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japón - turquía | Octavos de final: Japón-Turquía | Mundial 2002

Ono, el tulipán japonés

El centrocampista del Feyenoord es adorado en su país

Todavía no tiene tres biografías en el mercado como su compatriota Nakata, pero Ono, el buen centrocampista japonés, lleva el mismo camino. De momento, tanto él como su compañera, Chieko, tienen secretarias, asistentes personales y traductores a su servicio. Este último detalle, por cortesía del Feyenoord, el actual campeón de la Copa de la UEFA, donde Ono ha cumplido una gran temporada. Su dinamismo, su manejo de las dos piernas y su control del juego le han disparado en el mercado y en Japón es, junto a Nakata e Inamoto, algo más que un futbolista. Es un mesías en el que los hinchas han volcado sus sueños.

Ono, nacido hace 22 años en Numazu, en la provincia de Shizuoka, la cuna del fútbol en Japón, es todo un caso de precocidad. Deslumbrado desde su infancia por Maradona, a los ocho años ya era la estrella de su equipo colegial. Su paso por el instituto de Shimizu fue explosivo: recibió ofertas de los 16 equipos de la Liga profesional. Con 18 años firmó su primer contrato remunerado con el Urawa y empezó su frenético despegue. Debutó el 1 de marzo de 1998, a los 24 días marcó su primer gol, una semana después se hizo internacional y a las pocas horas fue convocado para el Mundial de Francia 98, en el que fue el más joven de su selección. Esa misma temporada fue elegido el mejor juvenil de Asia y novato del año en la Liga de su país. En 1999 capitaneó a Japón en el Mundial juvenil, en el que su equipo acabó el segundo.

Iba como un cohete hasta que una lesión de rodilla le apartó de los Juegos Olímpicos de Sidney 2000. Un yugoslavo afincado en Japón, Petrovic, le puso en la pista del fútbol europeo. El Borussia de Dortmund y el Feyenoord le tiraron flores y Ono se inclinó por los holandeses por ser un fútbol menos físico que el alemán. Sus 74 kilos eran poca cosa que oponerse a los tanques germanos. Pero su fichaje desprendía un tufillo que disgustaba al técnico del Feyenoord, Bert van Marwijk. Con Ono desembarcaron en Rotterdam unos 30 periodistas nipones. A Van Marwijk le parecía un circo ambulante y sospechaba que la contratación sólo tenía objetivos comerciales. Paciente, Ono venció su resistencia. Le bastaron 11 minutos, en su debú ante el Sparta de Rotterdam, para ganarse la titularidad.

Ono se granjeó el cariño de los hinchas holandeses, que alucinaron cuando fue expulsado en un partido de Liga y antes de retirarse del campo se disculpó con todos sus compañeros y técnicos. En Japón es adorado, de manera especial tras su éxito en la Copa de la UEFA, ni más ni menos que el segundo campeonato europeo, algo que a los japoneses les parecía inalcanzable para uno de los suyos.

Con el Mundial a la vista, Ono confesó que la presión de sus compatriotas llegaba a resultarle insoportable. 'Me produce dolor de estómago'. No era una frase al vuelo, como se demostró una semana antes del inicio, cuando sus reales y agudos dolores estomacales dispararon las alarmas. Se sentía agotado por su estresante temporada en Holanda, donde ya es un tulipán más. Sin pausa, el torneo en su país le agitaba las tripas. Sobre Nakata, Inamoto y él recaen las ilusiones de un país en ebullición futbolística.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 18 de junio de 2002