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LECTURA

España, en el ojo del huracán

'España en el punto de mira. La amenaza del integrismo islámico' (Temas de Hoy) pretende responder a preguntas como ¿podría convertirse España en una 'cantera' de futuros integristas? o ¿hasta qué punto supone una amenaza la presencia de inmigrantes magrebíes en territorio español? El autor aborda en este ensayo las claves para entender el conflicto entre Occidente y el islam, que sitúa a España en el mismísimo ojo del huracán.

Musulmanes con barbas y musulmanas con velo caminan, como hace medio milenio, por las calles angostas y empinadas del Albaicín, calles flanqueadas por viejas casas de paredes encaladas, puertas de maderas nobles, arcos de herradura y fantásticos patios, jardines y huertos interiores. En el cruce de las dos calles Calderería, la Nueva y la Vieja, el estimulante olor a té con hierbabuena brota de numerosos cafetines. Otros comercios, los artesanos, huelen a incienso o cuero; los modestos restaurantes, a clásicos platos rápidos árabes, como la chawarma, el chiskebab o el falafel. Hay también alguna que otra carnicería halal, donde se venden animales sacrificados según el rito musulmán, y no faltan camellos para ofrecer marihuana o hachís. Es curioso, me digo mientras paseo por este pintoresco rincón de mi ciudad natal, que incluso en Occidente los musulmanes tiendan a reproducir el modelo del zoco medieval situado en torno a la mezquita. En el Albaicín moruno del tercer milenio los únicos negocios de cuño nuevo que regentan parecen ser los locutorios telefónicos.

El islam tiene todavía pendiente la gran asignatura de su reforma, un ejercicio colectivo en el que se pongan al día los elementos más progresistas del espíritu coránico

Pese a su palabrería militarista, los Morabitún no forman parte del fenómeno del integrismo político y terrorista que sobrecoge a Occidente. Ellos no están por la 'yihad' de Bin Laden

Los sectores más conservadores de Granada llevan más de una década al borde del ataque de nervios. Un domingo sí y otro también, el arzobispo denuncia la 'invasión islámica' que amenaza con alterar el monopolio católico establecido desde 1492

Los sectores más conservadores de Granada -que en esta todavía provinciana ciudad son muy influyentes- llevan más de una década al borde del ataque de nervios. Un domingo sí y otro también, el arzobispo denuncia la 'invasión islámica' que amenaza con alterar el monopolio católico establecido desde 1492; rumores populares afirman que los musulmanes reciben 'primas en petrodólares' por tener muchos hijos y hacerse con la mayoría demográfica, y se multiplican las trabas administrativas para que los Morabitún erijan su mezquita en lo alto del Albaicín, al lado de la iglesia de San Nicolás y de cara a la Alhambra. Incluso la sensata propuesta hecha por intelectuales progresistas, entre otros, el fallecido Carlos Cano, para que la fiesta local del 2 de enero, conmemoración de la reconquista de la ciudad por los Reyes Católicos, se transformara en una ceremonia de reconciliación de las tres culturas y religiones -árabe, judía y cristiana- se interpretó como una astuta maniobra de los 'reconquistadores sarracenos'.

Un microcosmos casi perfecto

¿Cuántos musulmanes hay en Granada? Nadie sabe decírmelo con exactitud. Quizá sean unos 12.000, entre unos 500 y 1.000 conversos, unos 5.000 estudiantes universitarios de países árabes y africanos y unos 6.000 inmigrantes magrebíes y senegaleses. En realidad, no son tantos para una provincia habitada por 650.000 personas, pero, eso sí, constituyen un microcosmos casi perfecto del islam en España. Los hay muladíes y musulmanes de nacimiento, divididos a su vez en múltiples nacionalidades, y los hay de un montón de tendencias, desde los pacíficos y místicos sufíes de la cofradía Naqshbandi hasta el clandestino soldado de Alá Mohamed Zaher Asade, enviado a la cárcel por el juez Garzón. El título que el periodista granadino Tomás Navarro ha dado a su libro sobre esta ensalada es perfecto: La mezquita de Babel.

Me entrevisto con dos representantes del movimiento Morabitún en su sede de la esquina de la calle Cetti Meriem con la de Elvira. De los Morabitún, que actúan con el nombre legal de Comunidad Islámica en España y publican en papel y en Internet la revista País Islámico, me han dado malas referencias. Jadicha Candela, que estuvo con ellos al comienzo de la aventura de los conversos españoles, se ha limitado a tildarles de 'extravagantes', pero Tomás Navarro ha sido mucho más duro. Según el autor de La mezquita de Babel, este colectivo, cuya fuerza granadina él cifra en unos 100 miembros, 'practica un sincretismo entre las enseñanzas del sufismo histórico y el nazismo más agresivo'. Son 'grandes admiradores del fundador del Tercer Reich, Adolf Hitler', me advierte Navarro.

