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Reportaje:Mundial 2002 | Crisis en el banquillo de España

Un hombre de adiós fácil

La trayectoria de Camacho, sólo destituido del Sevilla, se caracteriza por abandonar el cargo pronto, antes siquiera de llegar a ser cuestionado

Robert Álvarez

Si alguien rehúye de las medias tintas, ése es Camacho. Lo tiene a gala. Si algo le molesta, si no se siente a gusto, si observa flaquezas o conformismo, su reacción es fulminante. Lo había demostrado sobre el césped, cuando era jugador. El mal juego o un mal resultado le sublevaban. Eran proverbiales sus arengas. Llegaron a ser de tal calibre que se hacían poco menos que insufribles para sus propios compañeros. Ya como entrenador, un día destrozó las vallas publicitarias situadas junto a su banquillo en Vallecas; otro día, en el Espanyol, expulsó a seis jugadores porque 'se relajaron' durante un entrenamiento voluntario; y, en el Real Madrid, el club de toda su vida, no llegó a ejercer de entrenador porque 22 días después de firmar lo envió todo a freír espárragos por no estar de acuerdo con las condiciones que la directiva imponía en los contratos de sus ayudantes. En la selección ya había hecho más de un amago de dimisión. Hace dos años, poco antes de un amistoso ante Croacia, cansado de las protestas de los clubes por sus convocatorias, manifestó: 'Si no estoy a gusto me voy, y no estoy a gusto'.

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Camacho es así

Camacho accedió al cargo en septiembre de 1998, tras la derrota de España en Chipre en la fase de clasificación para la Eurocopa. A la selección se le exigía un salto de calidad en consonancia con la categoría de sus jugadores y con el potencial de sus clubes. Se respiraba en torno a la selección un ambiente de cierta frustración. Se encallaba a menudo en momentos previos a los más excitantes: cuartos de final en la Eurocopa 96 y en el Mundial 94, además de la prematura eliminación en el Mundial 98.

Camacho no ha logrado superar ninguno de los listones ante los que ya Clemente se estrelló. En la Eurocopa de 2000, España se despidió tras perder en cuartos de final ante Francia en un partido que perdió por 2-1 y en el que Raúl falló un penalti en los minutos finales. Y la historia del Mundial es sabida. España cayó, otra vez en cuartos de final, ante Corea del Sur, en un partido en el que fue perjudicada por los errores arbitrales y que se decidió por un fallo de Joaquín en la tanda de penaltis. Pero queda la sensación de que España perdió una ocasión inmejorable para haber igualado, cuanto menos, su mejor clasificación en la historia de los Mundiales, el cuarto puesto obtenido en 1950. El fuste de los rivales -Eslovenia, Paraguay, Suráfrica, Irlanda y Corea del Sur- demandaba y hacía presagiar un mejor balance final.

Camacho es igual ante el jugador o ante el directivo que ante el periodista. Con su nombramiento se cerraron las heridas abiertas y la división que había dejado en herencia la última etapa de Clemente. Era visto como un entrenador con el que todos podían entenderse mejor y que no iba a discrimar entre adeptos y críticos como, por diferentes motivos, había acabado haciendo su antecesor. Sin embargo, en vísperas del Mundial reprochó a la prensa, con malas maneras, porque entendía que sólo hacía que buscarle los tres pies al gato. Atribuyó sus reproches, en una rueda de prensa, a 'un calentón' y logró de nuevo una distensión en las relaciones.

La etapa del técnico de Cieza concluye con siete derrotas y nueve empates en 44 partidos. Siempre ha pretendido ser lo más competitivo posible y por eso intentó organizar amistosos ante las mejores selecciones del mundo, aunque sólo pudo ganar el que disputó ante Francia en Mestalla (2-1).

Camacho es un entrenador de ciclos cortos. Prefiere evitar que se deterioren las relaciones o que las tensiones se hagan demasiado intensas. Así consigue también dejar la puerta abierta a un posible retorno como sucedió cuando volvió al Espanyol en 1997 después de un paréntesis en el que fue destituido como entrenador del Sevilla. Con su decisión de abandonar ahora la selección corrobora su estilo.

Sorpresa y agradecimiento de los internacionales

El adiós de Camacho ha sorprendido en el mundo futbolístico El bético Joaquín, una de las revelaciones dijo que su marcha "es una pena porque se trata de un hombre muy trabajador, con mucha ilusión y con tremendas ganas". "No creo que se deba a las críticas, porque es un hombre que no hacía mucho caso a esto", añadió. "Nadie esperaba que abandonase el cargo porque en estos últimos años ha demostrado que es un gran técnico, derrochó ilusión con el equipo nacional y le dio una entidad propia", comentó el deportivista Juan Carlos Valerón. Albert Luque, debutante con Camacho, declaró que siempre le estará muy agradecido por incluirme "en la lista de mundialistas".

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Sobre la firma

Robert Álvarez
Licenciado en Periodismo por la Autónoma de Barcelona, se incorporó a EL PAÍS en 1988. Anteriormente trabajó en La Hoja del Lunes, El Noticiero Universal y el diari Avui.

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