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COLUMNA

Decisiones tardías

El Consell Valencià de Cultura ha empezado el curso pisando fuerte. A estas horas, aún no se sabe dónde llegará, pero el estruendo creado ha sido considerable. En pocos días, los miembros del Consell han tomado dos decisiones de indudable impacto: aumentarse las dietas y emitir un informe en el que critican con dureza al Gobierno valenciano. Después de varios años de mostrar públicamente las virtudes de la moderación, esta última medida ha sorprendido a todo el mundo por lo inesperada. Nadie imaginaba un Consell Valencià de Cultura criticando sin ambages las decisiones del Gobierno. Ahora bien, al adoptar esas resoluciones consecutivamente, no sabemos si los miembros del Consell de Cultura han decidido ser independientes o sólo pretendían justificar ante la opinión pública sus retribuciones. El tiempo lo aclarará.

El contenido del informe del Consell Valencià de Cultura no es una novedad. Estas críticas al Gobierno que ahora se formulan, las venían publicando algunos diarios desde hace tiempo. Cualquier valenciano informado, y al que no ofusquen los reflejos del poder, las aceptará sin discutirlas. Son, por así decirlo, unas críticas de sentido común, que saltan a la vista. ¿Cuántas veces se ha dicho que la Ciudad de las Ciencias carece de sustancia? Innumerables. Esto lo han afirmado personas corrientes que la han visitado y científicos de prestigio, a los que se les ha preguntado su opinión. Para todas ellas, el contenido de la Ciudad de las Ciencias se encuentra más próximo a un parque de atracciones que a un verdadero museo. Esta es una realidad incuestionable.

En cuanto a la política científica de la Generalidad, resulta difícil decir cuál ha sido en todo este tiempo. Los propios responsables del Gobierno tendrían dificultades para explicarla, si fueran preguntados seriamente y no se les permitiera andarse por las ramas como acostumbran. Y ello porque la Generalidad no ha desarrollado una verdadera política científica, pensada, calibrada, con unos objetivos adecuados a las necesidades de la Comunidad. Yo he interrogado a algunas personas, interesadas por su profesión en este asunto, y no han podido responderme. ¿Qué diremos sobre el estado del patrimonio valenciano? En estos últimos años hemos leído repetidas denuncias y reportajes sobre su abandono. Se han arruinado puentes, murallas, castillos. Todo ello ha sucedido ante la indiferencia de nuestros gobernantes, que prefirieron gastar el dinero en asuntos más rentables para sus intereses.

Publicado tiempo atrás, este informe del Consell Valencià de Cultura hubiera tenido un efecto importante para aliviar algunas de las situaciones que denuncia. Divulgado ahora, hacia el final de una legislatura, su trascendencia es menor a todas luces. Desde luego, servirá para que la oposición cargue la escopeta de la crítica con mayor comodidad, pero no cabe pensar que el Gobierno, que es un gobierno transitorio, con un presidente angustiado por su porvenir, varíe un milímetro su política por estos comentarios. La reacción del consejero Tarancón, felicitándose porque la memoria del Consell Valencià de Cultura coincida plenamente con las decisiones de la Generalidad, indica el camino que seguirán las respuestas que puedan demandarse: negar la mayor y mirar hacia otro lado. Un poco tarde, llega este paso al frente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 25 de octubre de 2002