No encontraré en mi conversación con Moisés Gutiérrez y Abdelhaq Salaberria pruebas para confirmar o desmentir las acusaciones de Navarro. Eso sí, en un recorrido por la sede de los Morabitún veré una foto perturbadora: un grupo de militantes varones del grupo manifestándose en Granada hace diez años, con motivo de la guerra del Golfo. Los manifestantes iban en formación paramilitar, con una pancarta contra 'el Estado judío mundial' y uniformados con camisas verdes, similares a las azules de los falangistas o las pardas de los nazis. Riéndose, Moisés Gutiérrez restará importancia al asunto. 'Ésa', dirá, 'fue una fase que tuvimos, pero que ya hemos superado'. Otra nota inquietante será que, en mi conversación con el guadalajareño Gutiérrez y el vasco Salaberria, el primero asegurará en un momento dado: 'La usura es el mal del tiempo, lo está pudriendo todo. ¿Y quién está detrás? La raza de siempre: los judíos'.

Con los Morabitún completo la reconstrucción de la fascinante historia de los muladíes o conversos españoles. Pese a su extraña evolución, esta organización es el esqueleto de esa historia. Ésta es la versión de Moisés Gutiérrez: 'El 20 de noviembre de 1975, fíjate en el simbolismo de la fecha, tres españoles, que podríamos llamar hippies, se convirtieron al islam en Londres. El año siguiente, creo, fundaron en Córdoba la primera comunidad sufí de España, y en 1979, con motivo de la fiesta del cordero, organizaron en la mezquita el primer rezo musulmán en siglos. Luego, Antonio Jara, que era el alcalde socialista de Granada, les invitó a instalarse aquí, y así lo hicieron. En aquella época Roberto, Juan y yo éramos artesanos en La Alpujarra, nos dedicábamos a trabajar el cuero y a hacer espejos, pero ya buscábamos un maestro espiritual. Aunque nuestra idea era que éste podía ser cualquier cosa menos musulmán, entramos en contacto con los sufíes instalados en Granada y su espiritualidad nos convenció'.

Moisés y sus amigos abandonaron La Alpujarra y se integraron en los Morabitún. Ahora, Moisés, que vive de la importación de muebles procedentes de la India, es uno de sus dirigentes en Granada.

Un colectivo extravagante

Pero esta versión es demasiado resumida, necesita más datos. El personaje que convirtió en Londres a aquellos hippies, izquierdistas y artesanos españoles, era el escocés Ian Dallas, que terminaría adoptando el nombre de jeque Abdelkader As Sufi al Murabit y tenía como maestro al jeque marroquí Mohamed Ibn al Habib, guía espiritual de una zagüía o cofradía sufí de Meknes. Bajo la inspiración del sufismo, la mística islámica, el grupo se instaló inicialmente en Córdoba, adoptó el nombre legal de Sociedad para el Retorno del Islam a Al Andalus y formó el primer contingente de españoles conversos desde la caída de Granada. En 1981, tras la célebre y polémica ceremonia del rezo colectivo en la mezquita de Córdoba, la tarika o comunidad sufí, formada por unas 200 personas, se estableció en el barrio del Albaicín, donde compró, con dinero de Estados musulmanes, un solar al lado de San Nicolás. En abril de 1996 fue colocada la primera piedra de la mezquita, en una ceremonia a la que asistieron el alcalde de Granada, un ministro marroquí y los embajadores de Argelia, Malaisia, Indonesia, Pakistán y Arabia Saudí. Pero la mezquita aún no ha sido erigida, por la oposición de varios colectivos ciudadanos granadinos.

Del colectivo sufí inicial, el de Córdoba y Granada, también formaban parte Mansur Escudero y Jadicha Candela, que desde la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas (FEERI) expresan ahora las posiciones más moderadas del islam en España. La escisión se produjo hacia 1983, casi a partes iguales: unos cien miembros siguieron con el jeque escocés y otros cien se fueron por su cuenta. ¿Por qué dejaron la tarika madre? Jadicha Candela responde diplomáticamente que por su 'extravagancia' y porque ella y otros prefirieron trabajar 'desde la sociedad civil'. Mansur Escudero me remite a El manuscrito de Hisham. Crónicas muladíes, una novela de su amigo Hashim Ibrahim Cabrera. La encuentro en la Biblioteca Virtual de WerdeIslam.com, que junto a Webislam.com, dirigida por el propio Escudero, son los órganos de expresión en Internet de los moderados de la FEERI.

