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Reportaje:Mundial 2002 | Brasil se corona por quinta vez

"Nos hemos quitado el peso del 98"

Ronaldo, que iguala los goles (12) mundialistas de Pelé, recuerda la derrota de hace cuatro años

'¿Qué le ha costado más: ganar el Mundial o estar cuatro semanas sin hacer el amor?'. 'Las dos cosas son difíciles, pero un Mundial se juega cada cuatro años y enseguida tendré sexo'. Pudo ser, pero nadie habría apostado por Ronaldo a tenor de sus bostezos durante su primera comparecencia ante la prensa como campeón del mundo, de nuevo como el mejor jugador del planeta, y con su cara y nombre en todas las portadas del firmamento.

Sin apear la sonrisa un segundo, Ronaldo, que el 22 de septiembre cumplirá 26 años y ya tiene tantos goles mundialistas, 12, en su currículo como Pelé -algo grande, muy grande- dijo sentirse el hombre más feliz. No le faltan motivos, sobre todo cuando uno fija la mirada en el kilométrico costurón de su rodilla derecha. 'Soy feliz, muy feliz, y tengo que dar gracias a Dios, a mi familia y a los doctores que han luchado dos años y medio conmigo sin saber si podría volver a jugar al fútbol', afirmó uno de los pocos futbolistas brasileños que tuvieron el privilegio de abandonar el estadio de Yokohama sin cargar con la ropa sucia y las botas estrujadas en una bolsa de plástico de la lavandería del hotel de concentración.

'Ahora sé que puedo jugar, que puedo volver a marcar. Es fantástico'

'Si hubiéramos perdido, estaría triste, pero yo habría tenido una victoria personal'

Ronaldo quiso echar un vistazo al futuro. Nada de especular con que si ya es el que fue y toda esa cantinela: 'No voy a pensar en nada hasta que me tranquilice. Ahora tengo mucho que celebrar y luego ya veremos. Todo lo que me está ocurriendo es fantástico, muy dulce. Pero hay que ir despacio, muy despacio'. 'Ahora sé que puedo jugar, que puedo marcar goles. Es fantástico', enfatizó el delantero del Inter, ganador ya de dos Mundiales, uno como actor secundario en Estados Unidos 94 -no jugó, pero allí estuvo- y otro como cabeza de cartel en Corea y Japón.

Sin embargo, insistió una y otra vez en pasar página a sus registros personales: 'Ninguna conquista individual supera lo que ha logrado todo el colectivo, porque tenemos un grupo maravilloso, muy batallador'. Sólo un apunte individual, un mensaje al mundo: 'Soy muy ambicioso, aún tengo muchas metas que lograr'. Hasta la fecha, su mayor éxito diario ha sido pisar un campo de fútbol. Éste es su reto, por eso dijo tras haber conquistado la Copa: 'Si hubiéramos perdido, estaría triste, claro, pero igualmente habría obtenido una victoria personal'.

Un triunfo que Ronaldo tenía grapado en su cabeza desde que sufriera aquellas convulsiones poco antes de medirse a Zidane en la final de hace cuatro años. Brasil fue goleado (3-0) y todo el país se sintió profundamente herido. Ronaldo, si cabe, más que nadie: 'Hoy nos hemos quitado un peso de nuestras conciencias. Lo he hablado en el vestuario con algunos de los que jugaron aquel día, Cafú y Roberto Carlos. Pero es evidente que el destino estaba escrito'.

Lo que ni por asomo estaba tan predeterminado, ni siquiera en sus mejores sueños según reconoció él mismo, es que el futuro le reservara un papel tan estelar. Máxime tras sus gravísimas lesiones de 1999 y 2000, cuando se sintió sepultado para siempre. Desde ayer es otro, por el quinto título de Brasil y por su éxito personal; no por los goles, sino por mantenerse de pie durante un torneo tan exigente. Tan excitante que algunos pierden el hilo por muy enchufados que estén a la lámpara mágica.

Agotado como estaba tras un mes estresante, Ronaldo, guiado por su necesidad de sosiego, se congratuló por otro motivo: 'La victoria nos evita los problemas de las eliminatorias de clasificación para 2006'. Para nada, la FIFA decidió el pasado mes de diciembre que, por primera vez en la historia del Mundial, el ganador no tenga la plaza asegurada.

Al conocer el dato, Ronaldo torció el morro por primera vez. 'Ufff..., qué pena', soltó antes del bostezo final del octavo jugador de la historia que marca dos goles en una final, tras los italianos Coloussi y Piola (1938), el alemán Rahn (1954), sus compatriotas Vavá y Pelé (1958), el argentino Kempes (1978) y el francés Zidane (1998). A todos ellos les supera el inglés Hurst, con tres tantos en la final de Wembley de 1966. Pero Ronaldo ha vuelto y ya nadie está seguro, ni siquiera Pelé. Mucho menos si, una vez recuperado el trono, el delantero proclama: 'Soy muy ambicioso'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 1 de julio de 2002