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Reportaje:

Dos años vigilando las ondas

El Consejo del Audiovisual de Cataluña se consolida como una institución independiente del poder político

El Consejo del Audiovisual de Cataluña (CAC) nació hace dos años en medio de suspicacias. ¿Sería capaz un organismo cuya composición reproducía a pequeña escala el reparto de fuerzas políticas del Parlament y cuyo presidente era nombrado por el Gobierno autónomo mantenerse independiente del poder político? ¿Lograría el nuevo CAC -antes había existido brevemente otro con muchas menos competencias- que gobernantes, operadores, profesionales del ramo y la ciudadanía en general lo reconocieran y respetaran como autoridad reguladora del sistema audiovisual? Todo indica que lo ha conseguido. Muestra de ello es su abundante y valorada actividad y el no haber tenido que recurrir nunca a una de sus potestades: sancionar al infractor. Hasta ahora las irregularidades que ha observado en su tarea de vigilancia de las ondas se han solventado mediante el diálogo. 'El reconocimiento moral que hemos ido consiguiendo ha hecho que las advertencias que lanzamos sean tomadas rápidamente en serio y que quienes no están actuando correctamente rectifiquen', apunta Francesc Codina, presidente del CAC.

- El consenso. El CAC está formado por 10 miembros -nueve consejeros y el presidente-, ocho hombres y dos mujeres, todos con plena dedicación. Uno de los logros de los que presumen es que, pese a la diversa adscripción política e ideología, la totalidad de los acuerdos se han adoptado por asentimiento. Jamás se ha votado ninguna decisión. A juicio del consejero Joan Manuel Tresserras, justamente este consenso y 'la prudencia' con la que se han emitido dictámenes e informes -algunos de ellos extremadamente delicados, como aquellos en los que el CAC se pronunciaba sobre el pluralismo informativo en los medios, el modelo de servicio público audiovisual o la viabilidad de una agencia catalana de comunicación- y resoluciones 'han reforzado la autoridad de la institución'.

- Dictámenes, recomendaciones e informes. El trabajo del CAC se ha desarrollado principalmente en estos tres ámbitos. Su intervención ha sido decisiva en diversos casos. El consejo no ha tenido miramientos ni con los medios públicos ni con poderosos grupos de comunicación. A modo de ejemplo, hay que recordar que su reprimenda a TV-3 por la nefasta cobertura del atentado de ETA contra Ernest Lluch precipitó la marcha de la cadena del director de informativos, Josep Maria Torrent; que la advertencia a BTV de que su modelo de gestión no se ajustaba a la ley motivó que la cadena lo modificara de inmediato, y que la amonestación al Grupo Planeta por ceder Ràdio Vic a Onda Rambla, propiedad de Luis del Olmo, obligó a legalizar la situación. Sin que mediaran multas. Sus recomendaciones sobre la cobertura informativa de las tragedias por televisión y de la inmigración también han contribuido al debate y, por tanto, a paliar tratamientos faltos de ética. En su obsesión por el diálogo, han logrado incluso poner de acuerdo a todas las televisiones locales para la autorregulación del sector.

- Independencia. Codina enarbola la independencia del CAC como uno de sus valores más preciados y asegura que en estos dos años no ha recibido directriz alguna del Gobierno ni de su partido. Lo ilustra recordando un veredicto del consejo que a buen seguro no fue del agrado de CiU, la formación a la que él pertenece. El caso fue que el PP y CiU pidieron la intervención del CAC porque consideraban que la radio y la televisión municipales de L'Hospitalet no eran plurales. El CAC, tras estudiar detenidamente las programaciones, resolvió que la opinión del PP y CiU carecía de base.

- Asignatura pendiente. La principal asignatura pendiente es no haber podido convencer a los grupos parlamentarios de la importancia para Cataluña de la Ley del Audiovisual. Codina, sin embargo, no tira la toalla y se muestra esperanzado de que tras las vacaciones los diputados se tomen en serio la redacción de la norma.

- Nuevos objetivos. Entre sus fines destaca demostrar la viabilidad de la recién creada Agencia de Calidad y Autorregulación de Internet y convocar, en el marco del Fòrum 2004, a todos los consejos audiovisuales del mundo y conseguir luego que, después del evento, Barcelona sea sede permanente de una organización mundial de autoridades reguladoras.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de julio de 2002