Reportaje:

Crivillé se retira

El único español que ha ganado el título mundial de los 500cc anunciará hoy que abandona el motociclismo por problemas de salud

Alex Crivillé, de 31 años, el único español que ha sido capaz de ganar el título mundial de la categoría reina del motociclismo, la de los 500cc, ha decidido decir adiós. Así lo hará público hoy en una conferencia de prensa convocada al efecto. Los médicos que le atienden desde hace varios años le han recomendado que, al menos durante unos meses, abandone la competición. El estrés se lo ha llevado por delante. La incógnita a despejar es si definitivamente o no.

Los problemas de salud que persiguen a Crivillé desde hace tres años, antes incluso de ganar el título, le han empujado a tomar esta decisión. Desde que en 1999, precisamente en el circuito valenciano de Cheste, en el que ayer debía haber probado su nueva moto, sufriera un desmayo, los problemas se le han acumulado.

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En los últimos tiempos todo ha sido tormentoso en la carrera del campeón del mundo. La temporada en la que defendía el título, la 2000-01, fue un suplicio para el español, que acumuló malos resultados y acabó reconociendo que la presión le paralizaba. 'Mi cuerpo no aguanta lo que me pide el público', llegó a declarar. Ese mismo año protagonizó una imagen insólita, cuando, tras quedar el tercero por la cola en el Gran Premio de Alemania, rompió a llorar ante decenas de periodistas.

Finalizada la pasada campaña, su equipo, el Honda, decidió prescindir de quien sólo dos años antes le había dado el título mundial más preciado del motociclismo. Crivillé se encontró entonces sin escudería y se vio envuelto en la polémica provocada por el hecho de que la marca japonesa le propusiera un extraño trato: el de regalarle la moto con la que logró su gran triunfo a cambio de que abandonara definitivamente el motociclismo.

Crivillé se negó y durante varios meses esperó ofertas que no llegaban. Por fin, encontró acomodo en el equipo Repsol-YPF Yamaha D'Antin. Nada inesperado ocurrió en sus primeros contactos con la nueva moto, más allá de los problemas de la máquina y de una gripe que deslució la presentación del corredor en el circuito gaditano de Jerez. Pero ayer, en Cheste, mientras todos los demás equipos participaban en los entrenamientos convocados por la IRTA (Asociación Internacional de Equipos del Mundial), Crivillé estaba desaparecido. Al menos, nadie le veía en el circuito. Ni a él ni a su moto, a la que se suponía guardada en el camión. Los rumores se dispararon. Se llegó a comentar que, en pleno ataque de furia, había destrozado la máquina de una patada.

A primera hora de la tarde Luis d'Antin, máximo responsable del equipo Yamaha, se presentó ante los medios de comunicación para desmentir los comentarios. Así, indicó que la preparación del equipo y de los pilotos marchaba magníficamente y que no existía el mayor problema. Instantes después matizó que hoy, a las doce de la mañana, Crivillé ofrecerá una conferencia de prensa en la que hará público un asunto que D'Antin calificó de 'estrictamente personal'. Un asunto que se resume en el adiós a una de las carreras más existosas que recuerda el motociclismo español.

Alex Crivillé, durante unos entrenamientos.
Alex Crivillé, durante unos entrenamientos.

El enemigo, en casa

Lejos queda en el tiempo la imagen de Àlex Crivillé en el podio. Su último año se asemejó a una pesadilla. Problemas con la moto, con su equipo, con sus lesiones, con su salud... El mismo piloto que había hecho a Honda campeona del mundo se topó con el enemigo en casa.

Su propio mecánico, Gilles Bigot, dijo que los pésimos resultados de Crivillé se debían a su pobre mentalidad, no a las motos. El español contraatacó asegurando que el material que le daban era inservible.

La crispación alcanzó el grado máximo cuando Honda se negó a darle la moto con la que había ganado el título mundial si se atrevía a hacer otra cosa que no fuera retirarse. Crivillé no aceptó lo que le parecía un chantaje y se fue.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 16 de febrero de 2002.

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