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Crónica:Gran Premio de Brasil | MOTOCICLISMO

Rossi rompe todos los esquemas

El italiano gana en MotoGP y se proclama campeón del mundo por cuarta vez

El señor Valentino Rossi, de 23 años, natural de Urbino (Italia), el mismo que se hace llamar Il dottore desde que una vez descubriera en una guía de teléfonos de su ciudad que allí residían un montón de médicos apellidados como él; un tipo divertido, sin más enemigos en el circuito que su compatriota Max Biaggi, que no le traga, capaz de cruzar una línea de meta sentado de lado en la moto, o de pie, dibujando una inacabable sonrisa detrás de su casco, repleto éste de pegatinas, entre ellas una en la que su caricatura y la de Ronaldo comparten sonrisa... En fin, que el señor Valentino Rossi, ¿quién lo dudaba?, se proclamó ayer en Río de Janiero campeón del mundo en la categoría de MotoGP, el cuarto título que conquista en sus siete años de profesional, el segundo consecutivo en la máxima cilindrada. Nada nuevo bajo el sol. Y nada nuevo bajo el aguacero que ayer convirtió el circuito Nelson Piquet en una trampa. Para Rossi no hay trampas, ni lluvia, ni accidentes, ni rivales. El mejor corredor del mundo, y con diferencia, le dio ayer lustre a su leyenda conquistando la victoria número 50 de su carrera.

Ganó Rossi la carrera y, de paso, el título, beneficiado por la caída en la segunda vuelta del japonés Tohru Ukawa, su compañero de equipo, el único al que las matemáticas aún concedían alguna esperanza. Cuatro grandes premios quedan por delante y en el horizonte de Rossi se asoma un reto extraordinario: el de birlarle a su predecesor en esto de ser un mito del motociclismo, el australiano Mike Doohan, el récord que éste dibujara allá en el año 97, el de más carreras ganadas en una misma temporada. Doce consiguió Doohan; Rossi lleva 10 de 12 disputadas.

Pero, posiblemente, Rossi desconoce este hecho. Porque, según asegura, de números él no sabe. Él corre en moto porque le divierte. Y porque gana. Vaya si gana. Conquistó el título en el año 97 (125cc), en el 99 (250cc), en el 2001 (500cc) y en el 2002 (MotoGP). Y lo que le queda.

Que Rossi conquistaría ayer el Mundial se sabía hace un siglo. La duda era si, además, conseguiría ganar la prueba. La lluvia cayó sin descanso y, con Ukawa fuera de la lucha desde los primreos instantes, podría pensarse que Rossi, al que bastaba el quinto puesto para ser campeón, optaría por la prudencia. Pues no. Dejó que Roberts encabezara la carrera durante un buen número de vueltas, se colocó pegadito a él, como protegiéndose de la lluvia, y cuando consideró llegado el momento le rebasó. Siendo ésta una categoría donde todos se pliegan al insultante dictado de Rossi, resultó digno de elogio el papel de Carlos Checa, que hizo una carrera maravillosa. Sobre todo, porque todo se le puso en contra. Se quedó clavado en la salida y arrancó en el último lugar. Pero remontó de forma asombrosa. Fue acercándose a los puestos de cabeza, rebasando corredores, uno tras otro, ¿dónde vas?, debió gritarle Biaggi cuando le vio colarse no se sabe bien por qué hueco.

De repente se encontró tras Rossi. Palabras mayores. Parecía un buen momento para agachar la cabeza, reducir la marcha y conformarse con un segundo puesto más que digno en una categoría donde el primero está otorgado de antemano. No fue así. Checa vio que era su momento, su gran momento, y también rebasó al campeón. Instantes después, la moto le hizo un extraño, le mandó al césped y le dejó sin una victoria que, a ocho vueltas del final, tocaba con los dedos.

Sólo Checa elevó el tono de una carrera repleta de accidentes y en la que Rossi hizo lo que le dio la santa gana. Incluso eligió la discreción a la hora de entrar en la meta, que tampoco era cuestión de arriesgar el título por dar espectáculo. Luego, le colocaron un 1 en medio del 46, su número, que luce en su moto, y se vistió con una camiseta blanca donde relucía su caricatura con una bombilla sobre su cabeza, sobre la cabeza del mejor corredor que existe, que se ha hecho un hueco entre los más grandes de la historia y cuyos límites se desconocen. Más que nada porque el chico sólo tiene 23 años. 'Doohan sigue siendo mejor que yo', acostumbra a declarar Rossi. Pero la duda es ¿por cuanto tiempo?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 22 de septiembre de 2002