'Barry'
El pasado jueves metí a nuestro pequeño hámster en una caja de zapatos y salí a la calle en dirección a una clínica veterinaria que hay cerca de casa. Pretendía ponerle la inyección letal y acabar así con su sufrimiento. Aparte de estar bastante calvo, llevaba dos semanas rascándose con una furia tal que su pequeño cuerpo estaba lleno de llagas. Convencida de que por lo menos era sarna, prohibí a los niños acercarse, me puse los guantes de fregar, lo cogí del cuello, lo introduje en la caja y me puse en marcha. Al llegar a la clínica, me dijeron que el experto en 'exóticos' tardaría un poco. No hice ningún comentario y me senté. Empecé a hojear una revista sobre canguros y a ensayar argumentaciones a favor de la eutanasia. En eso, llegó el veterinario. Me levanté muy decidida y empecé a explicarle; él me dejó hablar y se dedicó a untar, pinchar, rascar, manosear. 'Cómo se llama?', preguntó. 'Barry', dije.
Entonces empezó a hablarle en voz bajita, mientras le curaba las llagas y le rociaba no sé qué antibiótico con un algodón diminuto. Una hora más tarde salí de la clínica con mi pequeño hámster hecho una bola dentro de la caja, una larga hoja de instrucciones para las curas en casa y la sensación de que aquel médico era como John Wayne. Esa noche mi marido y yo teníamos una cena a la que llegamos con hora y media de retraso. Durante el viaje en coche, le conté la tontería inexplicable, intenté hacerle comprender lo que sentí cuando salí a la calle con Barry en la caja. Él me preguntó si iba a tener tiempo para tanta historia. Le contesté que no lo sabía. Mentí. Estaba segura de que sería un verdadero incordio. Llevo cinco días curándole por la mañana y por la noche. En todo este tiempo, mis manos, acostumbradas a coger el teléfono y teclear ante un ordenador, han puesto inyecciones, untado pomadas cicatrizantes y retirado capas muertas de una piel tan delgada que es casi transparente. Y en todo este tiempo, no ha salido del pequeño cuerpo de Buda (lo he rebautizado) un solo amago de agresión, mordisco, queja. Nada. Un cuerpo imperfecto lleno de la mansedumbre más perfecta... ¿será por eso lo de 'exóticos'?


























































