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Reportaje:

Las obras del puerto indignan a los pescadores de Barcelona

La Cofradía de Barcelona teme que las obras del puerto dañen el hábitat marino

Los nervios están a flor de piel en la Cofradía de Pescadores de Barcelona. Las obras de ampliación del puerto suponen, según los pescadores, una grave amenaza para los recursos pesqueros del litoral de Barcelona. Temen que las tareas de dragado y vertido de lodos y finos acaben con las especies que habitan en la costa de la ciudad y alertan de que incluso las playas pueden resultar perjudicadas. La Autoridad Portuaria asegura que cuenta con todos los permisos y que los informes previos, incluida la declaración de impacto ambiental, son favorables a las obras, que comenzarán en unas semanas.

Los pescadores explican que para preparar la zona donde se construirá el futuro dique este del puerto es necesario dragar y posteriormente verter 2,5 millones de metros cúbicos de sedimentos en un área del mar que se encuentra a unos tres kilómetros del actual rompeolas. Se trata de materiales finos que, según los pescadores, pueden tardar días en depositarse en el fondo del mar a causa de las corrientes marítimas, dañando la transparencia del agua, un factor determinante para la vida de los recursos pesqueros y su hábitat.

Teniendo en cuenta que la totalidad de las obras del puerto se prolongará durante varios años, la Cofradía de Pescadores denuncia que el proyecto de ampliación no ha tenido en cuenta sus intereses y anuncia movilizaciones si no se replantean las obras. El portavoz de la Cofradía, José Antonio Caparrós, se muestra tajante: 'La famosa ciudad abierta al mar es un puro eslogan, y nadie piensa que en Barcelona hay una flota de 100 barcos de pesca de la que dependen 500 familias que se pueden quedar sin su modo de vida'.

Los propios pescadores reconocen que en el año 1998, durante el periodo de alegaciones al proyecto de ampliación del puerto, no presentaron ningún escrito y ahora lo pueden pagar muy caro. Para evitarlo, han presentado recursos a todas las administraciones con el fin de que se reconsidere el proyecto y los lodos se viertan en tierra, sin dañar las aguas. Además, dicen que no se pueden permitir pagar un estudio sobre el impacto de las obras en el hábitat de los recursos pesqueros, pero aseguran que su conocimiento del oficio y la experiencia de otros vertidos en la zona abogan su preocupación.

El director general de Pesca y Asuntos Marítimos de la Generalitat, Hernan Subirats, opina que la afectación de la zona por las obras 'es evidente' y se muestra partidario de 'velar por los intereses de los pescadores, siempre que sea razonable'. Subirats añade que la ampliación del puerto es positiva para la ciudad pero que la Autoridad Portuaria podría demostrar 'más sensibilidad' hacia los pescadores, con 'indemnizaciones justas por el perjuicio que supone la ocupación del litoral y estudiando soluciones prácticas para restablecer la situación del fondo marino cuanto antes'.

Para mediar en el conflicto, Pesca ha sugerido a la Autoridad Portuaria que acepte una evaluación del impacto de las obras a un organismo imparcial: el Instituto de Ciencias del Mar, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Fuentes del instituto explican que presentaron un proyecto de estudio hace un mes a los pescadores y a la Autoridad Portuaria, pero que aún no han recibido respuesta de esta última.

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'Punto negro'

La asociación ecologista Greenpeace ha expresado reiteradamente su preocupación por el estado del litoral de Barcelona y el pasado mes de marzo, durante una comparecencia en el Parlament, alertó sobre las obras del puerto como uno de los 'puntos negros' de la costa catalana. Desde la asociación, María José Caballero expresa que los vertidos denunciados 'crearán tal turbiedad en las aguas que acabarán con el fondo marino, que es la base del ecosistema de la zona, y afectarán también a la calidad del agua de las playas'. Greenpeace propone, como los pescadores, que los residuos de los dragados se traten en tierra.

Ante el inicio de las obras de ampliación del puerto, en la Cofradía de Pescadores y el Muelle del Reloj no se habla de otra cosa. 'Esto es David contra Goliat', dice el portavoz José Antonio Caparrós. 'En las obras hay muchos intereses económicos y nadie piensa en nosotros', añade. El presidente de la cofradía, Pedro Jorquera, recuerda que, en la última década, la flota pesquera de Barcelona se ha reducido a más de la mitad. 'Pescar es cada vez más duro, las reservas están cada vez más lejos y los pescadores se van de la mar a tierra', se lamenta. La tensión aumenta entre los pescadores y evocan la última vez que se movilizaron. Fue en octubre del año 2000, durante la huelga del Petróleo. Una treintena de barcos bloquearon los accesos al puerto, impidiendo a los barcos y cruceros arribar y zarpar. 'Liamos una gorda', recuerdan.

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