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Editorial:

Cuentas descosidas

El debate de los Presupuestos del País Vasco para este año, que arrancó con aires de sainete, concluyó provisionalmente ayer en farsa. El Gobierno tripartito considera que dispone ya de un marco legal para funcionar, pese a los 'vacíos' e 'inconcreciones' abiertos en la tramitación parlamentaria. Pero lo cierto es que esas palabras describen mal el desaguisado presupuestario resultante, cuya principal responsabilidad no puede endosar Ibarretxe a una coincidencia antinatural de la oposición (PP, PSE y Batasuna). La tarea prioritaria de un Ejecutivo es asegurarse la gobernabilidad, es decir, la mayoría parlamentaria suficiente para poder sacar adelante sus proyectos. Aferrándose a una lectura errada de su victoria en las elecciones de mayo, Ibarretxe no ha querido hacerlo. Prefirió completar su Gobierno (PNV-EA) con el añadido insuficiente de IU -los tres partidos suman 36 escaños sobre 75- y confiar en que populares y socialistas se aplicaran la restricción de no acordar nada con Batasuna. Por eso presentó el proyecto de Presupuestos sin haber intentado una negociación seria con alguno de los grupos, obviando que si en algún punto cabe una coincidencia técnica entre fuerzas antagónicas es en oponerse a unas cuentas que no les satisfacen por motivos diametralmente opuestos.

Para evitar su rechazo en la votación de las enmiendas de totalidad, los partidos del Gobierno empujaron al presidente de la Cámara, Juan María Atutxa, a una interpretación del reglamento contraria a la costumbre y a la ley, lo que a su vez condujo a otro dislate: que, en protesta por esa cacicada, populares y socialistas bloquearan el Parlamento junto con una fuerza antisistema como Batasuna. El nuevo acto de ayer pone el colofón a la sucesión de desatinos. Convertido en árbitro de la situación, el brazo político de ETA condicionó la aprobación parcial y selectiva de unos presupuestos descosidos y caóticos, que en su integridad no han llegado a ser votados nunca por el pleno de la Cámara y cuya validez legal está en duda. El lehendakari ha cargado las tintas sobre la coincidencia anómala de PP y PSE con Batasuna, pero su empecinamiento en gobernar como si dispusiera de mayoría absoluta es lo que ha activado la capacidad distorsionadora del grupo de Otegi. Ibarretxe ha evitado una nueva prórroga presupuestaria, pero ha sido al precio de aumentar la crispación política e institucional que se vive en Euskadi y de negar en la práctica el diálogo que predica.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 24 de enero de 2002