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Un ratón castrado hace de semental de cabras y cerdos

Un equipo científico de EE UU y Alemania sintetiza esperma de otras especies al injertar tejido de testículo en la espalda de roedores

Un ratón castrado con ocho minitestículos en la espalda que sintetizan semen de cabra. Lo han logrado científicos de la Universidad de Pensilvania (EE UU) y de Münster (Alemania). Lo lograron con tejido de cabra, pero también de cerdo y de otros ratones. El semen de estos minitestículos es perfectamente normal, como lo demuestran las fecundaciones in vitro que realizaron con este semen. Es la primera vez que se consigue que una especie sintetice semen de otra especie evolutivamente lejana, según publica hoy la revista Nature.

La técnica es sencilla: los científicos injertaron no más de un milímetro cúbico de tejido testicular inmaduro (ya que procedía de animales recién nacidos y era incapaz de producir semen) bajo la piel de la espalda del ratón. Los ratones que recibieron el injerto estaban castrados y eran inmunodeficientes (para evitar el rechazo).

El resultado: hasta ocho minitestículos capaces de sintetizar esperma se desarrollaron en la espalda de los ratones. En total, un 60% de los injertos sintetizaron semen. Los ratones no desarrollaron ninguna enfermedad. Los investigadores creen que la espalda del ratón proporciona la temperatura y el riego sanguíneo adecuados para el desarrollo de estos tejidos. Antes se había conseguido transplantar células de testículo de hámster a ratones para que produjeran semen de hámster. Siempre en los testículos. Siempre entre especies cercanas.

Los investigadores han logrado demostrar, pues, que la síntesis de esperma se puede realizar completa en un animal extraño a partir de una pequeña muestra de tejido inmaduro. Pero es que la espermatogénesis, un sistema muy complejo y muy organizado que sintetiza semen de forma ilimitada durante la madurez, está muy relacionada con multitud de hormonas como las gonadotropinas (se liberan en la hipófisis) o los andrógenos (en los testículos). Los ratones injertados, como estaban castrados, no tenían niveles normales de estas hormonas. Tras el injerto, los niveles se acercaron al de los ratones normales, lo cual, según los investigadores, se debe a que el injerto suplió al menos parcialmente la falta de testículos para el control hormonal.

Pregunta lógica: ¿para qué puede servir? Según los investigadores, para muchas cosas. Puede ser una alternativa a la congelación de las muestras de semen de aquellos hombres que se van a someter a tratamientos de cáncer que les dejan estériles. Incluso puede servir para gónadas inmaduras. O sea, para niños. Puede servir para la reproducción de especies en peligro de extinción. Puede servir para estudiar los fármacos que afectan a la espermatogénesis y para desarrollar anticonceptivos, ya que permite el estudio mucho más fácilmente que en testículos humanos. Por último, da a los genetistas una nueva herramienta para estudiar el desarrollo celular.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 16 de agosto de 2002