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Crítica:

Repertorio de intuiciones

El mundo de Bonifacio está hecho de retazos biográficos e intuitivos. Esta amplia exposición muestrael repertorio de espacios, figuras y recursos plásticos que alimentan su pintura.

Frente a la obsesión positivista por describir el mundo y sus elementos con precisión cierta y rigurosa que se aprecia en el trabajo de muchos científicos, el mundo se revela como algo impreciso e inasible que sólo puede ser comprendido desde la subjetividad, tal vez por esto, cuando se contemplan los cuadros de Bonifacio (San Sebastián, 1933) se tiene la sensación de asomarse al mundo, a un mundo que está poblado de criaturas, formas, elementos y colores que, en su imprecisión y caprichosa subjetividad, se ofrece como algo más vivo y más real que aquellos mundos que describen la física, la geografía o la sociología.

El mundo de Bonifacio, aquel que se plasma en sus cuadros, es el resultado de una experiencia vital e intensa, de una peripecia humana en la que se mezclan acontecimientos y pasiones, tales como la tauromaquia, la sexualidad y la amistad. Para ilustrar algunas de estas relaciones entre el arte y su vida, ha sido muy fácil recurrir a la imagen literaria de la temperamentalidad del torero y recordar, como se ha hecho tantas veces, que Bonifacio en su juventud pisó los ruedos y se vistió de luces. Pero me gustaría apartarme de esos tópicos y referirme a las cualidades intrínsecas de su pintura que, aunque se hayan alimentado de esos instantes vividos y de unas pasiones autorrecurrentes, se mantienen por sí mismas. La temperamentalidad artística de Bonifacio se encuentra en el gesto nervioso y cortante de su pincelada, en el uso carnoso y desprejuiciado de los colores, en la composición de escenas desechas, en las que los elementos plásticos establecen relaciones de contigüidad que aportan un gran dinamismo y sensualidad al plano del cuadro.

BONIFACIO

Pintura Galería Antonio Machón Conde de Xiquena, 8. Madrid Hasta el 5 de enero de 2002

En sus obras se diluyen las

formas y los contornos en un espacio que parece fagocitarlas para convertirse en sujeto de la pintura. Lo que convencionalmente se denomina 'fondo' se convierte en sus cuadros en auténticos acontecimientos plásticos gracias al despliegue de una gama de matices en los que se hace evidente el gesto y la potencia de la pincelada.

Se trata de una pintura visceral e intuitiva que, partiendo de un autodidactismo y una acumulación de experiencias vitales, ha ido absorbiendo elementos, imágenes, gestos gráficos y tonalidades cromáticas que, cada vez con mayor claridad, se revelan como rasgos comunes a toda una generación de pintores con los que ha compartido experiencias. Éste es el grupo de artistas que ha definido las características de lo que podríamos llamar la 'pintura española contemporánea'. Ahora, cuando los jóvenes artistas se dejan seducir por los espectáculos de la tecnología, una pintura como la de Bonifacio debe ser contemplada y analizada desde una perspectiva histórica, como parte de un contexto cultural. En este sentido, en los cuadros de Bonifacio podemos rastrear rasgos expresionistas, surrealistas, sensualistas e ingenuistas que resumirían la práctica pictórica de toda una generación de artistas que creyeron en la pintura como arte expresivo y que vivieron intensamente la acción de pintar.

Como si pretendiera hacer inventario de actitudes y temas, Bonifacio muestra en esta exposición una enorme cantidad de cuadros que despliegan, como en una galería barroca, todo el repertorio de espacios, figuras y recursos plásticos de los que se ha alimentado su pintura. Un intenso trabajo en el que se resumen sus intuiciones e ilusiones, en el que se extienden los hallazgos y las pasiones de una vida dedicada a describir el mundo, es decir, a pintar cuadros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 22 de diciembre de 2001