tiene la cosa divertida de que las letras que se suelen hacer en bakalao son menos que de usar y tirar y ésta son sonetos.

P. Y ha incluido también Dolor de muelas, la canción que escribió con el subcomandante Marcos.

R. Es una carta que me mandó hace siete años para que le pusiera música. Entre que su figura histórica me pesaba demasiado y que yo no sé demasiado escribir con las letras de otros he tardado mucho tiempo en hacerla; aunque ahora he añadido una parte mía.

P. ¿Vio a Marcos en México?

R. Le vi entrar en el Zócalo, pero luego al desayuno con él no fui. Me había acostado muy tarde y no acudí, estaba en otro momento de mi vida, pero espero que si tiene el humor que destilan sus cartas haya disculpado mi ausencia.

P. En la página web de su discográfica hay correos, sobre todo de mujeres, y de admiradores argentinos y mexicanos. ¿Atendiendo a ese interés del otro lado del Atlántico ha decidido presentar el disco allí antes que en España?

R. Primero voy a México y luego a Puerto Rico, en una especie de puesta a punto, porque llevo año y medio sin subirme al escenario. Vamos a hacer el acústico que hacíamos antes para ver cómo nos sentimos en el escenario y luego afrontar aquí una gira, que no será antes de mayo.

P. Volviendo a las mujeres, ¿son sus principales seguidoras?

R. Estoy retirado, pero en general gran parte del público de todos los cantantes son mujeres. Recuerdo que Aute decía que en las canciones había que hablar directamente al coño, y, en plan cínico, que si los hombres compraban discos era para regalarlos a sus novias.

P. ¿El tango incluido en Dímelo en la calle es un homenaje a sus seguidores argentinos?

R. En mi primer disco incluí uno muy malo que se llamaba El tango del quinielista y luego en Buenos Aires me volvió loco el modo de cantar de Goyeneche y los tangos de Discépolo, y en casa, cuando me emborracho y estoy con amigos, siempre he cantado tangos y rancheras y en cambio esta vez me salió como letra de un tango clásico. Es un tango un poco de emigrantes con maleta de cartón y de comienzo de El Padrino.

P. Es bonita también La canción más hermosa del mundo.

R. El título es pretencioso, pero por más canciones que haga, y he hecho ya unas cuantas, cuando las acabas te quedas siempre pensando que no es tan hermosa como la habías soñado, así que esta vez imaginé una letanía de amores saliendo de un baúl y el truco de la canción es que no es la más hermosa el mundo. Ahora se ha publicado también un libro mío, Con buena letra, en el que se reúnen todas mis canciones y en el que he hecho comentarios a mano sobre cómo las haría ahora o cosas que les he cambiado. Yo creo que una canción no debe quedarse muerta porque se grabe en un disco, tiene que seguir viviendo.

P. ¿Le pesa esa imagen de canalla y de bohemio?

R. Pues le pesa más a determinado público sectario que a mí. Yo cuando me pongo a trabajar no pienso en eso. Hay mucha gente que querría que me hubiera muerto o que siguiera drogándome y perdiendo gloriosamente el tiempo hasta las once o las doce de la mañana, pero yo no sé si en algún momento contribuí a esa caricatura que tampoco era caricatura; era verdad que me pasaba las noches en los bares, pero ahora me las paso en casa, también con un whiskito en la mano.

P. Algunas de sus canciones como Princesa o Pongamos que hablo de Madrid han descrito los últimos 20 años de este país mejor que muchos libros.

R. No puedo pensar en mí como el tipo que mejor ha resumido nada, pero sí es verdad que para un montón de gente esas canciones les han acompañado y eso me calienta mucho el corazón, pero de ahí a teorizar algo va un abismo, soy más concreto que un zapato.

P. ¿Entre las canciones de Dímelo en la calle cuál cree que podría añadirse a esa lista?

R. Una que se llama No permita la virgen, que tiene mucho que ver con esa cosa tan de ahora de trivializarlo todo y esa dictadura de la ignorancia que se exhibe constantemente en televisión y que está contribuyendo a crear la cultura de la incultura.

P. ¿Y no cree que este disco suyo se va a mirar con lupa para ver si Joaquín Sabina sigue siendo un gran artista tras la enfermedad?

R. Todo eso pertenece al público, mi trabajo acabó en el momento en que entregué las canciones. Es posible que se mire con lupa, pero las lupas a veces agrandan y otras encogen, son como los espejos de Valle Inclán, deformantes. Quisiera que se oyera con oídos, si no cómplices, al menos honrados y sin prejuicios.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 27 de octubre de 2002