Así describe Hashim Ibrahim Cabrera al primer núcleo de conversos: 'Eran esos locos muladíes que luchaban por sobrevivir en las tierras del Al Andalus posdictatorial; allí estaban emergiendo, tras quinientos años de represión y vergüenza, los descendientes existenciales de aquellos otros musulmanes que conocieron tiempos de bien y de belleza. Así comenzó en nuestra tierra la nueva andadura del islam, como encuentro con una verdad largamente reprimida y sojuzgada, como un recuerdo que habría de aflorar por medio de aquellos primeros sufíes que desde el Reino Unido llegaron a la Córdoba de la transición, asegurando que no era necesario ir a la India para llegar a la meta, que aún existían maestros del espíritu en latitudes más cercanas. Así, por la vía del misticismo, empezaron a forjarse los nuevos musulmanes, hombres y mujeres que, más allá de las interpretaciones, encontraron en el islam una respuesta'.

Se trataba, recuerda Crónicas muladíes, de 'jóvenes que habían leído a Marx y Bakunin; que habían explorado el yoga, el zen y la psicodelia de Castaneda; que escuchaban a los Rolling Stones o Crosby, Still, Nash & Young; que sabían de la cruzada franquista por sus padres, y de la guerra civil, por el Estado nacionalcatólico que la ganó'.

La tiranía de un maestro

¿Por qué, según Hashim Ibra-him Cabrera, abandonaron el núcleo inicial personajes como el protagonista de su novela? 'Para escapar de la tiranía de aquel enigmático y pretendido maestro'. ¿De qué maestro? Pues del escocés Ian Dallas, que, siempre con el nombre de jeque Abdelkader As Sufi al Murabit, continúa siendo el líder de los Morabitún. Según Tomás Navarro, ese personaje es 'impenetrable', aunque el periodista granadino sospecha que tiene 'relaciones con varios servicios secretos'.

Abdelkader As Sufi al Murabit, que antes de su conversión al islam había sido diseñador gráfico y amigo de Fellini, en una de cuyas películas tuvo un papel, se presenta como un gran maestro del sufismo. En la web en inglés de los Morabitún se afirma que el movimiento que lidera tiene como objetivos la 'restauración del Califato', la creación de 'un alto mando islámico que dirija todas las estrategias y operaciones militares' y 'la liberación de las masas musulmanas del papel moneda y sus instituciones financieras y el restablecimiento del dinar de oro y el dirham de plata'.

¿Por qué han escogido ese nombre, el de los guerreros medievales conocidos en España como almorávides? 'Hace ochocientos años', responde la web de Abdelkader As Sufi al Murabit, 'los Morabitún fueron los más temidos guerreros de la floreciente civilización islámica. Partieron de un ribat en las orillas del Níger, y barriendo hacia el Norte, a través del Magreb y hasta el sur de España, en una devastadora ola de conquista y destrucción de los débiles y corruptos pequeños reinos del momento, establecieron en la estela de su combate un glorioso periodo del islam. En las ascuas moribundas de una corrupta sociedad tecnológica, que casi ha destruido los fundamentos mismos de una vida humana saludable, los mares del cambio han transportado la misma ola de islam contra las orillas de Europa. A través de un Occidente poscristiano de oscuridad sin precedentes, los Morabitún están floreciendo como los dientes del dragón y han establecido comunidades centradas alrededor de ribats o puestos de avanzada. Nuestro poder, que amenaza a todos los que entran en contacto con nosotros, no procede de la ideología o la organización, sino de la completa sumisión al Divino Creador'.

Pese a esta palabrería militarista, los Morabitún no forman parte del fenómeno del integrismo político y terrorista que sobrecoge a Occidente. Ellos no están por la yihad de Bin Laden y condenan los atentados del 11 de septiembre, porque 'es cierto que la política de Estados Unidos causa daños a muchos musulmanes, pero esto no significa que las reglas del islam puedan romperse y se mate a los que no combaten'. Según Abdelkader As Sufi al Murabit, Bin Laden, los talibanes y el wahabismo de Arabia Saudí son 'marionetas' de Estados Unidos. 'El wahabismo', dice el jeque escocés, 'es conocido en el mundo musulmán como un movimiento de traidores incultos que propagan una doctrina que ha sido definida por algunos ulemas de la India no ya como una secta desviada del islam, sino como una secta ortodoxa del judaísmo'.

De estas citas y de mi conversación con Moisés Gutiérrez y Abdelhaq Salaberria deduzco que los Morabitún están más cerca de una secta orientalista que practica el culto a la personalidad del líder y la obediencia ciega a sus instrucciones que de organizaciones integristas como Al Qaeda, Hezbolá, Hamás o el Grupo Islámico Armado. Ni Gutiérrez ni Salaberria se enfadarán por el calificativo de 'extravagantes' que les ha aplicado Jadicha Candela. '¿Extravagantes? Quizá sea posible llamar así a un grupo de europeos que estudian el islam y toman de él aquello que más les convence', dice Gutiérrez, que viste ropas occidentales, tiene barba entrecana y rostro sagaz. 'Pero', añade, 'nuestro camino no es la occidentalización del islam; para nosotros el modelo ideal está en el pasado, en Medina, la primera ciudad dirigida por el profeta Mahoma. Aquello era perfecto'.

