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DETERIORO DE ESPACIOS DE BARCELONA

Gitanos sin agua ni luz junto a L'Illa Diagonal

La calle de Morales, entre la Travessera de les Corts y la calle de Burdeos, forma parte de la zona conocida como Colònia Castells, que va a ser derribada para construir nuevos edificios. Situada en el casco antiguo de Les Corts, la zona tiene vía libre para ser reformada. Pero hay un episodio polémico que retrasa el inicio de las obras: desde hace más de seis meses, uno de los edificios está ocupado por unos treinta gitanos, que malviven en precarias condiciones.

Ángela Cádiz es una de las ocupantes. Afirma que todo loque tiene son 30 años y tres hijos. Pero hasta de eso duda. 'Tengo miedo de que Bienestar Social me quite a los niños porque, claro, viviendo en estas condiciones, nunca se sabe', señala. Ángela y sus retoños ocupan este viejo edificio, situado a tres pasos de L'Illa Diagonal, sin luz, agua ni gas, 'y con unos techos que parece que se van a caer en cuanto llueve un poco', dice.

Ángela asegura que espera desde hace ocho años que le concedan un piso de protección oficial. Mientras tanto vive donde puede, ocupando pisos vacíos. 'Pertenecemos la tribu de los Brady, todo el día con los trastos de un lado para otro porque nos echan de todos lo sitios, pero es que no tenemos para pagar un alquiler'. Su hermano Diego, de 19 años, relata que se busca la vida 'chatarreando o vendiendo fruta'. Como todos, los Cádiz van a buscar agua a la fuente para lavarse y limpiar, hace poco han 'trampeado' la luz y usan un hornillo de gas para cocinar.

Carmen, una adolescente con dos niños, enseña su 'casa', un cuarto minúsculo comido por la humedad, y relata su miedo al patio de atrás, con tres metros de basura. 'Hay unas ratas enormes que te miran directamente a los ojos. No pueden ser de este planeta', concluye.

La situación se ha hecho insostenible. Casi medio millar de vecinos han presentado una denuncia conjunta en el distrito contra los ocupantes 'por problemas higiénicos y de seguridad, por incidentes y robos'. Desde la denuncia, y a la espera de la orden judicial que permita echar a los ocupantes, una patrulla de policía pasa por la finca dos o tres veces al día.

Una vecina que no quiere identificarse 'por miedo', asegura que la comunidad que vive en las inmediaciones del edificio ocupado 'se siente amenazada y a veces agredida'. 'Nosotros no tenemos la culpa de su situación y de cómo viven', dice. Fuentes del Ayuntamiento afirman que si las familias que viven en el 16 de la calle de Morales solicitaran algún tipo de ayuda social 'se estudiaría cada caso', pero en última instancia 'todo depende de lo que decida el juez'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 18 de septiembre de 2002