Un corazón sin fondo
Con frecuencia recurrimos a frases hechas y calificativos que, aunque sinceros, de tan usados pierden su valor. Es el caso de la poesía de Juan Antonio Masoliver Ródenas (Barcelona, 1939), para la que no caben otras denominaciones que esas que, aunque reiteradas, son necesarias: singularidad, radicalidad, trascendentalidad o personalidad son algunas de esas débiles pero exactas definiciones. Su escritura viene cargada de densidad vital y de fuerza expresiva, de una significativa y nada casta coherencia emocional, pero sobre todo es manifestación de un mundo abierto, de una libertad moral y literaria a la que el lector no tiene más remedio que medirse con igual inteligencia a la desplegada por el poema.
LA MEMORIA SIN TREGUA
Juan Antonio Masoliver Ródenas
El Acantilado. Barcelona, 2002
130 páginas. 9 euros
La publicación de su Poesía reunida (El Acantilado, 1999) manifestó el carácter de 'obra en proceso' de una escritura empeñada en entretejer un único y largo poema, cuya naturaleza definitiva viene dada por series de poemas individuales que se sostienen como tales gracias a su propio cuerpo articulado. En ese movimiento unitario y coherente se inserta su último libro, La memoria sin tregua, un nuevo alzado existencial a sumar al dibujo reincidente y granítico de su mundo propio. Quizá sea ésta su imagen más desalentada y descorazonada, más indisoluble y sobria, y a la vez más vitalmente analítica y cercana al lector. Desechado todo artificio, las imágenes desnudas vienen a relatar el vacío, la agonía del deseo y el espejo roto del placer: '¡Duele tanto la mirada / de mirar en el vacío! / El corazón es un pozo / sin fondo'.
La memoria angustiosa y su paisaje circular, el cuerpo femenino y la irreprimible pasión física, su erotismo expresionista tan desatado como agónico, las ruinas y la amarga desolación ante el tiempo ciego y el cuerpo precario de la muerte, son algunos de los nudos destilados por la humana red de una vida revisitada y vuelta a imaginar en el presente. Como expresa su título, la memoria es incapaz de encontrar una tregua, pues 'El corazón / regresa al dolor / como buscan la oscuridad / los peces ciegos', lo único que permanece y queda son 'Añicos / del olvido' flotando en una 'resaca de ceniza', ante lo cual sólo cabe sucumbir 'al pozo / y a su lodo'. Aun así las imágenes se ven, porque esta obra es un ejercicio de percepción, fruto de una mirada reflexiva sobre las grietas del pasado. Un oficio de vida, una visión áspera y desgarrada, que vive porque percibe: 'Como busca una luz / el ciego o un corazón / el que una vez amó'.
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