Tan perfecto que el guadalajareño Gutiérrez y el vasco Salaberria me dan un cursillo rápido sobre cómo Arabia Saudí -'país de puritanismo y de banca islámica, que es tan absurdo como decir cerdo islámico o vino islámico'- hace mucho daño al islam al no adoptar, como propone Abdelkader As Sufi al Murabit, la idea del abandono del papel moneda y el regreso al dinar de oro y el dirham de plata. Tras proclamar que 'Alá ha permitido el comercio y prohibido la usura', los almorávides contemporáneos me muestran las monedas en metales nobles que han acuñado en Granada, aunque reconocen que tienen poca circulación. 'Nuestro discurso, y no el de Bin Laden, va directo a la yugular del sistema', suelta Salaberria.

Los Morabitún

Los Morabitún dicen que no les gusta ningún país musulmán de los existentes, excepto Marruecos, que 'mantiene un islam más cercano al original', y cuentan que llevan a sus hijos a su propia escuela coránica. 'Tengo cuatro, y ninguno ha ido jamás a ninguna escuela pública; no voy a entregar a mis hijos al enemigo', dice Gutiérrez. Proclaman que están a favor de que las mujeres se cubran los cabellos -'aunque no la cara'- y de la poligamia. Y antes de despedirme, para que la cosa quede aún más clara, insisten en que Bin Laden y Arafat les parecen 'tan repulsivos como Bush y Sharon'.

¿Qué he sacado en claro? Que los Morabitún tienen una empanada mental, y que es comprensible que gente como Mansur Escudero y Jadicha Candela terminaran dejándoles. En cuanto a la acusación de connivencias fascistas formulada por Tomás Navarro, podría ser. No sería la primera vez que una versión particular del islam se diera la mano con la ultraderecha, llevados ambos de un sentimiento que desborda el campo del antisionismo para entrar en el terreno del antisemitismo.

Hace apenas unos días, en su último número de noviembre, Interviú ha denunciado que José Luis Jerez Riesco, el abogado que consiguió el indulto para Antonio Tejero, un ultra vinculado a Falange, Fuerza Nueva y el Círculo Español de Amigos de Europa, trabajó como asesor jurídico de la Unión de Comunidades Islámicas de España, la rival integrista de la FEERI, en reuniones con representantes de los ministerios de Justicia y Educación. Y la ultraderecha española, señaló el semanario, no tiene reparos en combinar su indeseada asistencia a manifestaciones contra las brutalidades cometidas por Ariel Sharon con su activa presencia en las protestas de Almería por la instalación de un consulado marroquí. Ya se sabe, el extremismo tiene estas incongruencias.

(...) El mundo musulmán tiene poca capacidad de autocrítica. No es cierto que toda la culpa de la frustración y la desesperanza que sustentan el integrismo la tenga Occidente. El islam tiene todavía pendiente la gran asignatura de su reforma, un ejercicio colectivo en el que se pongan al día los elementos más progresistas del espíritu coránico y se archiven los elementos más anacrónicos de la letra coránica. Pero tiene razón Saleh Simón Pérez, el nieto de una anarquista murciana convertido en muladí del Albaicín, cuando asegura que eso sólo puede hacerse desde la libertad o, al menos, desde un principio de libertad. Por eso Occidente sólo ganará esta guerra cuando los palestinos sean libres en su propio Estado y cuando la democracia comience a extenderse por Dar el Islam, la tierra del islam. En este conflicto, eso será el equivalente a la caída del Muro de Berlín.

Política de Estado

A la espera, Europa cuenta ya con unos once millones de musulmanes -más de medio millón de ellos en España-, y Estados Unidos, con unos siete millones. Estos musulmanes están aquí para quedarse y seguir creciendo. No hay vuelta de hoja ni 'limpieza étnica' posibles; sería radicalmente opuesto a nuestros valores y a nuestros intereses. Así que, aunque el Gobierno de Aznar no quiera enterarse, se impone una política de Estado destinada a conseguir la plena integración de los inmigrantes musulmanes en los derechos y deberes de la democracia, que ponga especial acento en su educación en los valores de la igualdad de la mujer, la separación entre religión y política y la renuncia a la violencia como medio de lograr objetivos.

