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FÚTBOL | Segunda División

'Hemos sido unos inocentes', dice enojadísimo Luis Aragonés

'Ni Neptuno, ni gaitas', la voz un poco apagada, como ida, de una aficionada rojiblanca, resumió el fin de fiesta ayer en el Calderón. Del bufandeo eufórico tras el tanto de Correa, el tercero del Atlético, a los gestos de fastidio, cuando, una vez hubo empatado el Nastic, el mono Burgos se afanaba en sumarse al ataque en el último minuto. Una decisión populista que casi dio fruto en un barullo final.

'La afición juega su partido, y nosotros el nuestro', subrayó Luis Aragonés, el técnico rojiblanco, con la voz rota, casi inaudible y ronca de abroncar a sus defensas. Y es que tuvo muchos motivos para abroncarles, tantos, que según el preparador esa fue la causa del empate: 'Hemos sido unos inocentes. Ha sido un despiste impresionante'. Aragonés insistió una y otra vez en la endeblez de su retaguardia. 'Muy inocentes', repetía una y otra vez.

Mientras, la afición abandonaba el estadio con cara de huérfano solitario, sin tristeza, pero fastidiada por el retraso de la celebración. Un grupo de jóvenes hinchas recogía en una furgoneta las camisetas conmemorativas que pensaban distribuir para el festejo. 'Se te queda un poco cara de tonto', aseguraba uno de ellos, que precisó: 'No es un drama, pero te jode'.

Una definición con la que coincidieron Aragonés y Alonso. Para el técnico, 'ni hay drama, ni hay nervios. Lo único que quiero es subir, que tardo siete días más, pues bueno'. Por su parte, el uruguayo confesó que había llorado tras conseguir el segundo tanto, pero aseguró que el vestuario no estaba 'tocado'. Sin embargo, las caras de los jugadores rojiblancos no expresaban felicidad.'Los chavales están jodidos', se despachó Jesús Gil. 'El destino quiso que bajáramos en Oviedo y quiere que subamos allí', afirmó un cabalístico Alonso. Y es que, la plantilla rojiblanca prefiere ganar la próxima jornada a que hoy se produzca una carambola que le devuelva, por fin, a Primera.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 28 de abril de 2002