Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
CRÓNICA

El Barça y el Madrid se hacen la puñeta

Un error de César ante un tiro lejano de Xavi permitió la réplica al gol de Zidane

El Barcelona y el Madrid se hicieron la puñeta en un partido que demandaba un ganador. Por la vía anímica, los azulgrana alcanzaron un empate que los blancos se habían bien ganado por el conducto futbolístico. El Madrid fue mejor equipo o, al menos, estuvo más armado y tuvo el encuentro a su merced por su mayor altura.

BARCELONA 1| REAL MADRID 1

Barcelona: Bonano; Puyol, Christanval, De Boer, Coco; Luis Enrique (Rochemback, m. 50), Xavi, Cocu; Rivaldo (Overmars, m. 79); Saviola y Kluivert. Real Madrid: César; Salgado, Hierro, Pavón, Roberto Carlos; Makelele, Helguera; Raúl, Zidane, Solari (McManaman, m. 90); y Guti (Savio, m. 83). Goles: 0-1. M. 38. Makelele abre a Raúl, que penetra en el área y regatea a De Boer. Coco acude por detrás, pero Raúl cede a Zidane, que marca. 1-1. M. 59. Disparo de Xavi y César se vence hacia un lado, pone la mano derecha y el balón, rebotado en ella, entra. Árbitro: Pérez Burrull. Amonestó a Xavi, Kluivert, Rochemback, Puyol Helguera y Hierro. Unos 98.000 espectadores en el Camp Nou.

Los blancos pagaron el dar por buena su ventaja tras su buen primer tiempo

Le perdió, como de costumbre, su falta de ambición y condescendencia. No supo cerrar el choque y habilitó al Barcelona. Ante la falta de juego, los azulgrana apelaron al coraje y sacaron otra igualada, como tantas otras. El partido, interrumpido por dos veces, expresó al fin y al cabo la falta de autoridad de uno y otro para manejar una Liga que, de momento, parece tener al Valencia y Deportivo en una mejor forma.

El Madrid gobernó el primer acto con una suficiencia insultante, por desconocida, en el Camp Nou, aunque nada sorprendente si se atiende al momento que vive el Barça, un equipo desenfocado y despelotado, de aspecto a veces incluso espantoso y descreído de tantos juramentos como ha venido sellando en vano. Ni con la entrada de Xavi recuperó una cierta cordura futbolística. El medio centro da al equipo mayor criterio y le hace incluso más reconocible. Ocurre, sin embargo, que no hay futbolista capaz de garantizar la victoria ni solucionar los problemas estructurales que arrastra el plantel azulgrana.

Por un momento pareció que Xavi sería capaz de regular en la cancha la calentura que desprendía la grada. La hinchada demandaba un triunfo por lo civil o lo criminal y de la electricidad del ambiente sacó el equipo una sentida agresividad inicial, expresada alrededor de Saviola, que el Madrid supo combatir pese a que César andaba flojo de manos, o eso pareció en el primer libre directo que soltó la zurda de Rivaldo. Pero el brasileño se dejó la pierna en el remate y a los diez minutos ya mandaba el Madrid, como quien no quiere la cosa, de tan bien como agarró la contienda, de lo fácil que se le puso el choque.

Del Bosque había procurado desde la salida que el equipo no se diseminara, de ahí la alineación de Guti, futbolista de enganche, delantero camuflado si se quiere y, como tal, un punta de los que tanto cuesta controlar a los centrales del Barcelona, que nunca se sabe si vienen o van, aunque nunca cierran. La presencia de Guti dio mayor variedad al Madrid, que atacaba con el rombo y se recogía con tres medios, aun cuando podía restarle un protagonismo ofensivo que disimuló Zidane, especialmente activo, muy puesto como enganche, feliz y diligente, como corraboró con el gol, armado por Raúl y servido por Coco, en una jugada que retrató lo mal que se defendía el Barça y lo fácil que le resultaba atacar al Madrid.

El buen posicionamiento del equipo blanco desdibujó al Barcelona, estrangulado por el tridente, falto de juego por las bandas, incapaz de fijar las marcas del Madrid. Exigido ya desde el miércoles por el Liverpool, el Barcelona anduvo siempre por detrás del Madrid, al que no le costó nada enfriar la contienda, jugar al paso, tocando y basculando, procurando no perder la pelota para que los azulgrana no armaran una rápida transición, la única salida del rival que no parecía controlar el grupo de Del Bosque.

El descanso resultó un alivio para el Barcelona, asustado por la comodidad con la que se había movido el Madrid. El paisaje exigía a Rexach un cambio rápido de plan, si es que tuvo alguno, y para animar el cotarro nadie como Rochemback, un agitador nato. Por no saber cerrar el partido en el primer acto, el Madrid pasó un mal rato y César acabó por conceder el empate en un remate de Xavi.

Pese a no mejorar futbolísticamente y a defender malamente como en cada jornada, el Barcelona se animó y el Madrid se acurrucó. Perdió la pelota y apareció de nuevo el equipo blanco voluble y frágil, a merced de los acontecimientos, sometido al nervio del rival, que arrambló con todo a partir de una alineación que los cambios convirtieron en más razonable.

Xavi fijó al equipo y se fue creciendo a medida que pudo dar continuidad al juego y tirar la línea de pase, especialmente desde la entrada de Overmars, que dio desborde al Barcelona, robustecido también con un Coco entonado. El Madrid, mientras tanto, se refugió sobre todo en Raúl, que ofreció la jugada del partido, repelida por el travesaño. Entre uno y otro dieron vida a la refriega y el gol pudo caer en una u otra portería, dado el tembleque defensivo de madridistas y barcelonistas. Nadie dominaba el partido y, ante el desfonde de los dos equipos, ambos buscaron las faltas en el balcón del área: Xavi remató a la cruceta y a Zidane se le fue el disparo escupido por la barrera.

El empate resultó inamovible y sancionó a los dos equipos, aunque en mayor medida al Barcelona, que actuaba como local y necesitaba el triunfo más que el Madrid. Un punto, en cualquier caso, que tampoco complace al equipo blanco, y menos tal como le fue el partido, que auguraba su triunfo después de 18 años de sequía. Después de dejar en fuera de juego al Barcelona, acabó firmando un 1-1 y se fue tan pancho, engrandeciendo la figura del rival para justificar su falta de peso. Y el Barça, contento, recogió el guante. Puesto que la Liga se le escapa, al menos había podido defender la bandera del Camp Nou inaccesible al Madrid.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 17 de marzo de 2002