Es un buen punto de referencia. 'España', me dice Mansur Escudero en una conversación telefónica, 'debería asumir que el islam ya forma parte de su cultura y debería apoyar un islam reformista propio, no dejarlo en manos de potencias extranjeras'. Desde la localidad cordobesa de Almodóvar del Río, Escudero dirige su propio colectivo, Junta Islámica y la Webislam.com. Es un psiquiatra con consulta en Córdoba y Almería, cuyo objetivo es que 'un islam dirigido por personas de aquí y que hable la lengua de aquí interprete los textos sagrados y las tradiciones musulmanas desde la modernidad'. Pero Escudero no lo tiene fácil. Hace un año dimitió como presidente de la FEERI, ante 'el acoso de los wahabíes, en connivencia con la Dirección General de Asuntos Religiosos del Gobierno de Aznar'. El detonante fue la campaña en su contra que desencadenó el islam wahabí, con la mezquita madrileña de la M-30 al frente, después de que WebIslam.com denunciara con vigor el libro sobre los maltratos a la mujer del imam extranjero de Fuengirola.Musulmanes con barbas y musulmanas con velo caminan, como hace medio milenio, por las calles angostas y empinadas del Albaicín, calles flanqueadas por viejas casas de paredes encaladas, puertas de maderas nobles, arcos de herradura y fantásticos patios, jardines y huertos interiores. En el cruce de las dos calles Calderería, la Nueva y la Vieja, el estimulante olor a té con hierbabuena brota de numerosos cafetines. Otros comercios, los artesanos, huelen a incienso o cuero; los modestos restaurantes, a clásicos platos rápidos árabes, como la chawarma, el chiskebab o el falafel. Hay también alguna que otra carnicería halal, donde se venden animales sacrificados según el rito musulmán, y no faltan camellos para ofrecer marihuana o hachís. Es curioso, me digo mientras paseo por este pintoresco rincón de mi ciudad natal, que incluso en Occidente los musulmanes tiendan a reproducir el modelo del zoco medieval situado en torno a la mezquita. En el Albaicín moruno del tercer milenio los únicos negocios de cuño nuevo que regentan parecen ser los locutorios telefónicos.

Los sectores más conservadores de Granada -que en esta todavía provinciana ciudad son muy influyentes- llevan más de una década al borde del ataque de nervios. Un domingo sí y otro también, el arzobispo denuncia la 'invasión islámica' que amenaza con alterar el monopolio católico establecido desde 1492; rumores populares afirman que los musulmanes reciben 'primas en petrodólares' por tener muchos hijos y hacerse con la mayoría demográfica, y se multiplican las trabas administrativas para que los Morabitún erijan su mezquita en lo alto del Albaicín, al lado de la iglesia de San Nicolás y de cara a la Alhambra. Incluso la sensata propuesta hecha por intelectuales progresistas, entre otros, el fallecido Carlos Cano, para que la fiesta local del 2 de enero, conmemoración de la reconquista de la ciudad por los Reyes Católicos, se transformara en una ceremonia de reconciliación de las tres culturas y religiones -árabe, judía y cristiana- se interpretó como una astuta maniobra de los 'reconquistadores sarracenos'.

Un microcosmos casi perfecto

¿Cuántos musulmanes hay en Granada? Nadie sabe decírmelo con exactitud. Quizá sean unos 12.000, entre unos 500 y 1.000 conversos, unos 5.000 estudiantes universitarios de países árabes y africanos y unos 6.000 inmigrantes magrebíes y senegaleses. En realidad, no son tantos para una provincia habitada por 650.000 personas, pero, eso sí, constituyen un microcosmos casi perfecto del islam en España. Los hay muladíes y musulmanes de nacimiento, divididos a su vez en múltiples nacionalidades, y los hay de un montón de tendencias, desde los pacíficos y místicos sufíes de la cofradía Naqshbandi hasta el clandestino soldado de Alá Mohamed Zaher Asade, enviado a la cárcel por el juez Garzón. El título que el periodista granadino Tomás Navarro ha dado a su libro sobre esta ensalada es perfecto: La mezquita de Babel.

Me entrevisto con dos representantes del movimiento Morabitún en su sede de la esquina de la calle Cetti Meriem con la de Elvira. De los Morabitún, que actúan con el nombre legal de Comunidad Islámica en España y publican en papel y en Internet la revista País Islámico, me han dado malas referencias. Jadicha Candela, que estuvo con ellos al comienzo de la aventura de los conversos españoles, se ha limitado a tildarles de 'extravagantes', pero Tomás Navarro ha sido mucho más duro. Según el autor de La mezquita de Babel, este colectivo, cuya fuerza granadina él cifra en unos 100 miembros, 'practica un sincretismo entre las enseñanzas del sufismo histórico y el nazismo más agresivo'. Son 'grandes admiradores del fundador del Tercer Reich, Adolf Hitler', me advierte Navarro.

No encontraré en mi conversación con Moisés Gutiérrez y Abdelhaq Salaberria pruebas para confirmar o desmentir las acusaciones de Navarro. Eso sí, en un recorrido por la sede de los Morabitún veré una foto perturbadora: un grupo de militantes varones del grupo manifestándose en Granada hace diez años, con motivo de la guerra del Golfo. Los manifestantes iban en formación paramilitar, con una pancarta contra 'el Estado judío mundial' y uniformados con camisas verdes, similares a las azules de los falangistas o las pardas de los nazis. Riéndose, Moisés Gutiérrez restará importancia al asunto. 'Ésa', dirá, 'fue una fase que tuvimos, pero que ya hemos superado'. Otra nota inquietante será que, en mi conversación con el guadalajareño Gutiérrez y el vasco Salaberria, el primero asegurará en un momento dado: 'La usura es el mal del tiempo, lo está pudriendo todo. ¿Y quién está detrás? La raza de siempre: los judíos'.

