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REPORTAJE

Bajo el trauma de París

La 'canarinha' llega cargada de dudas y sin haber superado aún la dolorosa derrota de la final del 98

Todas las escenas de París siguen ahí. Los gritos, el ataque ¿epiléctico? y el desmayo de Ronaldo. Su misterioso traslado al hospital. La canarinha viajando sin su estrella al estadio de Francia, en Saint Denis, para jugar la final del Mundial de 1998. El papel de las alineaciones que consterna a todo un país: ¡Juega Edmundo y no Ronaldo! El delantero del Inter apareciendo al final como un espectro sobre el césped. La Marsellesa retumbando en la mente de los once jugadores, que, petrificados, sin aliento, ven cómo Zidane toca el cielo con dos goles. Petit marcando el tercero. La humillación: el 3-0. Todas esas imágenes, sucedidas hace cuatro años, siguen martirizando y golpeando a Brasil. La canarinha se ha ido arrastrando desde entonces y su pase para el Mundial ha sido una agonía. Ronaldo dijo hace poco que todo el país tiene atragantada aquella final. Y que quizá la mejor forma de superar el trauma de París sea cruzarse ahora en un partido a todo o nada con Francia.

Quizá fue un gesto tan osado como optimista porque la canarinha está viviendo una de las horas más bajas de su historia. Brasil ha viajado a Asia con el pasado glorioso de sus cuatro Copas del Mundo, pero con un presente sombrío y un futuro cargado de dudas. Desde el trauma de París, la Confederación de Futbol Brasileña (CFB), salpicada además por casos de corrupción, ha apostado por cuatro seleccionadores distintos: Luxemburgo, Canadinho, un partido, Leao y el actual, Luiz Felipe Scolari. Todo un récord. Sus registros han rozado el escarnio: logró el pase en la última jornada de la fase de clasificación. De los 18 partidos del grupo suramericano, ganó nueve, empató tres y perdió seis ante rivales tan débiles como Bolivia o Ecuador.

Casi es lógico que un aurea de escepticismo envuelva a la canarinha. Ni siquiera le queda a la torcida el consuelo de que el ilusionista Romario tenga un hueco en Corea del Sur y Japón. Pero Felipao, como llaman en su país al seleccionador, ha seguido los pasos de Mario Zagallo, su antecesor en Francia, y ha desoído el clamor popular y prescindido de la fantasía del veterano delantero. Brasil es ahora un espejo de las dudas de sus principales figuras. Rivaldo, tan apagado este año en el Barça, tan maltratado por una cadena de lesiones, es la gran incógnita. Él dice que llega al ciento por ciento, pero su dolor ha venido a aumentar el recelo de la afición, que nunca se ha sentido seducida por el introvertido norteño. Y qué decir de Ronaldo, todavía falto de forma tras haber estado casi dos años parado. Quizá este Mundial esté reservado para otros nombres. Scolari, eso sí, cuenta con dos delanteros soberbios: el bético Denilson y Ronaldinho, hábil y goleador.

El sorteo ha sido benigno con Brasil, que superará la primera fase sin sobresaltos. No parece que China, Costa Rica y Turquía puedan causarle mayores problemas. Pero el cruce en los cuartos será otra historia: allí le aguardarán la poderosa Argentina, la eficaz Italia o Francia, su bestia negra, y se verá entonces su verdadera dimensión. Varios de los periodistas que siguen a la canarinha admiten que será una sorpresa que tenga una larga vida. Pero Brasil siempre es Brasil y Felipao se siente firme. 'Ronaldo y Rivaldo están algo agotados. Pero creo que llegamos bien al Mundial', dijo tras vencer a Cataluña en el Camp Nou (3-1). Ricardo Texeira, el presidente de la CBF, bajo investigación fiscal por casos de corrupción y que volvió a aparecer en Barcelona, es más optimista. Ve a su equipo con fuerza para ir por la quinta Copa. Hasta el punto de que ha prometido, si la gana, jugar otro amistoso en Barcelona.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 29 de mayo de 2002