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Tribuna:

'Perquè volen'

Leo en EL PAÍS del sábado 3 de noviembre: 'La compañía Teatre de Ciutat se disuelve por asfixia presupuestaria'. Algunas semanas antes General Elèctrica d'Espectacles había hecho tres cuartos de lo mismo. Y no es de extrañar, ya que ambas compañías habían cometido idéntica osadía: intentar aupar la cultura contemporánea hasta el escenario y además hacerlo por libre, cosa perfectamente penada en estos pagos. Y es una lástima: sería deseable que los enormes cargueros institucionales y privados no impidiesen la plácida navegación y supervivencia de las pequeñas embarcaciones que han decidido navegar a vela o a remo, en paralelo al discurso oficial.

Pep Tosar, líder de Teatre de Ciutat, empresa teatral registrada en Mallorca, declaraba en el citado artículo que si bien su compañía ya había sido suficientemente dañada por la pica, las banderillas y el exceso de pases a cargo de las diversas instituciones catalanas y baleares, la puntilla final se la habían propinado al no incluir su espectáculo Revés, sobre textos de Antonio Tabucchi, como representante balear en el Projecte Alcover, plataforma que favorece la itinerancia de espectáculos en catalán por las tres comunidades autónomas que comparten esta lengua.

'¿Con qué criterios se fijan las programaciones municipales, pensando en el público o en la necesidad de llenar?'

Esto sucedía a mediados de octubre en la VI Fira de Teatre de Manacor, en la que diversos espectáculos baleares aspiraban a la selección. Yo estaba allí. Resultó ganador Perquè vull, de Gom Teatre, espectáculo basado en textos de Ovidi Montllor, dirigido por el catalán Frederic Roda y producido por Toni Pastor, del País Valenciano. ¿Qué mejor para llevarse el gato al agua que una producción trilateral, capitaneada en cada uno de sus flancos por personas directamente vinculadas al Projecte Alcover ya desde sus inicios, y encima con la memoria del alcoyano Montllor legitimando el proyecto? Como decía el bueno de Ovidi en una de sus canciones, 'la jugada era perfecta'.

O casi. El único inconveniente es que los resultados escénicos no estuvieron a la altura del excelente ejercicio de ingeniería endogámico-patriótica, y el trabajo de los actores muy probablemente no hubiera superado las pruebas de acceso al Institut del Teatre, opinión generalizada en el vestíbulo la noche del estreno. Dirigir el Teatre Principal de Palma, como es el caso de Joan Gomila, componente de la compañía, no implica forzosamente el conocimiento del oficio de actor. Tampoco su compañero Jaume Gomila ofreció en escena los mínimos exigibles a un profesional. En el teatro balear la frontera entre aficionado y profesional es aún demasiado tenue.

Según testigos presenciales, la discusión fue reñida. Si bien los programadores valencianos quedaron encantados por motivos obvios (la terreta), más de uno de los catalanes tuvo serios reparos, pudiendo optar por Revés, espectáculo con un buen fajo de excelentes críticas en su haber, en tener que hacerlo por aquel otro trabajo demasiado cercano a la galaxia amateur. Sólo hizo falta una vaga manipulación de Toni Pastor -coordinador del Projecte Alcover y productor de Perquè vull, es decir, arte y parte a la vez- recordando a los presentes unas antiguas declaraciones del díscolo Tosar, en las que criticaba la filosofía del proyecto, para que el asunto quedase zanjado en contra suya.

Finalmente se optó por una tercera vía, dando oportunidad a los programadores que no aceptaban incluir en sus temporadas el montaje sobre Ovidi a poder contratar Memòria d'en Julià, espectáculo de Iguana Teatre, compañía de la que Carles Molinet, cofundador del Alcover junto con Roda y Pastor, es director gerente. 'Nada más lindo que la familia unida', como cantaban los payasos de la tele. Ésta es la anécdota. La cuestión sería: ¿con qué criterios se establecen las programaciones escénicas municipales, atendiendo a los heterogéneos gustos de la ciudadanía o sólo al imperativo del concejal de turno de llenar a cualquier precio las salas de teatro? ¿Por qué, a pesar de las campañas de sensibilización de la Diputación de Barcelona, la inmensa mayoría de los programadores locales siguen enrocándose en el producto de éxito seguro? ¿Por qué grandes trabajos de pequeño formato nacidos en salas alternativas y celebrados unánimemente por crítica, público y profesión no logran ser vistos -y, en consecuencia, amortizados- fuera de Barcelona? Sólo hay una respuestas. Perquè volen. Y nadie hace nada para impedirlo.

Descansen en paz General Elèctrica d'Espectacles y Teatre de Ciutat.

Joan Ollé es director del Espai Lliure.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 16 de noviembre de 2001