Con los Morabitún completo la reconstrucción de la fascinante historia de los muladíes o conversos españoles. Pese a su extraña evolución, esta organización es el esqueleto de esa historia. Ésta es la versión de Moisés Gutiérrez: 'El 20 de noviembre de 1975, fíjate en el simbolismo de la fecha, tres españoles, que podríamos llamar hippies, se convirtieron al islam en Londres. El año siguiente, creo, fundaron en Córdoba la primera comunidad sufí de España, y en 1979, con motivo de la fiesta del cordero, organizaron en la mezquita el primer rezo musulmán en siglos. Luego, Antonio Jara, que era el alcalde socialista de Granada, les invitó a instalarse aquí, y así lo hicieron. En aquella época Roberto, Juan y yo éramos artesanos en La Alpujarra, nos dedicábamos a trabajar el cuero y a hacer espejos, pero ya buscábamos un maestro espiritual. Aunque nuestra idea era que éste podía ser cualquier cosa menos musulmán, entramos en contacto con los sufíes instalados en Granada y su espiritualidad nos convenció'.

Moisés y sus amigos abandonaron La Alpujarra y se integraron en los Morabitún. Ahora, Moisés, que vive de la importación de muebles procedentes de la India, es uno de sus dirigentes en Granada.

Un colectivo extravagante

Pero esta versión es demasiado resumida, necesita más datos. El personaje que convirtió en Londres a aquellos hippies, izquierdistas y artesanos españoles, era el escocés Ian Dallas, que terminaría adoptando el nombre de jeque Abdelkader As Sufi al Murabit y tenía como maestro al jeque marroquí Mohamed Ibn al Habib, guía espiritual de una zagüía o cofradía sufí de Meknes. Bajo la inspiración del sufismo, la mística islámica, el grupo se instaló inicialmente en Córdoba, adoptó el nombre legal de Sociedad para el Retorno del Islam a Al Andalus y formó el primer contingente de españoles conversos desde la caída de Granada. En 1981, tras la célebre y polémica ceremonia del rezo colectivo en la mezquita de Córdoba, la tarika o comunidad sufí, formada por unas 200 personas, se estableció en el barrio del Albaicín, donde compró, con dinero de Estados musulmanes, un solar al lado de San Nicolás. En abril de 1996 fue colocada la primera piedra de la mezquita, en una ceremonia a la que asistieron el alcalde de Granada, un ministro marroquí y los embajadores de Argelia, Malaisia, Indonesia, Pakistán y Arabia Saudí. Pero la mezquita aún no ha sido erigida, por la oposición de varios colectivos ciudadanos granadinos.

Del colectivo sufí inicial, el de Córdoba y Granada, también formaban parte Mansur Escudero y Jadicha Candela, que desde la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas (FEERI) expresan ahora las posiciones más moderadas del islam en España. La escisión se produjo hacia 1983, casi a partes iguales: unos cien miembros siguieron con el jeque escocés y otros cien se fueron por su cuenta. ¿Por qué dejaron la tarika madre? Jadicha Candela responde diplomáticamente que por su 'extravagancia' y porque ella y otros prefirieron trabajar 'desde la sociedad civil'. Mansur Escudero me remite a El manuscrito de Hisham. Crónicas muladíes, una novela de su amigo Hashim Ibrahim Cabrera. La encuentro en la Biblioteca Virtual de WerdeIslam.com, que junto a Webislam.com, dirigida por el propio Escudero, son los órganos de expresión en Internet de los moderados de la FEERI.

Así describe Hashim Ibrahim Cabrera al primer núcleo de conversos: 'Eran esos locos muladíes que luchaban por sobrevivir en las tierras del Al Andalus posdictatorial; allí estaban emergiendo, tras quinientos años de represión y vergüenza, los descendientes existenciales de aquellos otros musulmanes que conocieron tiempos de bien y de belleza. Así comenzó en nuestra tierra la nueva andadura del islam, como encuentro con una verdad largamente reprimida y sojuzgada, como un recuerdo que habría de aflorar por medio de aquellos primeros sufíes que desde el Reino Unido llegaron a la Córdoba de la transición, asegurando que no era necesario ir a la India para llegar a la meta, que aún existían maestros del espíritu en latitudes más cercanas. Así, por la vía del misticismo, empezaron a forjarse los nuevos musulmanes, hombres y mujeres que, más allá de las interpretaciones, encontraron en el islam una respuesta'.

