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Crónica:VALENCIA | LA LIDIA

Descastados los de don Jesús

Anunciaron una novillada de Valdeolivas, propiedad de Jesús Gil, y salió rana. Es decir, salió mala. No es que procedieran del infierno, donde el ínclito Gil ha tenido al Atleti dos años, pero cerca sí estaban. A excepción del ratolín con cuernos que hizo tercero, el resto tuvo presencia y cierta seriedad. Pero ahí terminaba todo. Resultaron mansos, descastados, distraídos y venidos a menos. El remiendo de Garci Grande, solidario con los titulares, no mejoró el panorama. La mejor condición de todos fue la nobleza, aunque más que bondad lo que tuvieron fue una clamorosa sosería.

La oferta ganadera no resultó, desde luego, muy atractiva y el mano a mano no tuvo tampoco sensaciones de rivalidad: sólo un atisbo en quites al primero. Los dos novilleros pusieron interés, faltaría más, pero al final acabaron contagiados y estrellados ante lote tan insípido. Juan Alberto, que malogró con la espada una buena faena al primero, anduvo solvente toda la tarde. Miñarro puso siempre el corazón por delante, comenzó bien sus faenas y resolvió digno.

Valdeolivas, Grande / Alberto y Miñarro

Cinco novillos de Valdeolivas y uno, el segundo de Garci Grande. Juan Alberto: silencio tras dos avisos, saludos tras aviso y silencio. José Luis Miñarro: silencio tras aviso, vuelta y oreja. Plaza de Valencia, 13 de octubre.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 14 de octubre de 2002