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Crítica:COMPAÑÍA 10 & 10

Intimidades de un torero

En la madrileña sala Mirador, dentro del festival Madrid en Danza, la compañía 10 & 10, que dirigen Mónica Runde y Pedro Berdayes, estrenó anteayer Hanan y Panen, un espectáculo en dos partes donde brilló con luz propia la segunda de ellas.

Se echó en falta una coreografía de Runde. Estos solventes artistas nos tienen acostumbrados a ese cómodo y efectivo formato en dos partes donde cada uno de ellos hace lo suyo y baila en la del otro. Esta vez no ha sido así.

Runde se limita a participar como bailarina en Hanan, una creación colectiva poco terminada, con demasiadas pretensiones de dramaturgia, a la que ella aporta sus mejores momentos.

Todos los bailarines demuestran su potencia y su preparación, pero la obra no cuaja y se hacen demasiado presentes los guiños a la estética del teatro-danza alemán y sus elementos formales de exposición.

Pero Berdayes salva la noche con su solo Panen, un ácido recital de pantomima en que con gallardía roza lo pornográfico y se interna en las intimidades y obsesiones solitarias de un torero que quiere ser top-model de pasarela.

Final hilarante

No faltan la muñeca hinchable, la sesión frenética de onanismo, la apología del dildo como icono del ritual sexual y un final hilarante y desmelenado que no deja títere con cabeza.

Berdayes se lanza a una piscina cenagosa y despiadada; allí, con garbo y entereza, calza tacones y taconea sus miserias sin sonrojo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 13 de abril de 2002