Se trataba, recuerda Crónicas muladíes, de 'jóvenes que habían leído a Marx y Bakunin; que habían explorado el yoga, el zen y la psicodelia de Castaneda; que escuchaban a los Rolling Stones o Crosby, Still, Nash & Young; que sabían de la cruzada franquista por sus padres, y de la guerra civil, por el Estado nacionalcatólico que la ganó'.

La tiranía de un maestro

¿Por qué, según Hashim Ibra-him Cabrera, abandonaron el núcleo inicial personajes como el protagonista de su novela? 'Para escapar de la tiranía de aquel enigmático y pretendido maestro'. ¿De qué maestro? Pues del escocés Ian Dallas, que, siempre con el nombre de jeque Abdelkader As Sufi al Murabit, continúa siendo el líder de los Morabitún. Según Tomás Navarro, ese personaje es 'impenetrable', aunque el periodista granadino sospecha que tiene 'relaciones con varios servicios secretos'.

Abdelkader As Sufi al Murabit, que antes de su conversión al islam había sido diseñador gráfico y amigo de Fellini, en una de cuyas películas tuvo un papel, se presenta como un gran maestro del sufismo. En la web en inglés de los Morabitún se afirma que el movimiento que lidera tiene como objetivos la 'restauración del Califato', la creación de 'un alto mando islámico que dirija todas las estrategias y operaciones militares' y 'la liberación de las masas musulmanas del papel moneda y sus instituciones financieras y el restablecimiento del dinar de oro y el dirham de plata'.

¿Por qué han escogido ese nombre, el de los guerreros medievales conocidos en España como almorávides? 'Hace ochocientos años', responde la web de Abdelkader As Sufi al Murabit, 'los Morabitún fueron los más temidos guerreros de la floreciente civilización islámica. Partieron de un ribat en las orillas del Níger, y barriendo hacia el Norte, a través del Magreb y hasta el sur de España, en una devastadora ola de conquista y destrucción de los débiles y corruptos pequeños reinos del momento, establecieron en la estela de su combate un glorioso periodo del islam. En las ascuas moribundas de una corrupta sociedad tecnológica, que casi ha destruido los fundamentos mismos de una vida humana saludable, los mares del cambio han transportado la misma ola de islam contra las orillas de Europa. A través de un Occidente poscristiano de oscuridad sin precedentes, los Morabitún están floreciendo como los dientes del dragón y han establecido comunidades centradas alrededor de ribats o puestos de avanzada. Nuestro poder, que amenaza a todos los que entran en contacto con nosotros, no procede de la ideología o la organización, sino de la completa sumisión al Divino Creador'.

Pese a esta palabrería militarista, los Morabitún no forman parte del fenómeno del integrismo político y terrorista que sobrecoge a Occidente. Ellos no están por la yihad de Bin Laden y condenan los atentados del 11 de septiembre, porque 'es cierto que la política de Estados Unidos causa daños a muchos musulmanes, pero esto no significa que las reglas del islam puedan romperse y se mate a los que no combaten'. Según Abdelkader As Sufi al Murabit, Bin Laden, los talibanes y el wahabismo de Arabia Saudí son 'marionetas' de Estados Unidos. 'El wahabismo', dice el jeque escocés, 'es conocido en el mundo musulmán como un movimiento de traidores incultos que propagan una doctrina que ha sido definida por algunos ulemas de la India no ya como una secta desviada del islam, sino como una secta ortodoxa del judaísmo'.

De estas citas y de mi conversación con Moisés Gutiérrez y Abdelhaq Salaberria deduzco que los Morabitún están más cerca de una secta orientalista que practica el culto a la personalidad del líder y la obediencia ciega a sus instrucciones que de organizaciones integristas como Al Qaeda, Hezbolá, Hamás o el Grupo Islámico Armado. Ni Gutiérrez ni Salaberria se enfadarán por el calificativo de 'extravagantes' que les ha aplicado Jadicha Candela. '¿Extravagantes? Quizá sea posible llamar así a un grupo de europeos que estudian el islam y toman de él aquello que más les convence', dice Gutiérrez, que viste ropas occidentales, tiene barba entrecana y rostro sagaz. 'Pero', añade, 'nuestro camino no es la occidentalización del islam; para nosotros el modelo ideal está en el pasado, en Medina, la primera ciudad dirigida por el profeta Mahoma. Aquello era perfecto'.

Tan perfecto que el guadalajareño Gutiérrez y el vasco Salaberria me dan un cursillo rápido sobre cómo Arabia Saudí -'país de puritanismo y de banca islámica, que es tan absurdo como decir cerdo islámico o vino islámico'- hace mucho daño al islam al no adoptar, como propone Abdelkader As Sufi al Murabit, la idea del abandono del papel moneda y el regreso al dinar de oro y el dirham de plata. Tras proclamar que 'Alá ha permitido el comercio y prohibido la usura', los almorávides contemporáneos me muestran las monedas en metales nobles que han acuñado en Granada, aunque reconocen que tienen poca circulación. 'Nuestro discurso, y no el de Bin Laden, va directo a la yugular del sistema', suelta Salaberria.

