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ENTREVISTA

'Visto de color chillón para intimidar'

A punto de cumplir los 33 años, Cañizares es indiscutible en la portería del Valencia, el campeón de la Liga, que hoy se enfrenta al Athletic, pero no así en la de la selección española, a la que, tras el accidente sufrido con un frasco de colonia -le cortó el tendón del dedo gordo del pie derecho- en vísperas de la Copa del Mundo no ha vuelto.

Pregunta. Tres goles en dos partidos. ¿Le pasa algo?

Respuesta. No. He jugado en campo ajeno y contra conjuntos buenos [el Atlético y el Basilea]. Sí, estamos acostumbrados a dejar la puerta a cero, pero lo volveremos a lograr. El equipo y yo seguimos en la misma línea. Incluso mejor que el curso pasado.

P. Pese a la cantada en el Calderón...

'¿Qué podía hacer? ¿Esperar a calzarme antes de perfumarme? Las cosas surgen así'

R. Desgraciadamente, tengo la suficiente madurez para que no me afecte. Digo desgraciadamente porque la madurez es síntoma de veteranía y me gustaría ser un chaval de 20 años y debutar mañana. No me pasa nada por la cabeza con esos goles. Asumo que son cosas que suceden. Mi compromiso con el Valencia es tan grande que mis situaciones personales, para bien o para mal, pasan inadvertidas.

P. ¿Se empieza a sentir viejo?

R. No, pero sí me gustaría tener 20 años, quince temporadas por delante. El día que me sienta viejo dejaré paso. Pero todavía estoy en una edad muy bonita. Aunque, sí, me gustaría debutar mañana en la Primera División.

P. Y en la selección, claro.

R. Lógico. Estoy comprometido con esa camiseta desde los 16 años y me encantaría volver a ponérmela.

P. ¿Se ha parado a pensar en por qué Iñaki Sáez no le lleva?

R. No, no me compete. No voy porque el seleccionador considera que debe llevar a otros. Y mi obligación es respetarlo.

P. ¿Es una decisión deportiva?

R. No tengo derecho a entrar.

P. ¿No paga el peso que usted tenía en un vestuario que había que desactivar?

R. No tengo ni idea. Ni necesito ni estoy obligado a saberlo. Por respeto, debo permanecer al margen y, eso sí, reivindicarme desde el terreno de juego.

P. ¿Ha superado ya el haberse perdido el Mundial por el accidente del frasco de colonia?

R. Me dolió mucho. Cuesta tanto hacer una montaña que, cuando se te derrumba en un momento, te llevas una decepción. Y, además, de una forma tan absurda. Una desgracia que ya no tiene solución. ¿Qué podía haber hecho? ¿Esperar a calzarme antes de perfumarme? ¿No perfumarme? Las cosas surgen así. También entiendo que la vida te da cosas y te las quita. Y a mí, la verdad, me ha dado mucho.

P. Su versión sobre cómo se produjo el accidente no se la cree mucha gente.

R. Me da igual. Yo, por respeto, conté lo que me pasó. El que no se lo quiera creer está en su derecho. Lo que me preocupa es haberme perdido el Mundial, no la cabeza de la gente que no confía en la palabra de los demás.

P. El pelo teñido, el uniforme naranja chillón. ¿No debilita estar tan pendiente del físico?

R. Al revés. Es una virtud tener respeto por la gente que va al estadio o te ve por televisión. Uno en su casa no va de punta en blanco, pero si llega una visita se arregla. Pues aquí, igual.

P. ¿Lleva esos colores por corresponder al público?

R. Me gustan esos colores llamativos y no pasar inadvertido para los delanteros. Y ya está, sin molestar a nadie.

P. ¿También es una razón deportiva?

R. Le digo que sí. Un portero con colores vivos, en un momento dado, intimida más que otro vestido de oscuro. Es mi opinión. No está sujeta a ninguna ley física, pero me da esa impresión.

P. ¿Qué otros secretos tiene?

R. No tengo un físico para destacar. Utilizo otras cosas: técnica, atención, sentimiento, vivir el partido, concentración y regularidad. No voy a hacer un vuelo magistral despegando un metro y medio del suelo. Dios no me ha dado piernas para eso.

P. ¿Y en los penaltis, en los que es un especialista?

R. No me gusta que me consideren especialista. Ni en los mano a mano, los blocajes, las salidas, los córners o los penaltis. ¿Mi especialidad? Ser portero.

P. ¿Recurre a tretas para desestabilizar al que los tira?

R. En un penalti, el delantero debe hacer un ejercicio mental para poner el balón donde quiere. Si logras desviar su mente, que el aparato locomotor no le funcione al ciento por ciento y que no ponga el balón donde debe, algo has ganado. Si lo pone donde quiere, no hay nada que hacer.

P. Usted se pasa los partidos calentándose.

R. Afortunadamante, el equipo se defiende muy bien y el portero pasa por pocos apuros. Pero debes hacer ejercicios para estar caliente. Porque en cualquier momento te llegan. Los libros de preparación física hablan de que el calentamiento, después de 20 minutos, se ve disminuido. Y tras 45 se ha echado a perder.

P. ¿Sigue pensando que el delantero más complicado es Raúl?

R. Por su astucia y su manera de vivir el fútbol y leer las jugadas, aprovecha casi todas las situaciones de gol. En el área se las imagina con mucha más facilidad que el resto. Eso le hace muy difícil para un portero.

P. ¿Lo mejor del Valencia?

R. No me gusta tirar elogios. Aflojan. Somos un gran equipo, sin grandes defectos.

P. Y en exceso violento.

R. No. Ni hemos lesionado a nadie ni casi tenemos expulsiones directas. Como presionamos, a veces llegas a destiempo y cometes faltas, de tarjeta o no. Pero en ningún caso alarmantes. Ni para preocuparnos a nosotros ni para ser reprochados por la gente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 26 de octubre de 2002