Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
COLUMNA

Académicos

El Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de la Comunidad Valenciana llamará a declarar a los miembros de la Acadèmia Valenciana de la Llengua (AVL) para que demuestren que son expertos en valenciano. Según la ley de creación de la Acadèmia, dos tercios al menos de sus miembros deben acreditar, mediante titulación académica, que son expertos en valenciano. Sin embargo, en opinión de don José (¿o es don Josep?) María Chiquillo, presidente de Unión Valenciana, esta condición no se cumple, y ha presentado denuncia ante el Alto Tribunal de la CV. Por lo visto, a la hora de ser nombrados no acreditaron esta circunstancia, por lo que los señores académicos deberán hacerlo ahora ante el TSJ.

Si esto fuese así, si resulta que a la hora de consensuar el PP y el PSOE los miembros de la Acadèmia, no hubiesen comprobado que sus 'patrocinados', al menos en dos terceras partes, cumplían los requisitos que pide la ley, habría que que enviar a los responsable del PP y del PSOE a pastar fang. Lo que uno no acaba de comprender es cómo el señor Zaplana, impulsor y artífice de la creación de la AVL -Dios no se lo tenga en cuenta- y a la que consideró como uno de los mayores logros políticos en su etapa de molt honorable, no prestó la debida atención al cumplimiento de estos requisitos que exige la ley, por él diseñada, a la hora de acordar los nombramientos. ¡Vaya chapuza! De momento, el TSJ ha apreciado que las pruebas en que el señor Chiquillo basa su demanda 'pueden ser de trascendencia para la resolución del recurso'. Por lo que los señores académicos deberán pasar ante el Tribunal Superior para acreditar sus titulaciones. Falta saber si los títulos de 'expertos en valenciano' que presenten los académicos serán aceptados todos por el demandante, señor Chiquillo, y no entraremos en la absurda discusión -¡todavía, Señor, todavía!- de rechazar aquellos que lo que acreditan es que el titular es un experto en 'catalán' y no en 'valenciano'. Todo podría ser conociendo al demandante y sus seguidores. Y sus intenciones. En todo caso, vamos a disfrutar, una vez más, de la puesta en escena del sainete lingüístico.

fburguera@inves.es

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 25 de octubre de 2002