Los Morabitún

Los Morabitún dicen que no les gusta ningún país musulmán de los existentes, excepto Marruecos, que 'mantiene un islam más cercano al original', y cuentan que llevan a sus hijos a su propia escuela coránica. 'Tengo cuatro, y ninguno ha ido jamás a ninguna escuela pública; no voy a entregar a mis hijos al enemigo', dice Gutiérrez. Proclaman que están a favor de que las mujeres se cubran los cabellos -'aunque no la cara'- y de la poligamia. Y antes de despedirme, para que la cosa quede aún más clara, insisten en que Bin Laden y Arafat les parecen 'tan repulsivos como Bush y Sharon'.

¿Qué he sacado en claro? Que los Morabitún tienen una empanada mental, y que es comprensible que gente como Mansur Escudero y Jadicha Candela terminaran dejándoles. En cuanto a la acusación de connivencias fascistas formulada por Tomás Navarro, podría ser. No sería la primera vez que una versión particular del islam se diera la mano con la ultraderecha, llevados ambos de un sentimiento que desborda el campo del antisionismo para entrar en el terreno del antisemitismo.

Hace apenas unos días, en su último número de noviembre, Interviú ha denunciado que José Luis Jerez Riesco, el abogado que consiguió el indulto para Antonio Tejero, un ultra vinculado a Falange, Fuerza Nueva y el Círculo Español de Amigos de Europa, trabajó como asesor jurídico de la Unión de Comunidades Islámicas de España, la rival integrista de la FEERI, en reuniones con representantes de los ministerios de Justicia y Educación. Y la ultraderecha española, señaló el semanario, no tiene reparos en combinar su indeseada asistencia a manifestaciones contra las brutalidades cometidas por Ariel Sharon con su activa presencia en las protestas de Almería por la instalación de un consulado marroquí. Ya se sabe, el extremismo tiene estas incongruencias.

(...) El mundo musulmán tiene poca capacidad de autocrítica. No es cierto que toda la culpa de la frustración y la desesperanza que sustentan el integrismo la tenga Occidente. El islam tiene todavía pendiente la gran asignatura de su reforma, un ejercicio colectivo en el que se pongan al día los elementos más progresistas del espíritu coránico y se archiven los elementos más anacrónicos de la letra coránica. Pero tiene razón Saleh Simón Pérez, el nieto de una anarquista murciana convertido en muladí del Albaicín, cuando asegura que eso sólo puede hacerse desde la libertad o, al menos, desde un principio de libertad. Por eso Occidente sólo ganará esta guerra cuando los palestinos sean libres en su propio Estado y cuando la democracia comience a extenderse por Dar el Islam, la tierra del islam. En este conflicto, eso será el equivalente a la caída del Muro de Berlín.

Política de Estado

A la espera, Europa cuenta ya con unos once millones de musulmanes -más de medio millón de ellos en España-, y Estados Unidos, con unos siete millones. Estos musulmanes están aquí para quedarse y seguir creciendo. No hay vuelta de hoja ni 'limpieza étnica' posibles; sería radicalmente opuesto a nuestros valores y a nuestros intereses. Así que, aunque el Gobierno de Aznar no quiera enterarse, se impone una política de Estado destinada a conseguir la plena integración de los inmigrantes musulmanes en los derechos y deberes de la democracia, que ponga especial acento en su educación en los valores de la igualdad de la mujer, la separación entre religión y política y la renuncia a la violencia como medio de lograr objetivos.

Es un buen punto de referencia. 'España', me dice Mansur Escudero en una conversación telefónica, 'debería asumir que el islam ya forma parte de su cultura y debería apoyar un islam reformista propio, no dejarlo en manos de potencias extranjeras'. Desde la localidad cordobesa de Almodóvar del Río, Escudero dirige su propio colectivo, Junta Islámica y la Webislam.com. Es un psiquiatra con consulta en Córdoba y Almería, cuyo objetivo es que 'un islam dirigido por personas de aquí y que hable la lengua de aquí interprete los textos sagrados y las tradiciones musulmanas desde la modernidad'. Pero Escudero no lo tiene fácil. Hace un año dimitió como presidente de la FEERI, ante 'el acoso de los wahabíes, en connivencia con la Dirección General de Asuntos Religiosos del Gobierno de Aznar'. El detonante fue la campaña en su contra que desencadenó el islam wahabí, con la mezquita madrileña de la M-30 al frente, después de que WebIslam.com denunciara con vigor el libro sobre los maltratos a la mujer del imam extranjero de Fuengirola.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 27 de enero de 2002

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