Miquel Puig pactará con la cúpula de CiU el nuevo director de TV-3

El director general amagó con dimitir si se le imponía un responsable

Convergència i Unió (CiU) ha tirado la toalla y no impondrá un nuevo director de TV-3 para no agravar más si cabe su enfrentamiento con Miquel Puig, director general de la Corporación Catalana de Radio y Televisión (CCRTV). Puig así lo ha pactado con el propio Jordi Pujol tras un amago de dimisión. Las relaciones entre CiU y Puig estaban al borde de la ruptura a causa del trato informativo que TV-3 y algunos programas de entretenimiento dispensan a la coalición y a algunos miembros del Gobierno catalán.

Algunos dirigentes de la coalición ya admiten en privado que se equivocaron al aceptar, hace dos años durante el debate parlamentario sobre el modelo audiovisual catalán, que el director general de la CCRTV fuera consensuado entre los grupos políticos representados en el Consejo de Administración.

Desde el mismo nombramiento de Puig ya se alzaron algunas voces críticas contra el tratamiento informativo, excesivamente plural para su gusto, que TV-3 -no así Catalunya Ràdio- daba a las noticias relacionadas con el Gobierno o con la coalición. Especialmente críticos se muestran con el Telenotícies Vespre, que edita y presenta Carles Francino.

Las informaciones sobre la actuación del Gobierno durante el temporal de nieve de este fin de semana; la apertura de un Telenotícies con el hecho de que el conseller en cap, Artur Mas, se fuera de fiesta a una discoteca la misma noche del viernes, sumado a las continuas parodias del mismo Mas y de Pujol en el programa Set de Nit, han aumentado la impresión entre los nacionalistas de que esta cadena ya no es la suya.

Pero las suspicacias de CiU no se limitan al campo informativo. Una reciente conferencia de Miquel Puig en la que manifestó que Cataluña no necesitaba más autogobierno sino fomentar la exportación de productos industriales y culturales hizo sonar las alarmas en Presidencia porque esta tesis choca con la política gubernamental.

Era la hora de actuar. Convergència i Unió intentó deshacerse de Puig con una propuesta de reforma de la actual ley de la CCRTV que otorgaba al Gobierno catalán la potestad de nombrar al máximo responsable del organismo. Pero sus socios parlamentarios del PP rechazaron apoyar la propuesta.

Una vez aparcada la reforma legislativa, a Miquel Puig no le queda más remedio que cumplir su compromiso y nombrar a un director de TV-3, cargo vacante desde hace poco más de un año.

Los nacionalistas creyeron que había llegado su oportunidad para sujetar las riendas a Puig. Iban a decidir el nombramiento del director de TV-3. Pero el director general de la CCRTV se plantó y amagó con dimitir del cargo si el nuevo responsable de la televisión no era de su agrado o se le encomendaba la misión de ejercer el control sobre los contenidos informativos y de programas.

Para no desencadenar una crisis, Pujol y Puig se han reunido en varias ocasiones para buscar una salida negociada al conflicto. Puig continuará, de momento, al frente de los medios de comunicación de la Generalitat y el nombre del nuevo director de TV-3 saldrá de un pacto con la cúpula de CiU. Fuentes de Presidencia informaron ayer de que no se prevé un relevo inmediato de Puig y que el clima entre Sant Joan Despí y la plaza de Sant Jaume se ha serenado.

Estos días en TV-3 se vive un ambiente de cambios. No sólo por la llegada -no se sabe si a corto o a medio plazo- de un nuevo director, sino también por los cambios que van a producirse en el área de informativos a partir del mes de abril, y que prepara Ramon Rovira, director de este ámbito. La redacción teme que se aproveche la mudanza para desplazar a Carles Francino del Telenotícies Vespre hacia la dirección de un nuevo programa semanal temático, que aborde en profundidad temas de actualidad, y que el propio Rovira se haga cargo del noticiario, posibilidad esta última que han rechazado fuentes conocedoras de los planes del director de informativos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0021, 21 de diciembre de 2001.

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