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Crónica:FÚTBOL | 17ª jornada de Liga

El Celta se diviertea costa del Zaragoza

El cuadro vigués continúa viendo puerta con facilidad y el de Rojo se resigna a su suerte

La apasionada relación con el gol del Celta le mantiene en la parte alta de la tabla, por más que a veces se empeñe en derrochar su ventaja con vacíos mentales que ya le han costado más de un disgusto. Ayer le hubiera supuesto otro de haber estado el Zaragoza por la labor, pero el equipo de Rojo se entregó a su suerte con incomprensible resignación.

Sólo cabe reprocharle al cuadro de Víctor Fernández su incapacidad para marcar el ritmo, lo que no es precisamente nuevo. Conoce los secretos del ataque, pero cuando le toca suavizar el ritmo, y le toca hacerlo muchas veces, se mete irreversiblemente en problemas. Su mejor jugador fue ayer Vagner, recuperado para el equipo tras muchos meses entre tinieblas, aunque su aportación ofensiva se vea contrarrestada por el desconocimiento de la pausa.

CELTA 2| ZARAGOZA 0

Celta: Cavallero; Coira, Cáceres, Yago, Juanfran; Luccin, Vagner (Doriva, min. 81); Edu, Mostovoi, Jesuli (Sylvinho, m. 86); y Catanha (Gustavo López, m. 66). Zaragoza: Juanmi; Pablo, Sundgren, Paco, Esquerdinha; Aragón (Marcos Vales, m. 69), Acuña; Galleti, Chainho, Vellisca (Corona, m. 69); y Yordi. Goles: 1-0. M. 5. Catanha aprovecha un balón rechazado por Juanmi. 2-0. M. 80. Mostovoi saca una falta y Gustavo López anota de fuerte disparo. Árbitro: Megía Dávila. Amonestó a Vagner, Luccin, Sylvinho, Aragón, Esquerdinha, Sundgren y Paco. Unos 20.000 espectadores en Balaídos.

Entregado al ataque, el Celta tuvo unos primeros veinticinco minutos que bien cabe considerar como sensacionales. Arrancó con el tanto de Catanha, al que siguieron momentos que Balaídos agradeció. A partir de ese minuto 25, el conjunto de Víctor Fernández se evadió del campo, pero su lugar no lo ocupó el Zaragoza, que ni con dos goles en contra reclamó el protagonismo del partido.

Todo, lo bueno y lo malo, lo puso el Celta, que comprobó el talento de Catanha para aprovechar cualquier desperdicio del área y la recuperación para la causa de Gustavo López, que volvió al equipo con un gol fantástico.

Ese segundo tanto provocó una nueva oleada de ocasiones célticas en el área de Juanmi y la capitulación incondicional del Zaragoza, incapaz de frenar el paseo de su rival. Se comprobó que la distancia entre uno y otro equipo es sideral, lo que no hace sino reabrir la dolorosa herida de la última final de Copa, en la que el Celta se quedó sin premio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 17 de diciembre de 2001