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Crítica:DANZA

Soledad en el Candela

Entre las leyendas urbanas de más solera tiene Madrid un sitio emblemático para el flamenco: el bar Candela, en el barrio de Lavapiés. Por allí ha pasado lo mejor del arte flamenco de las últimas generaciones, y es este espacio, y algunos de sus personajes característicos, los que sirven a Joaquín Grilo (Jerez de la Frontera, 1968) como punto de partida, también como inspiración, para un espectáculo denso y particular.

Probablemente a Grilo se le escapa que ha deconstruido con notable resultado la estructura habitual del espectáculo de baile flamenco: no hay centro, y el hilo argumental pasa por ser a veces sólo una sugerencia. Pero lo hecho, hecho está; Grilo conserva la frescura de siempre y su baile se muestra maduro, con excelencias virtuosas cuando hace falta.

De noche

Compañía Joaquín Grilo. De noche (Como quien espera el alba): Coreografía: Joaquín Grilo; música: Paco de Lucía y José Quevedo; luces: Pedro Serrano; vestuario: Gabriela Salaverri; dirección de escena: Gustavo Tambascio. Festival de Otoño. Teatro de Madrid. 23 de octubre.

Así esta pieza recrea un ambiente donde conviven artistas con pintorescos personajes noctámbulos; todos sirven a Grilo para dibujar con sensibilidad y ternura la soledad del bailarín. En un escenario desnudo, con unas excelentes luces y una música de primer orden, el baile recae fundamentalmente sobre Joaquín Grilo, que demuestra su valía, su oído y sus sutiles intervenciones en el mundo de la fusión. En este caso es el jazz, que se enlaza con fluidez a su danza, con evocaciones atinadas al estilo de Paco de Lucía (Grilo ha colaborado en sus giras durante años). Lo teatral está desplegado a lo largo de la obra en una serie de evoluciones que, sin perseguir protagonismo, van llevando el ritmo hacia una zona abisal e íntima donde lo que queda, como sabor y como huella, es la soledad del artista.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 25 de octubre de 2002