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CRÓNICA

Solari se gana una paga extra

El argentino da la victoria al Madrid con un gol (m. 83) que abre más la distancia del grupo

Santiago Solari ha ganado puestos en el escalafón madridista. Hace poco más de un año, en un primer partido en Chamartín, fue abucheado por los ultras con la complicidad del público. Desde entonces no ha abandonado su condición de suplente, pero la gente ahora le tiene la consideración. Merecida. En estos tiempos de dificultades, Solari ha contribuido a la causa del equipo con tenacidad y bastante buena letra. A un excelente gol suyo, a siete minutos del final, se debe la victoria sobre el Oporto en un partido de medio pelo que coloca al Madrid al borde de los cuartos de final.

Para confirmar que el Madrid está enredado y confuso sirve este partido, que no fue ni bueno, ni malo, sino todo lo contrario. Duelo discreto que llevó la preocupación a la hinchada, que se teme un final de temporada entre nervios y malos presagios. Lejos queda el equipo que arrollaba en la Copa de Europa y el que alcanzó su cima frente al Deportivo en la Liga. De aquello hace tanto tiempo que la gente sólo ve detalles pesimistas. No ayuda tampoco el parte de bajas: Raúl no jugó frente al Oporto y Figo se lesionó al cuarto de hora. Pareció un esguince. Malas noticias para un equipo que no encuentra demasiada ayuda en los suplentes.

REAL MADRID 1| PORTO 0

Real Madrid: Casillas; Salgado, Hierro, Karanka, Roberto Carlos; Helguera (Solari, m. 77), Makelele; Figo (McManaman, m. 16), Zidane, Guti (Munitis, m. 41); y Morientes. Oporto: Vítor Baia; Secretario, Ricardo Silva, Andrade, Silva (Cándido Costa, m. 84); Capucho, Costinha (Alenitchev, m. 84), Paredes, Fredrik; Deco y Helder Postiga (Pena, m. 66). Gol: 1-0. M. 83. Solari recibe de Salgado al borde del área grande, el argentino bascula, encara a Paredes y lanza un disparo duro y raso que da en el poste izquierdo y se cuela. Árbitro: Markus Merk (Alemania). Amonestó a Helguera, Roberto Carlos, Munitis, Capucho y Secretario. 64.855, según cifras oficiales, en el Santiago Bernabéu.

El Madrid llegó con frecuencia al área del Oporto, cuyo plan era muy simple: mucha gente en su área y tres jugadores para buscarse la vida en los contragolpes. Y en ocasiones, dieron guerra, sobre todo Capucho y Deco, que aprovecharon el costado de Roberto Carlos con bastante astucia. En una de las apariciones, Deco aprovechó un error en cadena de la defensa madridista para rematar contra el palo. Luego, el Oporto amenazó pero no dio. Lo mismo que el Madrid, por cierto.

GRUPO A

1.Manchester 4
2. Bayern Múnich 4
3. Boavista 3
4. Nantes 0

GRUPO B

1.Barcelona 4
2.Roma 2
3.Galatasaray 2
4.Liverpool 1

GRUPO C

1.Real Madrid 9
2. Panathinaikos 4
3. Sparta de Praga 3
4. Oporto 1

GRUPO D

1.Juventus 4
2.Arsenal 4
3.Bayer Leverkusen 4
4.Deportivo 4

Al equipo madridista le faltó armonía. No se le discute su interés por el partido. Todo el mundo corrió, participó, se entregó a la causa. Pero claridad, no. Sin Figo, que se retiró muy pronto, el Madrid perdió una referencia fundamental por la derecha. También acusó la baja de Guti, muy activo durante los primeros 20 minutos. Pero un involuntario y tremendo rodillazo de Andrade le dejó fuera de combate. Se levantó groggy, pretendió seguir, pero no pudo. El Madrid, que necesitaba desesperadamente buenas noticias, sólo las encontró malas.

Con relación a anteriores visitas, el Oporto fue más aguerrido. Si era necesario, no escatimaba una patada o lo que fuera. De juego no está sobrado, aunque Capucho y Deco tienen cosas, lo mismo que Postiga, un delantero grandón que dio algunos problemas a los centrales del Madrid. Pero el Oporto pareció más de lo que realmente es por las carencias de este Madrid, descosido y sin frescura. Si hay problemas de fatiga, no se sabe, aunque se sospechan.

Problemas de ideas hay unos cuantos. Sin Raúl y Figo, el equipo se sintió huérfano, como si le faltaran los hermanos mayores. Todo funcionaba de forma trabajosa, con la gente pidiendo a gritos un poco de luz. Evidentemente le tocaba la hora a Zidane, el único capaz de tirar pases. Pero Zidane estuvo un poco superficial, o al menos no marcó diferencias en un partido donde se le necesitaba.

Al Madrid no le sobraron las oportunidades, a pesar de sus numerosas llegadas al área. No puso a prueba a Víctor Baía, y eso fue un error grueso porque el portero portugués es un amigo. Sigue clavado a la línea de gol, como en sus tiempos del Barça, donde daba una pinta estupenda cada vez que recogía un balón de la red. Lo hacía con tanta prestancia que era la bicoca de los fotógrafos. Fuera de una oportunidad de Guti -una vaselina que salió alta- y una acción bastante parecida de McManaman, el Madrid no apretó suficientemente al Oporto, que se tomó algunas licencias en la segunda parte, sobre todo en un remate de cabeza de Ricardo que golpeó el palo no una, sino dos veces.

El Madrid estaba roto y atacaba con un desorden preocupante. El partido se dirigía sin remisión hacia el empate a cero, pero entró Solari y se convirtió en el héroe de la noche con un zurdazo espléndido que alivia muchos de los problemas del Madrid, casi campeón en su grupo y sin preocupaciones durante un mes en la Liga de Campeones. Justo lo que necesita en estos momentos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 20 de febrero de 2002