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Reportaje:

El arte duerme en el hotel

La feria New Art abre hoy en el Barceló-Sants una nueva etapa en la que priman las intervenciones artísticas

El arte vuelve a dormir en un hotel. Y en esta ocasión lo hará de forma amplia y confortable. La sexta edición de New Art, la feria de arte contemporáneo que desde hoy y hasta el próximo domingo abre sus puertas en 40 habitaciones de la primera planta del Hotel Barceló-Sants (entrada a 800 pesetas), estrena este año una nueva normativa -no puede haber más de dos artistas por habitación- que ha propiciado un trabajo mucho más personal y específico. La apuesta de este año era que las galerías cedieran la responsabilidad a los artistas.

Algunos han afrontado el reto con un crítico sentido del humor y de la ironía. En la habitación 102 de la galería Berini, la artista canadiense Dana Wyse ha introducido a una figura en la cama. Su presencia inquieta, más aún por cuanto la mesita de noche está llena de cajas de barbitúricos. Pero las medicinas de Wyse no son las convencionales. Su obra a la venta consiste en pequeñas dosis de píldoras que curan la falta de entendimiento con la madre, que consiguen que los hijos sean heterosexuales o simplemente alteran la piel a los que desean ser negros. También en un display encontramos un frasco donde se nos asegura que el producto en cuestión es esperma de Gorbachov. Cierto sentido del humor también han mostrado los miembros del centro de producción artística Hangar. Sin romper las normas de la convocatoria, han conseguido incluir a una docena de artistas. Y lo han hecho de manera singular, ya que la pieza colectiva que presentan es un vídeo que se grabó antes de la inauguración, en una fiesta que celebraron los artistas en la misma habitación del hotel.

Algunos artistas han afrontado el reto con un crítico sentido del humor y de la ironía

También han optado por una obra realizada en el mismo hotel por Victoria Bermejo y Chema Alvargonzález, que han fotografiado a todos aquellos que han visitado su montaje. Los dos se han sumergido en el entorno del hotel y han construido una especie de mapa que une arte, amistad y mercado. Todo ello se presenta en la habitación de Carlos Taché.

La intervención de Tito Andreu en la habitación 106, de la galería María José Castellví, ha conseguido transformar totalmente el espacio. La habitación se ha convertido en un auténtico teatro barroco. La galería Safia, con la obra de Nico Nubiola, recrea una alegoría: la del antiguo nómada convertido ahora en un viajante de negocios. Y la galería Aukan ha convertido una habitación al estilo occidental en un dormitorio auténticamente japonés. En la galería Sicart también se alude a otras formas de dormir. Gemma Farran ha instalado una tienda de campaña y Anna Bordonada se mira al espejo en el baño.

La galería Ferran Cano ha apostado por Mateo Maté, que pasó unas noches en el hotel para dejar el rastro de su presencia. El artista ha instalado unos trenes eléctricos que transportan una microcámara de vídeo que recoge en imágenes nuevas perspectivas de la habitación y el baño. Las sábanas de la cama se convierten gracias a esta singular perspectiva en oscuros túneles que dejan paso a nevadas montañas. Maté ha creado un espacio que parece transportado de una realidad lejana y diferente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 14 de diciembre de 2001