Reportaje:TOUR 2002 | 16ª etapa

El hombre de los 20 Tours

Echávarri y su equipo reciben el reconocimiento de la carrera francesa

Hace 20 años el ciclismo español era un páramo. Equipos pequeños, pequeñas aspiraciones. Todos dentro de casa. Un deporte aislado, encerrado en sus fronteras, sin más aspiración que la mera supervivencia. El Tour no existía. Hinault dominaba el mundo y aquí aquello parecía un asunto ajeno. 'Y entonces apareció José Miguel Echávarri', dice Jean Marie Leblanc, director general del Tour. 'Apareció en el Tour desde España, con un equipito pequeño, el Reynolds, y, sobre todo, con una gran pasión por el Tour. Una pasión que transmitió a todos sus corredores'.

Apareció Echávarri, un desconocido, por el Tour, con un equipito, con pasión y con dos corredores duros y con clase. Uno era ya conocido, Ángel Arroyo, puro pedernal; el otro era un chaval que partía a lo desconocido, Pedro Delgado. 'Fuimos a poner la cara y a que nos dieran de tortas, como unos novatos', recuerda Arroyo. Qué va. Arroyo terminó segundo, Delgado se reveló en los Pirineos y España descubrió la pasión del Tour. Era en 1983. 'Fuimos al casino y tuvimos la suerte del novato', dice, más modestamente, José Miguel Echávarri. Pero la suerte no desapareció con los años. Ayer el Tour, Leblanc, entregó a Echávarri (y al mecánico Enrique Sanz y al chico para todo Francis Lafargue) la medalla del reconocimiento, la pieza dorada que reciben todos los que cumplen 20 años de presencia en el Tour.

Es el director que más títulos de la carrera ha ganado: seis, tras los siete de Cyrille Guimard

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En ese tiempo Echávarri ha conocido a 10 ganadores del Tour (Fignon, Hinault, LeMond, Roche, Delgado, Indurain, Riis, Ullrich, Pantani y Armstrong); ha ganado seis por su cuenta (uno con Pedro Delgado, finalmente, en 1988, y cinco con Miguel Indurain, del 91 al 95, lo que le coloca segundo, tras Cyrille Guimard (uno con Van Impe, en 1976, cuatro con Hinault, 78, 79, 81 y 82, y dos con Fignon, 83 y 84); el Reynolds ha pasado a ser el Banesto, y el director navarro, de 54 años, sigue, como si fuera un bacilo, transmitiendo el virus Tour a casi todos los corredores que pasan por sus manos. También a los periodistas que pudieron conocer la carrera francesa gracias a sus éxitos, y a la afición española, que ha convertido el Tour en el pasatiempo favorito de las tardes de julio.

Leblanc lleva más de 20 Tours y conoce a Echávarri desde mucho antes. 'En 1969 coincidimos los dos en el Bic, como gregarios de Anquetil y Ocaña', recuerda Leblanc, que después se hizo periodista de L'Équipe, antes de empezar a dirigir el mismísimo evento en 1989. 'Y luego he visto cómo, y lo he escrito, ha dirigido la renovación del ciclismo español. Ha sido como Davide Boifava , en Italia. Tuvo el valor de arriesgarse y sacar al ciclismo español de España, de su estrecho gueto'.

Leblanc, que considera a Echávarri su amigo, 'pese a algunas desavenencias surgidas porque hubo mucho nerviosismo después de que se retirara Indurain', explica, destaca del técnico navarro su 'penetración psicológica'. 'Enseguida desarrolló un gran feeling táctico, controló las claves de la carrera, se empapó de su historia y de su cultura'.

El director del Tour le admira, el encargado del aparcamiento de equipos reserva el mejor hueco todas las mañanas para el Mercedes con el que recorre la etapa por delante de los corredores ('ponlo aquí Yosé Migüel', le dice en francés, 'que aquí dará la sombra todo el tiempo'), los comisarios de toda la vida se pasan a cenar con él, y él sigue yendo al Tour y pese a los 20 Tours que ya ha cumplido sigue hablando de paciencia. La paciencia que tuvo con Delgado pese a que el segoviano, un hombre de brillo inmediato, pudo haber ganado el primer Tour en el que participó; la paciencia con Indurain, su lenta crianza, hasta que el navarro no ganó su primer Tour en 1991, a los 27 años ya cumplidos, en su séptima participación. Y, sobre todo, la paciencia con la que atravesó el desierto tras la retirada del navarro. Desde entonces logró un cuarto puesto con Olano (1997) y un segundo con Zülle (1999), dos hombres de transición. Y mientras tanto ha estado trabajando con otro joven, con Francisco Mancebo, el último de sus enfermos por la carrera del maillot jaune, que ya cumple su cuarto Tour. 'Y puede que dentro de tres años podamos estar celebrando su primer Tour', promete, luciendo optimismo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 24 de julio de 2002.

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