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ES EL MOMENTO DE... | PROPUESTAS

Los diablos de L'Arboç

Desde la mitad del siglo XIX, los 'diables' de esta población tarraconense juegan con el fuego y ponen en solfa los hechos ocurridos a lo largo del año. La cita es en esta ocasión el 25 de agosto.

Figuran entre los más famosos de Cataluña y pertenecen a esa élite privilegiada de 'diablos centenarios', denominación que marca la diferencia con algunos, advenedizos, que se han anotado a los aspectos más vistosos -fuego incluido-, sin profundizar en su esencia. La colla de diables forma parte sustancial de la Festa Major de L'Arboç (Tarragona), cuyo día principal es el cuarto domingo de agosto. Con unos 3.800 habitantes y a 38 kilómetros de la capital, pertenece a la comarca del Baix Penedès, y este año disfrutará de sus días más alegres, en honor a san Julián, entre el 23 y el 28 de agosto.

Acerca de estos diablos existen datos escritos desde 1846; sólo los periodos bélicos -curiosamente: parecería que éste debiera ser el escenario idóneo para tan maléficos personajes- han impedido sus evoluciones. Junto a ellos, y con similar fecha de nacimiento sobre el papel, están los gegants (gigantes), con Chabra, que simboliza a un general francés de la Guerra de la Independencia, a la cabeza.

Esta Festa Major permite al forastero familiarizarse con los demás elementos del rico entramado de las tradiciones de L'Arboç. Así, pueden exhibir con orgullo un interesante ball de bastons (baile de bastones, o palos), un ball de gitanes (baile de gitanas) y una cita castellera de alto nivel, a pesar de que no tienen agrupación propia.

El espíritu conservador no está reñido en este caso con la innovación: en 1993 se incorporó a la fiesta un lúdico monstruo, el drac Badalot, poderoso e ígneo como buen dragón. Porque el fuego es uno de los elementos fundamentales de la celebración, y uno de los aspectos, también, que distinguen a los diables más serios: sabedores del riesgo de lo que se traen entre manos, extreman el cuidado y ponen los medios para que momentos tan brillantes como la carretillada final (unos veinte minutos de fuego ininterrumpido) se queden simplemente en eso, en un gran y participativo espectáculo.

La otra característica la constituyen los balls parlats (bailes hablados), cuyo hilo conductor son los versos (versots) en los que los diablos ponen en solfa los hechos relevantes ocurridos o por ocurrir. Y que tiemblen los pobres mortales afectados.

- Información: 977 67 00 83 y 977 67 02 82.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 17 de agosto de 2002