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Rusia amenaza con dejar los Juegos

El equipo eslavo pierde un oro al dar Lazutina, su estrella de fondo, el hematocrito alto

El primer caso de hematocrito alto, el nivel de hemoglobina en la sangre, se dio ayer antes de la prueba de relevos femeninos de esquí de fondo de 4 x 5 kilómetros. La rusa Larisa Lazutina, la máxima estrella actual, la más laureada a sus casi 37 años, fue la protagonista. El equipo ruso, gran favorito para una nueva medalla de oro, habitual en las cuatro pasadas ediciones de los Juegos, no pudo participar en la prueba, y los dirigentes de la delegación rusa en Utah montaron en cólera y amenazaron con abandonar Estados Unidos.

Los dirigentes rusos consideran que el COI ha favorecido a los intereses de Estados Unidos desde que forzaron la entrega de la medalla de oro a la pareja canadiense, en la final de patinaje artístico, hace una semana. Ayer, tras perder el oro en la prueba de fondo, se declararon "humillados" y protestaron por que se declararon "marginados". Además, adujeron que el pésimo arbitraje en el partido de cuartos de final de hockey, que Rusia ganó a la República Checa (1-0), prueba que existe una suerte de conspiración contra el deporte ruso.

El de Lazutina no es un caso de dopaje estricto, pero sí sospechoso, como en el ciclismo, de manipulaciones sanguíneas. La Federación Internacional de Esquí (FIS), pionera en los análisis sanguíneos a los corredores de fondo, los más proclives a estas prácticas dada la dureza de su deporte, estipula que si se supera el límite de 16.0 al esquiador no se le permite participar por el peligro que puede suponer para su salud.

Rusia ha presentado una protesta porque en unos análisis hechos en la misma mañana por sus propios médicos, antes de los de la FIS, Lazutina había dado un hematocrito correcto.

Johann Muehlegg, que perfilaba ayer su preparación para la prueba de 50 kilómetros de mañana, dijo: "La noticia es muy mala para Rusia, porque ha perdido una medalla segura, pero no es un problema de dopaje. Tampoco estoy seguro ni quiero comentar sobre ello, pero no es un positivo, es sólo es por el hematocrito. Y hasta yo, con la preparación en altitud, me sube algo". Al esquiador español le han hecho tres controles de hematocrito durante su estancia en Soldier Hollow, a 50 kilómetros de Salt Lake City, donde reside en un chalet cercano al circuito de fondo. "Uno antes de las pruebas y los otros dos una hora antes de cada una, los 30 kilómetros y los 20 persecución. Y yo no tengo problema. Mi sangre es del monte Stelvio, donde me he preparado más tiempo", comentó.

Rusia, de todas formas, reaccionó rápidamente argumentando sus propios análisis ante un caso que daña su credibilidad, porque no quiere que le suceda como a Finlandia el año pasado en sus Mundiales de Lahti. Allí sí se destapó un escándalo gigantesco, cuando se conoció el dopaje generalizado con un producto parecido a la EPO, en el que estaban implicados médicos, dirigentes y, lo peor, que de los cuatro positivos, tres eran auténticas leyendas supuestamente ejemplares del esquí nórdico, el deporte nacional, como Mika Myllyae, Jari Isometsae (que perdió así la plata en persecución en beneficio de Muehlegg, que había sido bronce) y, sobre todo, el gran veterano Harri Kirvesniemi. Entonces fue una vergüenza nacional y Rusia no quiere manchar (aunque las sospechas han sido siempre sobre todo el mundo) su larguísimo currículum de medallas. Últimamente eran sólo femeninas y con Lazutina a la cabeza. Esta menuda mujer, profesora de deportes en Moscú, había ganado siete medallas olímpicas entre Albertville 92, Lillehammer 94 y Nagano 98: cinco de oro, una de plata y otra de bronce. Con las dos de plata logradas aquí en sus cuartos Juegos había llegado a nueve y con la segura que iba a conseguir en el relevo igualaría el récord absoluto femenino en la historia olímpica: las 10 medallas (4, 5 y 1) de su compatriota Raissa Smetanina, conseguidas en cinco Juegos: Innsbruck 76, Lake Placid 80, Sarajevo 84, Calgary 88 y Albertville 92. De momento se ha quedado a la par que otra rusa, Lyubov Egorova, que sumó también 9 (6 de oro y 3 de plata) sólo entre Albertville y Lillehammer. La hemoglobina de Larisa le ha jugado una mala pasada.

Al cierre de esta edición, los máximos dirigentes del Comité Olímpico Ruso estaban reunidos con el COI para tratar el asunto.

Horas antes de estallar el escándalo en Utah, en Moscú el Kremlin denunció como un "ataque premeditado" la decisión de la Federación Internacional de Gimnasia de suspender un año a las rusas Alina Kabaeva e Irina Tchachina por dar positivo de furosemida, un diurético, en un control antidopaje, informó EFE.

Serguéi Yastrzhembski, asesor del presidente Vladímir Putin, se quejó de que los dirigentes deportivos mundiales quieran "expulsar" a los rusos que son "la elite en sus respectivas disciplinas y cuyas posiciones dominantes son indiscutibles".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 22 de febrero de 2002